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Haz que valga la pena contarlo: Google’s “Parisian Love”

En plena batalla publicitaria de la Super Bowl (edición XLIV), storytelling conceptual del fino.

Los amigos de Google llegan al mundo del spot por la puerta grande.

Relevancia, sintonía con los usuarios y emotividad a cada paso:

Por lo que leo, ellos se lo han guisado en su agencia in-house. Y les ha salido rico, rico.

Vía el CSI de mi amigo Jaime.

Haz que valga la pena contarlo: Coca-Cola’s “Happiness Machine”

¿Original? No demasiado. Seguro que habremos visto algo parecido en (buenos) programas de cámara oculta.

Pero es más importante que resulta brillante, auténtico, sorprendente, alegre, bien intencionado, bien planteado, bien diseñado, bien ejecutado y muy compartible:

Coca-Cola sigue y seguirá siendo Coca-Cola, y con el muy fragmentado entorno actual (probablemente) no veremos existir otra marca como ella. Una marca que sea tanto para tantos.

Nunca se ha conformado o asentado en su tremenda e incontestable herencia y posición, sino que siempre busca, desea, exige innovar, ir ese paso más allá en sus propuestas, siempre fiel a simbolizar su conceptual “Alegría” generosa y multifacética, siempre auténtica en sus historias.

La originalidad es fundamental y necesaria para avanzar, sin duda, pero solemos sobrevalorarla en comunicación (no así en otros campos, ojo). Todo fue original en algún momento, pero el tiempo y las ideas vuelan cada día más rápido, alimentando un constante ciclo de recombinación cultural.

Es la autenticidad respecto a lo que uno representa y ofrece lo que genera y afianza el vínculo más sólido en las relaciones entre personas, y entre personas y marcas.

Convierte algo interesante, curioso o llamativo (viralidad) en algo significativo que merece la pena contar (propagación).

Vía Walter Naeslund, marketiniano digital sueco a quien vale tener presente en vuestros feeds.

Volvamos a contar historias

When people told themselves their past with stories,

explained their present with stories,

and foretold their future with stories,

the best place by the fire was kept for…

The Storyteller”

- Intro del mítico “El Cuentacuentos“, obra del inolvidable y genial Jim Henson -

Tiene más sentido que nunca el hablar de la información ubícua, del auge del consumidor crítico, analítico, receloso, racional e interconectado (gracias a la web social). Pero no es menos cierto, sino tal vez más, que las personas, los consumidores, siguen y seguirán necesitando que aquello que les hacemos llegar les interese, motive, emocione, implique, divierta, seduzca, sorprenda, incite a hablar de ello, que les haga soñar con cómo se sentirán, quiénes serán, qué obtendrán, y qué pensarán los demás una vez tengan aquello que les ofrecemos en sus manos.

Como decía Paul Feldwick: “Apuntemos al corazón, no a la cabeza”.

Y hagámoslo con creatividad, con buenas historias. Nuestra atención clama por ellas, especialmente cuanto menos tiempos tenemos y más se acelera nuestro ritmo de vida.

Las crisis vienen y van, las exigencias se adaptan, los formatos cambian y las tecnologías evolucionan, pero, abranzando el contexto, no perdamos ni desterremos aún más aquello que mejor sabemos hacer.

“The Man from Earth”, storytelling en estado puro

Muchas marcas sueñan con lograr lo que un amigo puede conseguir con una simple frase de recomendación: que hagas, veas, pruebes o compres algo con determinación y convencimiento, a la par que con curiosidad e ilusión.

Esa vertiente tan especial y difícil de obtener del marketing, el tan traído y deseado Word of Mouth Marketing, no es sino el clásico “boca a boca”, o “boca oreja”, que tiene sus auténticas, efectivas y extensivas raíces tanto en la confianza, influencia, experiencias o conocimiento mutuo desarrollado entre los hablantes, como en la sintonía, relevancia y tendencias que configuran el contexto de la conversación.

Hace unos días charlaba con uno de mis grandes amigos, Oriol. Co-inspirador de este blog, profesor de la UB, tipo de formidable sentido del humor, viva y multidisciplinar inteligencia y admirable y viajada cultura.

Él fue la primera persona con quien, siendo aún unos mocosos que bien poco sabíamos de la realidad, compartí una incipiente afición por el género fantástico, que hemos ido puliendo y ampliando con el devenir de las décadas, los autores, los directores, los dibujantes, los anillos para gobernarlos a todos, las trilogías a bordo del Halcón Milenario, los largos abrigos y las ráfagas en “bullet time”, los viajes allí donde nunca antes ha estado nadie, llegando más allá de la puerta de Tannhäuser, donde los rayos C brillan en la oscuridad…

Susodicha conversación, no podía ser de otro modo, nos llevó a tratar las últimas cintas que habíamos visto. Y, con urgencia y brevedad, pero con seductor énfasis, haciendo que fuese yo quien quisiera comprar la idea, no él vendérmela, me incitó a visionar “The Man from Earth“.

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Y, cómo no, tan pronto llegué a casa usé de la solidaridad y difusión en la Red, y la bajé (de hecho, desde aquí mismo).

Al cabo de unas pocas horas había sido testigo de la construcción de una las mejores historias que me han narrado, y he gozado, en años:

Un grupo de profesores de universidad, expertos en sus disciplinas, se reúnen en casa de uno de ellos para despedirle, pues ha decidido mudarse a otro lugar. La charla, cordial y emotiva, se vuelve un remolino de sorpresa, descrédito, controversia, curiosidad, interés, afán de conocimiento y preguntas cuando el anfitrión, John Oldman, les plantea la siguiente situación: ¿Qué ocurriría si él llevase vivo 14.000 años?

La película es de 2007, con guión del ingenioso, y ya difunto, Jerome Bixby. Está rodada en formato casi teatral. Una casa rural y su porche son los escenarios predominantes. Una iluminación natural, unos notables actores (conocidos pero no “mainstream“) y una apasionante conversación como único combustible para que, a lo largo de sus absorbentes 87 minutos de metraje, nuestra imaginación decida si estamos del lado de los que creen en la asombrosa, genial e inolvidable historia que John nos relata, o de quienes dudan y se molestan ante lo que bien podría ser una enorme, desconsiderada y egoista tomadura de pelo.

Pocas veces, en pantalla, he sido testigo de un ejercicio de storytelling puro y esencial tan memorable, mágico y logrado. Sin artificios ni efectos de ningún tipo, aunque con gran lujo de detalles, planos y cuidado, Richard Schenkman nos ofrece la que bien podría ser, en breve, una de tus cintas de culto preferidas, aupándose al Olimpo en que guardas Donnie Darko y compañía.

Aquí tienes su entrada en la Wikipedia (que NO recomiendo leer hasta después de haberla visto, pues desvela todas las intrigas), y el trailer oficial, en inglés, como el resto de la cinta.

Si una vez descargada y disfrutada, no te gusta, sino que te encanta, recomiéndala a quienes aprecies, y cómprala en el formato que prefieras. Tu videoteca lo merece.

En tiempos de crisis, cuéntales tu historia

En el principio de los tiempos (o sea, hace cuatro días), antes del LibroCara, de los miles de twits por segundo, de LinkedIn, de los blogs, del iPhone 3GS, de Infojobs, o incluso de la imprescindible Red de Redes, la gente también buscaba oportunidades, empleo o negocios, y se tiraba de contactos a mansalva (el tan actual y supercool Networking).

La tribu, la familia, los vínculos personales directos, las personas con las que habíamos tratado, interactuado, a quienes habíamos ayudado, enriquecido, seducido o dejado buena impresión eran el principal camino que podía aportarnos una posible o rápida plataforma laboral o de negocios mediante sus propios lazos sociales.

Impactar a quienes pudieran ejercer (aunque no siempre accediesen) de apoyo para llegar a aquellos que quisiéramos que nos necesitasen (aunque aún no supiesen lo útiles que les seríamos).

Fuese para jugar a nuestro favor, fuese para jugar en ayuda de otros, ligar el momento, contexto, tempo y clima adecuados para ello era tan importante como las ideas, el talento o los proyectos que se pretendiesen destacar y relatar en ese mensaje.

Hoy día todo ello no ha dejado de ser esencial para lograr la atención de un contacto, pero con un entorno 2.0 muy implantado, ya casi no reparamos en la gran ventaja que el mundo digital ha aportado a esa vertiente de personal branding: la capacidad de mostrarnos y aumentar los puntos de contacto a gran velocidad y de modo exponencial (aún a riesgo de perder algo de significado en según qué ocasiones) si alineamos empeño, interés, constancia, autenticidad y creatividad en ello.

Además, lo que la tecnología no ha cambiado (aún) un ápice es la esencia humana. Por ello, para que nuestro mensaje condense los conceptos necesarios que nos beneficien, que faciliten que se nos recuerde y posicione donde y como queremos, sigue siendo fundamental saber contar la propia historia (y hacerlo sin miedo).

Un relato (honesto o no, es decisión personal) atractivo y que transmita, con personalidad propia, quiénes somos, qué sabemos, qué aportamos, cuáles son nuestras circunstancias, motivaciones, proyectos y metas, y por qué alguien debería confiarnos su trabajo, su capital, su marca, sus bienes o sus ilusiones, esperando, obviamente, que los mejoremos, renovemos, difundamos, rentabilicemos, incrementemos o hagamos realidad.

Al auspicio de la crisis, de entre las últimas propuestas publicitarias que he visto nacer en blogs, redes sociales y demás, y que apela a ese networking, tanto digital como del Mundo Real™, quiero destacar la honestidad, estilo, tono y fondo con la que Jaime Barber (alias James Bernbach, creador del estupendo y amigo CSI) elige contarnos una historia en su nueva habitación digital.

Sufriendo en silencio no es sino un interesante, sincero, humilde a la vez que inspirador, elegante y directo ejemplo de lo que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, profesionales están viviendo hace bastante tiempo en su búsqueda, no sólo ya de un tan escaso puesto mileurista, sino de una oportunidad en la que desarrollar aquello para lo que mejor capacitados se sienten.

Jaime, demostrando una muy actual inteligencia estratégica, entiende lo imprescindible de la coopetición, por ello nos invita a unirnos, compartir y superar su causa, nuestra causa, y desde su rincón procura difundir otras historias afines.

No se trata sólo de un ejemplo de ser “creativo” por serlo, sino de una iniciativa que demuestra la orientación a vender multimediamente una historia personal, y su talento añadido, como un producto memorable que algún publicitario o marketiniano avispado, su público principal, deseará conocer y adquirir, o incluso complementar, creando un nuevo proyecto colaborativo.

Bien sea por la imperante escasez de puestos, de empleadores, de financiación, de presupuestos, de clientes, de paciencia, de ideas innovadoras, de resultados, de ganas o de oídos receptivos, muchas personas están decidiendo o aprendiendo, de nuevo o por primera vez en sus carreras, los múltiples modos y la importancia de dejarse ver y saberse vender (así en la Tierra como en la Red).

Crearse las propias oportunidades no es en absoluto sencillo. No está exento de riesgos, desengaños y equivocaciones. Tal vez no surjan cuando lo necesitamos, tal vez sí. Tal vez estén donde no esperamos.

Pero sin intentarlo, sin buscarlas y fomentarlas, apoyados en una cierta piel de piedra para soportar los vaivenes, y sumando razón y emoción en un mismo plan, como nos demuestran el entusiasmo, ingenio, esperanza y perseverancia de Jaime, jamás conoceremos cuál puede ser el camino adecuado para lograrlas.

Si has leído esto y también necesitas contar tu historia, ya tienes un ejemplo donde inspirarte.

Aquabona opta por la honestidad

Y la inmediata pregunta que surge es ¿nos seduce, vende, atrae o convence la Honestidad?

Decía el genial Groucho Marx que “El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio. Si puedes simular eso, lo has conseguido”.

Aún así, dejando a un lado el práctico cinismo, no sé cuán efectiva será la campaña pero me gusta, va conmigo. Además, el anuncio en sí es una magnífica pieza.

Éste no suele ser un mundo honesto. Y no me refiero al de la publicidad, sino al Mundo Real™. Las personas no tendemos a elegir la transparencia y honestidad como valores principales de nuestro comportamiento característico, ni tampoco estamos siempre preparados o dispuestos a recibirlas.

De hecho, tal vez sea porque de tanto desgastarlas, de timarnos o mentirnos unos a otros y convertirlo en algo aceptable, de aprovecharnos socialmente de esas cualidades, han perdido credibilidad, y ahora parecen… paradójicamente, poco honestas. Aportando así, en principio, menos encanto, persuasión, ilusión o facilidad de aceptación a un mensaje o a una persona.

Es obvio reconocer que hay cualidades percibidas, y socialmente aceptadas, como más útiles y más rentables en la era de la atención saturada, del primer y único impacto, de la “fama rápida” aspiracional y del “corto plazo” empresarial.  No creo que tardéis muchos segundos en pensar unas cuantas.

Y yo, sin embargo, sí creo que son necesarias más marcas, en más sectores, y más empresas y personas, que sean capaces de abrazar esa actitud e integrarla dentro de su identidad, comunicando así una imagen que permita, de nuevo, apreciar lo que eso aporta.

No es sólo que sea un momento propicio y necesario, contextualizado en la dichosa y desgastadora crisis, sino que a veces nos olvidamos de que también se pueden contar sorprendentes, memorables, relevantes y emotivas historias recurriendo a la honestidad, sin necesidad de renunciar a la capacidad de ilusionar o de ser muy persuasivos. Dependerá, como casi siempre, del público al que pretendamos dirigirnos.

Es relativamente accesible “usar” de la honestidad en una campaña. Lo hemos visto en numerosas, grandilocuentes y discontinuas ocasiones. Pero decidir y saber reflejar externamente un modo honesto de hacer las cosas y de entender los negocios internamente, es ahí, considero, donde radica la dificultad primordial, pues siguen siendo escasos los ejemplos.

No será fácil y no valdrá, según su sector o situación, para cualquier marca. Pero los avances, en mi opinión, merecen destacarse.

The Coca-Cola Company, que tiene sobrada experiencia y se ha curtido en otras batallas y pifias acuáticas, y está apoyada por los insights y la estupenda creatividad de McCann Erickson, ha elegido comunicar con ese tono y actitud para aportar notoriedad e ir reposicionando su marca de agua mineral embotellada en España.

Una marca que ya llevaba tiempo en nuestro mercado, pero que se hallaba en un limbo de carencia de personalidad bastante evidente (y por tanto capacidad de conexión íntima con el consumidor).

Si House es “brutalmente honesto”, si Method (marca por la que tengo gran simpatía) aporta una “honesta limpieza del hogar”, si Dove apoya una “belleza honesta”, Aquabona decide ahora mostrarse “amigable y coherentemente honesta”.

Tenemos sitio para más.

¿Hay alguna marca que valoréis por su honestidad, además de apreciar sus productos/servicios? (lo contrario sería comercialmente suicida, y una estupidez estratégica por parte de la empresa)

¿Quién será, o podría ser, la siguiente marca que decida presentarse honestamente?

Comprender para relatar con eficacia

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Toda interpretación, para producir comprensión, debe ya tener comprendido lo que va a interpretar.”

- Martin Heidegger – (acerca de la hermenéutica)

Vivimos una época acelerada, en la que las gentes de marketing y, especialmente, de publicidad y relaciones públicas tenemos como principal aspiración y objetivo el saber definir y contar las historias que las marcas representan y significan, o buscan significar, para sus consumidores.

En un mercado de elevada igualdad práctica entre productos, la marca tiende a ser el principal diferenciador, informador, garante, satisfactor y dinamizador emocional en la batalla por lograr preferencia de compra/uso.

Ello supone el reto de aportar historias sólidas, coherentes, creíbles pero sorprendentes, que conlleven un estimulo directo a la emoción y/o razón del consumidor que le motive a entablar relación con la marca.

Pero, entre prisas y presiones por lograrlo, a veces, unos u otros olvidamos lo fundamental de llegar a conocer y comprender a fondo aquello que servirá de materia prima para elabora nuestra comunicación.

Lo necesario variará según los objetivos y necesidades de cada caso:

La naturaleza y cualidades de la empresa, del producto, del público, del posicionamiento histórico, del entorno y contexto, del proceso de investigación y desarrollo, del proceso de venta, de la competencia…

Todo ello supone mucho tiempo, interés, talento, recursos y esfuerzo aplicados. El comunicador debe lograr, o al menos intentar, implicar y motivar al cliente más allá de encargar, pagar y esperar resultados. Extraer de él cuanto sea y considere necesario para poder, de ahí, acabar sintetizando aquello que entiende será más relevante para su público.

De otro modo, si al cliente no se le muestra, o no colabora, o no acepta esa vía más eficaz del proceso, nos encontramos con resultados forzosamente acelerados, mal planteados o fundados, o que ofrecen visiones y argumentos contradictorios entre sí. Lo cual se traduce en obras mediocres, útiles tal vez, pero poco relevantes, que a medio plazo podrán confundir al consumidor, o devaluar la historia de la marca y su propuesta.

Casi todos los pájaros ofrecen a sus crías, ávidas de alimento, aquella comida que primero han obtenido y semi-digerido ellos, para hacerla más fácil y rápida de asimilar.

No podemos interpretar, con el objetivo de que el mensaje sea eficazmente comprendido y provoque la reacción deseada, si nosotros mismos no hemos podido ejercer una previa y eficiente comprensión de los hechos, o no se nos ha permitido obtenerla en las condiciones adecuadas.

Defender esa necesidad de tiempo, recursos, información e implicación es tan derecho y obligación nuestras como el acabar ofreciendo una creatividad y soluciones a la altura de todo lo obtenido.

Sin marketing, pero con marketing

La historia que nos cuenta Luis Villa en su “Grancomo“, empieza con esta rotunda declaración de Robert Stephens:

“El marketing es la tasa que pagas por no ser extraordinario.”

Y, sin embargo, todo lo que Luis destaca que Stephens realizó en la búsqueda, conceptualización, y desarrollo de su servicio, el Geek Squad, es muestra de algunos de los mejores insights de marketing que podemos plantear.

Sabemos que el mejor marketing empieza, o debería, por contar con un producto o servicio verdaderamente destacado, innovador, útil, memorable. Extraordinario a ser posible.

El consumidor está cansado. Su dinero, cada vez más disputado. Vive en un mercado saturado de ruido, donde parte de cuanto reclama su atención no le ofrece diferencias que le seduzcan. Espera y merece que superen sus expectativas.

Así, en ocasiones, llega a conocer, valorar y confiar en la excelencia y la historia de marcas como el mencionado Geek Squad.

Por eso una marca que aspire a todo debe tener ese algo diferencial, capaz de representar su relato y promesa con garantías. Capaz de generar, por sí mismo, valor, prestigio, de atraer y retener talento en su desarrollo, y de generar una base de consumidores dispuestos a apoyar y otorgar su confianza y atención.

En algún momento, la marca podrá incorporar a agencias o equipos de comunicadores para desarrollar una estrategia que permita hacer llegar, con creatividad, su historia, su presencia, su oferta, su personalidad y estilo a más posibles usuarios o consumidores, o bien reforzar la confianza y estima de quienes ya lo son.

También es cierto que, como alegaba Stephens, la mediocridad existe en parte de la oferta del mercado,  y que suele provenir de un mala concepción en origen. Por ello, a veces, se invierte en hacer seductora e interesante esa mediocridad, para así conectar con un público que, de otro modo, podría no tener en cuenta a la marca, y no permitir que crezca o mejore.

Es una decisión muy importante, que puede causar muchas decepciones, y costar aún más a medio plazo, si sólo se busca el beneficio inmediato.

Robert Stephens, en su apuesta por crear algo único, y evitar lo negativo de lo que él concebía como “marketing”, ha acabado obteniendo una de las mejores promociones posibles, el word of mouth (positivo). Aquella que transmiten los propios clientes y trabajadores satisfechos, los proveedores bien tratados, los admiradores y la propia industria. La que genera valor añadido, que cuenta una historia sorprendente, pero que el consumidor ve que es cierta, que está respaldada por unos hechos, cultura, procesos, ideas y talento al servicio de un proyecto.

La mentalidad de marketing global ayuda a plantear productos y servicios extraordinarios, y el promocionarlos permite que más personas los descubran, los consideren y, tal vez, los prueben.

Idealización, autenticidad y vagancia mental

Idealización -> Idealizar:

1. tr. Elevar las cosas sobre la realidad sensible por medio de la inteligencia o la fantasía

O también, aquello que los publicitarios creamos en nuestras historias, en respuesta a la realidad que buscamos reflejar, para presentar en la mejor forma posible el producto o marca a su público. Sea esta forma la belleza o el atractivo por doquier, el hiperrealismo (la perfecta cutrez cotidiana) o la pseudo ciencia de las animaciones digitales mostrando virtudes y efectos de cosméticos o productos de limpieza.

Se construyen ilusiones estéticas y argumentales para que, de algún modo, satisfagan, seduzcan, informen, eduquen, motiven o hagan feliz a quien consuma la marca, sea por las expectativas previas, sea por el resultado, sea por el proceso integral.

Ejemplo reciente: Anuncio de T-Mobile (que ya comenté), en el que se logra elevar una flashmob a la categoría de perfecta coreografía de musical. ¿Eficaz para la marca? Probablemente ¿Concepto original? No del todo ¿Ejecución del spot y planteamiento de marca memorables (y virales)? Absolutamente.



Autenticidad -> Auténtico:

1. adj. Acreditado de cierto y positivo por los caracteres, requisitos o circunstancias que en ello concurren.

2. adj. coloq. Honrado, fiel a sus orígenes y convicciones.

La gente, cuando actúa, se relaciona y vive según sus convicciones, instintos, emociones, ideas de modo sincero y natural, busca ser, sentirse, auténtica. Y lo auténtico suele ser algo caótico, emotivo, impulsivo y reactivo, no siempre mostrándose ideal, bonito, controlado, minuciosamente planificado o perfecto al detalle (aunque haya excepciones).

Pero de un modo u otro, el resultado puede llegar a ser inspirador, llamativo, admirable y contagioso. Por eso el público valora, consume y prefiere las marcas que logran ser, o mostrarse, auténticas en sus categorías. Mediante su compra y uso les ayudan a indicar a los demás que ellos también lo son.

En otras ocasiones, esas mismas gentes procuran recordarnos que estaban primero, y que aunque nos regalen ideas (a los publicitarios, cineastas, periodistas, escritores, artistas…), ellos pueden hacerlo “aún mejor, más intenso, más auténtico”. Por algo son Prosumers.

Ejemplo reciente: La multitud se organiza a través de Facebook, miles, y se concentra en la estación de Liverpool, donde se rodó el mencionado anuncio. La belleza plástica se pierde o difumina al fundirse entre el gentío, pero impresiona y es auténtico por eso mismo.

Vagancia:

2. f. Pereza y falta de ganas de hacer algo.

Cuando el ingenio publicitario se ve abrumado por la presión, o falto de tiempo, presupuesto e inspiración propia, siempre puede recurrir a la ajena. El talento imita, los genios roban, ¿no?

Los resultados, así, llegan a ser diversos. Tan diversos como las fuentes de donde se tome, y la sabiduría con la que se elija, aplique y se ejecute lo tomado.

Pero si hasta en eso se tiende a la vagancia mental, se convierte en una costumbre peligrosa, que puede empobrecer el potencial y reconocimiento creativo e innovador de una agencia a medio plazo, y que la somete a la crítica abierta de la propia profesión.

Acuerdos económicos, exigencias, plazos, público y objetivos marcan los límites y necesidades en los que deben moverse los estrategas y creativos. Sin lugar a duda no es tarea sencilla.

Aún así, optar por la vagancia mental seguirá resultando útil y eficaz mientras se muestre rentable a nivel negocio. Pero creativamente se reconoce, como mínimo, una elección cuestionable.

Ejemplo reciente: La cadena de ópticas Alain Afflelou comunica su marca, aparentemente en perpetua promoción, recurriendo al propio Alain como elemento de autenticidad. El tono alegre, musical y dinámico de sus anuncios no es muy original, ni las propuestas son creativamente destacables, pero seguramente son acordes al objetivo de notoriedad y penetración de mercado (ventas).

En su más reciente anuncio, el de la promo Next Year, tenemos un decepcionante ejemplo de vagancia mental mal encaminada.

Imitar el estilo de la pieza de Saatchi & Saatchi para “T-Mobile”, sin plantearle un contexto al espectador, sin darle un sentido a las acciones en pantalla, sin que la historia contada esté enfocada a reforzar una idea  (“Life’s for sharing” es el fin del spot inglés), no aporta nada interesante a la comunicación general, y aún menos a la marca en particular.