Sé de sobra que a unos gustará más, a otro menos, y a otros rien de rien; pero si algo nunca se le puede negar a Don Arturo es su autenticidad y la firmeza, y agudeza, de su singular punto de vista.
Blanca Berasategui, directora de El Cultural (revista del El Mundo), entrevista al escritor, que aborda su nuevo libro “El Asedio” (líder de ventas antes de ponerse en circulación). Éste, además, y fiel a su estilo, también comenta el conflicto histórico-socio-cultural y los errores de actitud que, desde su perspectiva, afectan a esta España nuestra desde tiempos ha.
Para quienes este próximo 14 de febrero, domingo, día de fútbol por excelencia, deseéis felicitar San Valentín a vuestra pareja de un modo más auténtico y potente, y menos cursi, que con las habituales postales/videos con corazoncicos y similares, Puma (y su agencia Droga5) nos ofrece hacerlo regalando esta perla de emotividad concentrada. (Muy en la línea de la memorable “The Football Factory“)
En el video se ha contado con la participación de cantantes futboleros y con auténticos aficionados del Tottenham, cosa que daría para otro post de análisis sobre la magnífica jugada por parte de la marca del felino. Engagement del bueno apoyado en los vínculos más profundos de su público (especialmente el de UK, claro está).
Como bien dice uno de ellos, Ian Seale, para muchos el Amor = Fútbol. Y qué mejor que demostrarlo con tal exhibición/declaración de sentimiento y camaradería hooligan.
PD: Y si lo vuestro es más el poderoso y muy honorable juego del Rugby, también nos dan la posibilidad de felicitar con un toque tierno, inspirado en la iconicidad del gran Chabal.
Interesante y divertido análisis/reflexión de Daniel Floyd y Leigh Alexander que plantean cómo el sector del videojuego debería intentar ser cada vez más un entorno empático en el que ambos sexos se encuentren abierta y colectivamente a gusto, llegando así a desarrollar su máximo potencial de ocio y consumo, sin sentirse objeto de posibles “afrentas” de género.
Los autores sueltan una más que probablemente merecida colleja a algunas costumbres muy poco empáticas del (mal) marketing, pero la acompañan (como siempre debería ocurrir al ejercer la crítica) de propuestas, soluciones e inspiración para reenfocar nuestro modus operandi si pretendemos lograr la paridad gamer.
Aún así, una vez visto el video y leídas varias opiniones, creo que quien aporta el insight más significativo respecto a esos rechazos, hábitos o actitudes distantes femeninas es una lúcida jovencita llamada Hanna Burrows en este comentario.
No es tanto el peso del seximo (aunque lo haya), sino la importancia de la dicotomía: Jugador Social (femenino) VS Jugador Individualista (masculino).
Aunque la observación y captación de tendencias socio-culturales nos ha acompañado desde el principio de los tiempos, su vertiente más actual, comercial, oficial y abundantemente popularizada por los mismos consultores, no había sido tan reconocida, aceptada y difundida como en esta década.
La explosión de profesionales de muy diversos bagajes y estilos ha acabado convenciendo a muchas empresas, medios y otros profesionales de lo estratégico de usar sus servicios, siempre con la esperanza y el interés de contar con una posible ventaja competitiva. Y ello, como ocurre con todo florecimiento, ha llenado el mercado, físico y digital, de variadas metodologías, presentaciones, informes, artículos y listas de todo tipo y condición.
Sin duda muchos de nosotros habremos tenido oportunidad de leer algunos más relevantes, fiables o sólidos, que habrán resultado realmente útiles e inspiradores, pero en otras muchas ocasiones nos habrán colado goles a mansalva, y habremos pagado por ellos bien con nuestro capital, bien con nuestro tiempo y atención, bien con nuestra credibilidad profesional.
(No puedo embeber el video en WordPress.com, por lo que sugiero verlo mediante ese enlace).
Un colectivo, además, tan variado hoy día que cabe casi cualquiera que se autodenomine y promueva como “trend watcher”, “coolhunter”, “trend spotter”, “cazador de tendencias”, “consultor de tendencias”, y un largo etc. Cosa que provoca que sea una creciente, ardua y (en ocasiones) costosa labor filtrar a los cantamañanas y espabilaos de aquellos que de verdad aportan valor e insights con sus propuestas.
Aquí, como en casi todo juego adivinatorio/intuitivo, por más o menos análisis profundo y formal con el que contemos, se juega con tantos factores ambientales y percepciones sesgadas que en demasiadas ocasiones se acaba deseando ver trufas donde sólo había piedras.
Aún así, no niego que a menudo me resulta atractivo repasar las propuestas por sorprendentes u obvias que sean (y acaben resultando una enorme chorrada, o no) de ciertos “tendencieros” a quienes leo y que me despiertan confianza, ya que siempre provocan, como mínimo, que piense al respecto. Es lo que tiene la curiosidad humana.
Pero, como la cosa viene de USA (país de peculiar y polarizada moral), y mediante Facebook (que se jugaría una avalancha de quejas alimentando un caso así), no, no creo que ni siquiera DDB, con sus habituales propuestas divertidas y arriesgadas para Bud Light, se atreviese. En casi todo juicio de marketing los potenciales inconvenientes superarían los beneficios.
Aún así, sigue pareciéndome, simple y llanamente, un hecho jodidamente divertido y tremendamente viral (vale, y controvertido). Causa-Efecto, Acción-Reacción.
Además, por encima de todo, creo que sirve de gran (y esperpéntica) lección práctica sobre cómo las generaciones más “naturalizadas” con la Red han perdido (o siguen perdiendo) muchas de las barrerras racionales y emocionales respecto a qué hacer y no hacer público de nosotros mismos (… o de nuestas hermanas), que los algo más viejunos sí solemos tener.
Vía: un gran amigo y creativo que se me va a las Américas, a recuperar el amor y probar fortuna como mercenario de los titulares con ingenio. (Un brindis por tu sabia decisión, Victor. ¡Muchísima suerte Monsieur!)
En la vida y circunstancia de cada cual, y de cada grupo social, las razones para consumir más unas marcas que otras, o destinar una mayor parte del presupuesto a unas empresas que a otras, son muchas y variopintas. Y es ahí donde los marketinianos ponemos todo nuestro énfasis en influir.
Aún así, parece que como ciudadanos se nos escapa o nos sorprende (no sin cierta hipocresía por nuestra parte), que toda rebaja y desgaste sostenido de los márgenes tiende ir a costa de algo, o de alguien. En muchas ocasiones ese “alguien” nos resultaba lejano. En estos tiempos estamos viendo que ya no lo es tanto:
El discurso de la brillantemente denominada “compra inteligente“, y sus muy diversos corolarios, guarda un innegable atractivo para el consumidor. Aún más, si cabe, en épocas de incertidumbre económica.
Es un concepto que se ha ampliado con la crisis. Ya no discrimina, ya no es sólo para “los que no pueden”. Medios, comunicadores, asesores y opinadores influyentes han (hemos) difundido, mejorado, abrillantado y contagiado tanto que a todos se nos ha presentado atractiva la oportunidad de actuar como “inteligentes”. Y los mercados siguen saturados de bienes a la espera de que los seleccionemos con habilidad.
Se apela a nuestra autoestima, al innato egoísmo humano, maximizador y satisfactorio. Conseguir más por lo mismo es un seductor canto de sirena, de práctica relevancia, que ante nuestros ojos, y nuestros bolsillos, nos convierte en consumidores más listos y eficientes que quienes nos rodean, o de lo que lo éramos nosotros mismos antes de saber “comprar inteligentemente”.
Un estupendo concepto que, en el caldeado clima crítico, ha logrado desconocidas (en España) cotas de éxito en manos de los hábiles, expertos y muy poderosos Señores de la Distribución.
A base de gestionar una compleja mezcla con dosis de:
Innovación utilitarista (si algo es interesante, se copia, se iguala a una calidad similar y se ofrece rápidamente al cliente a un precio inferior)
Dominio del punto y canal de venta (de un gran número de productos)
Cercanía, popularidad, eficacia y relevancia comunicativa
Enorme porcentaje de productores sin posibilidad, o interés, de crear valor añadido ni vínculos a sus marcas de cara al consumidor
Autoafirmación social (a más crisis, más idóneo parece actuar así)
Experiencia repetida de consumo y comparación (que también ha dejado a muchas marcas-marcas en merecida evidencia por su falta de argumentos, todo sea dicho)
De esta manera se ha logrado que, unos por otros, casi todos hayamos interiorizado cada vez más esa actitud, y queramos y esperemos más sin importar muy bien de quién.
Pero, ¿hay consecuencias ante tanto y tan constante ejercicio de “inteligencia” en las compras?
Como solemos demostrar los humanos, valorar apropiadamente las consecuencias de nuestras acciones y actitudes a medio plazo no es nuestro punto fuerte precisamente. En muchas ocasiones, hay que decirlo, porque no acabamos de ver/entender la relación o, simplemente, porque nos la trae floja (o nadie ha conseguido que nos importe, que vendría a ser lo mismo).
Parece que, ahora que desde el Gobierno se nos invita (con no mucho éxito que digamos) a “mentalizarnos” de que muy pronto empezaremos a dejar atrás esta mala situación, se van divulgando más abiertamente noticias que reflejan que las cotidianas actitudes “inteligentes”, hasta ahora muy convenientes para capear el temporal, también tienen unos costes colaterales incómodos y crecientes, que probablemente no sean sostenibles.
Tú compras. Tú exiges. Tú decides si habrá modo de reequilibrarlo.
NOTA: Esta entrada va de relaciones causa-efecto. Para leer sobre el estado del mercado o las cualidades y batallas de las marcas-marcas y de las marcas de la Distribución, hace tiempo escribí esta otra entrada.
Siempre me resulta interesante analizar conversaciones, tanto informales como de negocios, que acaben en desencuentro o en un mal entendimiento de las partes.
Ante tales situaciones, procuro preguntar a alguno de los implicados, con quien tenga confianza, por qué cree que ha ido mal. Y muchas de las respuestas que recibo acaban sonando a un frustrante: “¡Pero si era de sentido común!”
Si la situación lo permite, le pido que me explique qué era eso que tan razonable y común le parecía. Y es entonces cuando, con claridad y detalle, me plantean lo que la otra parte no ha hecho/dicho/aportado, y que se esperaba de ella (sin habérselo comunicado, ojo al dato).
Sin duda, vosotros también recordaréis abundantes casos similares.
El análisis para mí, por tanto, sería este: la suposición de una parte respecto a las acciones e intuición de la otra es lo que tiende a llevar el proceso al fracaso, no la falta de voluntad de quien se ha visto privado de información en origen (si no hay mala fe de por medio, claro).
El Sentido Común requiere sintonía en el contexto, estado de ánimo, actitud, situación e incluso cultura de quienes se relacionen. Y por ello acaba estando bastante más lejos de lo que realmente nos encontramos y aceptamos en nuestras interacciones cotidianas. Solemos confundir lo primero por aquello que podríamos llamar la “Práctica Común“.
Los abogados, por ejemplo, conocen bien la importancia de no eludir lo obvio. Aunque a veces lleguen extremos agotadores o surreales en los detalles, ¿quién de vosotros desearía ver uno de sus contratos sin una cláusula esencial porque ésta es “de sentido común”?
También se suele decir que el marketing es sentido común aplicado. Y aún así, día tras día su errática e irregular aplicación en el mercado no deja de sorprendernos, en demasiadas ocasiones para mal.
Éste, sin embargo, sí que refleja que las marcas que triunfan, las más inteligentes, innovadoras o creativas, son quienes, desafiando lo supuesto, construyen un discurso enfocado a mostrar su punto de vista, conectando, informando y educando a sus consumidores sobre qué valorar y esperar cuando compran, logrando con ello una posición destacada respecto a su competencia, quien deja a la intuición de sus clientes el entender y aceptar sus propuestas o innovaciones, sin un discurso realmente relevante y útil que las apoye. (Mi amigo Ramón Ollé es uno de los principales defensores en nuestro país de los beneficios del “enseñar a comprar”, y siempre merece la pena leer sus sensatas relfexiones al respecto)
En muchas ocasiones, bien por razones emotivas, por prisas, por desapego, o por reparo a ser tildados de obvios, interesados o impositivos, eludimos educar, informar con precisión sobre qué consideramos importante tener en cuenta, sobre cómo entendemos nosotros el proceso, cómo nos gustaría que se diese, o bien cual esperamos que sea el resultado de la interacción.
Toda conversación siempre es un desafío a ese “sentido común”, cada vez menos común y compartido. Por tanto, tan importante será saber qué pretendemos y esperamos, como saber qué decir y cómo decirlo para lograrlo.
Si me permitís, recomiendo que la próxima vez que vayáis a iniciar un diálogo valioso, no pongáis todas vuestras cartas en el “sentido común” del otro.
Y para quienes su sentido común aún les indique que el aportar los argumentos esenciales puede resultar pesado, desproporcionado, o que coarta el dinamismo y la creatividad, vayan aquí tres de mis ejemplos preferidos de todo lo contrario:
A nivel personal he de decir que nunca me han desagradado las armas. Sigo considerando que todo depende del uso al que se destinen, y de las manos y contexto en los que se encuentren. Dicen mucho de cómo funcionamos y nos relacionamos en sociedad. El Mundo Real™ aún no es un lugar idílico, ni equilibrado, ni, mal que nos pese, somos Neo.
Acertemos a reconocer las oportunidades y gestionarlas en nuestro favor, o no, es evidente que todo mercado tiene sus drivers, las motivaciones intrísecas, generalmente apegadas a lo más íntimo y emocional de las personas, e insights, las llaves para comprenderlos.
Y el problema esencial es que en el caso de las armas de fuego esas motivaciones tienden a responder, de modo exponencial, al miedo, la irracionalidad primaria, la desconfianza, o la incertidumbre ambiental, política, social o económica (o todas). Poderosos factores por sí mismos, aún más, unidos y acentuados por la crisis.
Las cifras ya no hablan del estereotipado simpatizante de la NRA y admirador de la atlética y jodidamente zumbada pizpireta Palin, sino del tipo más moderado, tal vez hasta liberal, que incluso en la belicosa “Era Bush” llegó a descartar el adquirir una brillante y portatil distribuidora de plomo.
Es a ese nuevo segmento, a ese consumidor, situado en una cultura que favorece la autodefensa y aceptación de las armas, a quien ahora una turbulenta mezcla de sensaciones e informaciones le hace salir del hogar, raúdo y angustiado, a por uno, o varios, relajantes del calibre 38. Ese ciudadano buscará, como todos hacemos al comprar (lo que sea), calmar o satisfacer su necesidad, esa extraña angustia que le ahoga y se acrecienta.
Parece un clima de opinión, y de consumo, que sin duda ciertos medios (¿alguien dijo Fox?) estarán alentando cosa fina (nota profesional: no dudo de que con interesado soporte de potentes y eficaces agencias de RRPP, facilitando datos aportados por sus clientes).
Es curioso, aunque nada contradictorio, constatar cómo las motivaciones que hacen aumentar las ventas a cuidadanos “medios” (no-cazadores) de reconocidas marcas como Smith & Wesson, Glock, Colt, etc., funcionan casi a la inversa de las que suelen favorecer la generación de capitales, empleos o inversión en los mercados, elementos que siempre piden de más tranquilidad y estabilidad para fluir en el mercado y crecer, llevándose así, con sus aparentes bondades, muchas de esas angustias antes mencionadas.
Una firme realidad (no por eso menos inquietante), asociada a aquellos países donde es legal (o semi-legal) y sencillo hacerse con pistracos (o cosas más serias) por un módico precio, sin licencias o controles más estrictos por medio.
Aún así, para señalar que respecto a las armas hay muchas perspectivas, y que la historia y los hábitos juegan siempre un papel fundamental, recordaré aquella frase “tan USA” que rezaba:
“Dios creó al hombre, Samuel Colt los hizo iguales”.
X-Factor UK sigue dando que hablar y, especialmente, que escuchar, edición tras edición.
Personajes y momentos así provocan reacciones sociales y económicas en cadena con su aparición en el panorama:
Aumento inmendiato de la calidad, notoriedad y difusión del show/producto en cuestión.
Aumento consecuente del interés, expectativas y atención de las audiencias, analógicas y digitales, nacionales e internacionales.
Aumento de las Libras que facturarán la cadena y los productores gracias a esas audiencias y atención.
Y, cómo no, aumento clarísimo del disfrute para cualquier oyente que guste de la buena música.
Este tipo de explosiones de entusiasmo y popularidad, de la mano de la calidad musical, sigue sin ser tan habitual que tengan lugar por estos lares. En mi opinión, y como tal muy subjetiva, principalmente porque los estilos musicales comercialmente predominantes, mainstream y más aceptados en España tienden a ser un coñazo son otros. Algo que se plasma año tras año en los cansinos y tan patrios “OT”s, o en nuestra no tan brillante, aunque esforzada, versión de Factor X.
Atentos a la potencia, carisma y estilo del chaval, a quien parece obvio que su pasado como profesor le da soltura y le ayuda a ganarse y mover a la gente. Se hace amo de la escena y del ambiente en instantes. Puro talento. Habrá que seguirle la pista.
Si no voy muy equivocado, en no demasiadas semanas se estarán, estaremos, descargando y comprando a mansalva sus versiones y temas en iTunes Store y similares.
Este es el blog de Daniel Muro.
Un espacio abierto a la charla sobre marketing, publicidad, internet, creatividad, innovación, ciencia, diseño, política... y un sin fin más de las numerosas facetas del ingenio humano.
@DonnyKerabatsos Me congratula que mi casi total destarote horario siga logrando que nuestros transatlánticos horarios coincidan ;-D 3 years ago
Hilarious! @ChuckNorriz Pure fun with a daily dose of well known, and not so known, Chuck Norris fact's. Good way to capitalize on attention 3 years ago
RT @MMFlint: And now this: Turns out we've known for yrs there's $1 trillion of precious minerals in Afghanistan. $1 trillion. Be a sham ... 3 years ago
Should I be worried I lost a follower the very moment I tweeted my "gratitude" tweet to the book's link? Nope. Some people are too picky :-) 3 years ago