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Panem et circenses

La próxima vez que no tengas para pagar la cuota de tu hipoteca, el alquiler de tu piso habitación, se te esté acabando el paro o necesites aplazar pagos, tengas dificultades para financiar tu proyecto de investigación o tecnología, o te denieguen renegociar las líneas de crédito que aún permiten sobrevivir a duras penas a tu empresa, te doy un consejo:

Dile a tu banco que necesitas el dinero para fichar a un mercenario del balón.

La banca ama la obscenidad y la sinvergonzonería tanto como aman ponerla en práctica nuestros próceres de la más alta clase empresarial.

Marca.com – Cristiano Ronaldo jugará en el Real Madrid

florentinoFichado por unos 96 milloncetes de euros (salario aparte, ojo, no escatimemos), que sumamos a los 60 y pico que Florentino ya le ingresó hace unos días al cachondo (en todos los sentidos) de Berlusconi por Kaká.

Como siempre, espectáculo no puede faltar y la competitividad de las plantillas es asunto de Estado.

Aunque la ética de semejante marketing sea más que discutible, la estrategia está clara y suele mostrarse efectiva. Es de rigor contar con fichajes para deslumbrar a la plebe (o sea, todos nosotros) y que olvidemos que pronto el panem escaseará en cada vez más casas.

Pero cuidado, todos contentos y felices comprando camisetas y abonos por un tubo (que la cosa ha de amortizárse rápidito), pagando el “pay-per-view” y aplaudiendo los toques de pelota de los apolíneos y aúreos chavalotes, faltaría más.

Y mientras, si no ganáis más de 3.500 € al mes es indicador de que no merecéis acceder a una vivienda, o si los proyectos que podrían salvar vidas, o crear nuevas plataformas tecnológicas, no cuentan con más aporte de capital, o directamente, ni siquiera logran inversión, es porque hay mejores cosas a que destinar los dineros.

Panem et circenses… hay que joderse.

La TV patrio cojea

Buen post, como es habitual (pese a las quejas), de José A. Pérez en su Mi Mesa Cojea:

Si te dicen que caí”

Estoy de acuerdo con José respecto a que la mala (pésima en ciertas franjas) TV que, mayoritariamente, tenemos es un síntoma y reflejo de otros males sociales. Empezando por nuestra “brillante” clase política, y acabando por nuestras numerosas actitudes y tendencias colectivas e individuales que han ido minando la coherencia general (a la década de masiva y distribuída estupidez pro-hipoteca me remito).

Pero discrepo en que la “libertad de empresa y de elección” (o incluso de “apagón”) sea el escudo detrás del que se puedan amparar los perpetradores (productores y programadores) de una notable parte del infumable y degradante producto televisivo (nacional, y en ocasiones también el adquirido).

Es de obvio rigor aceptar y asimilar, y más para quienes nos formamos y/o dedicamos a esto de la comunicación, que no todos los públicos prefieren el mismo contenido o estilo, ni lo disfrutarán del mismo modo, ni sus intenciones y expectativas al encender la pantalla serán en absoluto las mismas.

Pero el incremento de mierda catódica ha sido exponencial, y muy lucrativo, en casi todas las franjas horarias, saltándose a la torera regulaciones como la del “horario de protección del menor” (que sin embargo sí tienden a respetar los anunciantes).

Un síntoma es la desmesura en los bloques publicitarios. Otro de los males a los que los propios publicitarios se enfrentan y sufren, pues el trabajo que desarrollan para sus clientes, por brillante, creativa, narrativa y estratégicamente bien planteado que sea, se perderá, cansará o diluirá fácilmente entre la agotadora miríada de spots por bloque de anuncios. Eso, o pagar sobrecostes por modelos premium más eficientes o innovadores, cosa que sin duda  también favorece al expositor.

Volviendo al post mencionado, uno de los comentaristas anónimos ha ofrecido una argumentación muy sincera y ajustada a la realidad, y de una crítica lucidez que vale la pena señalar. Os copio un par de párrafos:

[...] Ahora, en las series adolescentes, cuanto mas hijoputa, mas guay eres, y el ídolo es el Duque, un narco sin escrúpulos. Es un buen referente a imitar (como la Esteban). En las series se putea a los niños y adolescentes débiles, se miente por sistema, y se ponen los cuernos a tus novios/as para hacer sufrir a los demás, por puro entretenimiento y gusto. No me jodas que eso pide un crío, y que eso no le condiciona. De “Compañeros” a “Física y química” va un abismo.

Que decía una chica, no pienso acabar la ESO que me he apuntado al casting de Gran Hermano y ya no me hace falta. Subnormal. Lo malo es que van a crear una generación de desgraciados, irresponsables con lo que les toque, siempre frustrados, convencidos de que hay que ir “arrasando por la vida” y ser cuanto mas hijoputa mejor. Y encima piensan que las cosas se resuelven solas, porque los gilipollas de sus padres así se lo dan. Esto será una selva de vagos y cabrones sin empatía. Los pobres tendrán que aprender a palos. Nosotros tuvimos la suerte de que hasta la tele nos educó, y el cole nos enseñó a leer. Ellos también tienen derecho a ser algo felices, coño.

Es evidente que a toda generación le cuesta entender, y a veces aceptar, lo que le gusta o motiva a la siguiente, o incluso los modelos de éxito y conducta que perciben como atractivos, referentes y relevantes. Pero, sinceramente, no se trata de no comprender los diversos intereses y sensibilidades implicados, se trata de aportar mayor calidad (más de contenido que de forma) y esfuerzo creativo.

Ni pido, ni absurdamente espero, que toda la TV nacional en abierto llegue al nivel del imprescindible, innovador e impagable 33 (la segunda autonómica catalana) o la siempre interesante La 2. Pero hay abundancia de cadenas y programas que se congratulan en joder y agilipollar sistemáticamente las pocas neuronas que le quedan al espectador medio después de pasarse el santo día trabajando (dentro o fuera de casa) o estudiando.

Y además lo hacen sin puta gracia y con mínima autocrítica, cosa agravante y alevosa (en La Sexta al menos se toman ellos mismo a cachondeo, lo que dice en su favor).

Se puede entretener de muchas maneras, algunas constructivas, otras deconstructivas. Elegir, o crear, algunos de los peores modelos y paradigmas posibles no es precisamente algo para llevarse a la tumba felizmente. Aunque se vaya uno cubierto de millones y cifras de share abultadas.

No, el enemigo no son los salarios, son las mentiras

cierre-empresas

Por más que la CEOE se empeñe en focalizar su mensaje demagógico en los salarios, que tan bien le viene a la hora de generar EREs masivos o pequeñas y constantes sangrías, barnizados con la respetabilidad que otorga el optimizar para estos tiempos difíciles.

Cosa que, como buenos profesionales y trabajadores, sí que comprendemos necesario, e incluso colaboramos si lo vemos justo, como el caso de SEAT y su congelación salarial.

Declaraciones de Gerardo Díaz Ferrán, hoy, en su discurso de reelección como presidente de la patronal:

[...] Tras ser reelegido, Díaz Ferrán aseguró que la moderación salarial es “esencial” para paliar la destrucción del empleo y advirtió a los sindicatos de que no firmarán ningún acuerdo de negociación colectiva que favorezca la desaparición de empresas.

Díaz Ferrán aseguró que fue imposible llegar a un acuerdo en la negociación colectiva con los sindicatos porque los empresarios no pueden ceder “ante las convicciones de lo que es necesario”, y dijo que la patronal siempre está dispuesta a un acuerdo “excepto cuando las empresas están en peligro”.

Palabras orientadas a mostrar inquietud y victimismo interesado, y en clara oposición a lo que ayer Díaz Ferrán, como espectador, escuchaba de boca de Cándido Méndez de UGT:

“En los últimos meses se ha pasado a otro tipo de afirmaciones”, señaló Méndez, tras asegurar que los “profetas del despido libre” son los “profetas de la inseguridad” y subrayar que lo que le hace falta al país es confianza y que la “inseguridad es la madre de todos los desastres”.

Insistió en que el verdadero problema de la economía española es que los salarios son bajos. “Hay que subirlos, que quede claro de una vez”, subrayó en presencia del presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, y del presidente de Cepyme, Jesús Bárcenas, que acudieron a la apertura del congreso.

A su juicio, son los trabajadores los que están pagando con más dureza la crisis económica, y consideró que algunos pretenden “que la vuelvan a pagar reduciendo los salarios”, motivo por el que pidió a la CEOE que actúe de forma contenida en épocas de crisis.

Y si alguien busca una dosis de cierto análisis economicista de la situación salarial actual, muy recomendable es el artículo de Juan Carlos Escudier “De reducir los salarios y otras memeces“:

[...] Algo tiene que fallar en este esquema porque ni los salarios son altos ni han crecido en los últimos tiempos, sino todo lo contrario -el sueldo medio cayó en 2006 un 0,7%- y su impacto en la productividad es similar al de otras economías. Lo certificaba recientemente el catedrático de Economía Aplicada, Vincenç Navarro: “El nivel de productividad de los trabajadores de la manufactura en España es el 75% de sus homólogos estadounidenses (año 2007), el mismo porcentaje prácticamente que los salarios de tales trabajadores representan de los estadounidenses (79%). Los trabajadores españoles no están sobrepagados. En realidad, en comparación con sus homólogos en la UE-15, están subpagados”. Duda despejada.

[...] Según este análisis, las rentas del capital habrían crecido vertiginosamente en los últimos años y en su comportamiento especulativo estaría la causa de la crisis financiera actual; por el contrario, las rentas del trabajo habrían perdido peso en la renta nacional, provocando un descenso de la capacidad adquisitiva de las clases medias y populares y, en definitiva, del consumo, lo que explicaría la crisis económica. [...]

Parece absurdo que la patronal olvide lo que es una Sociedad de Consumo. Aunque, tal vez, sea una amnesia voluntaria, amparada en el deseo de llevar el país a un modelo similar a la China, y no a alcanzar al resto de nuestros “socios europeos” (los cuales, de media, tienen un salario mínimo que dobla el español).

Si en España se produce o importa, pero los ciudadanos no pueden o quieren consumir, sea por escasez de recursos más allá de la subsistencia o por falta de trabajo, sea por el estado emocional agobiante al que están sometidos mediáticamente, entonces sí que las empresas no tendrán razón alguna para su existencia. Por mucho que desde el marketing y la publicidad intentemos generar alegría, dinamismo o ilusión.

Seguimos escuchando las historias de miedo y los apocalípticos relatos que constantemente envían, desde púlpitos privilegiados, aquellos que sí tienen poder para negociar y que están recibiendo las ayudas y los créditos que los trabajadores o las pymes no obtienen ni por activa ni por pasiva.

Es incontestable y reconocido que el fin principal de una empresa debe ser generar beneficios y enriquecer, lícitamente, a sus dueños, directivos o accionistas, y mantenerse a flote en los malos tiempos, incluso a costa de prescindir, mediante acuerdos, de parte de sus trabajadores.

Pero en esta crisis hay demasiados movimientos interesados que huelen intensamente a podrido.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Somos el lumpenpropletariat posmoderno? ¿Pagamos unos por los excesos de otros? ¿Tenéis datos o argumentos que apoyen, fundadamente, el mensaje de la CEOE?

No te metas con ellas, no te metas con Michelle

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Estuve un poco fuera de órbita el fin de semana, pero como bien me ha recordado James con este post, el pasado domingo 8 de marzo de 2009 fue el Día Internacional de la Mujer.

No hay duda de que ser mujer, el simple hecho de existir, es una actividad de alto riesgo en un excesivamente amplio número de países. Las condiciones sociales, laborales, afectivas, educativas, médicas, sexuales, políticas, legales, religiosas, morales y éticas no juegan precisamente en favor de una igualdad, o mejora, de derechos, obligaciones, oportunidades, libertades y consideración.

Pero también, bien lo sabemos, en muchos de los nuestros, los llamados países del 1er mundo, siguen sin lograrse avances pendientes. Desde los laborales, pasando por respeto, apoyo y protección social y personal (especialmente ante los abusos), hasta la consecución de libertades éticas y médicas aún recortadas por asuntos que bien poco tienen que ver con la ciencia y sus baremos, y mucho con el interés político y la religión.

Madres, hijas, esposas, amigas, amantes, compañeras, emprendedoras en la vida, en lo personal, lo familiar y lo social, valga mi muestra de aprecio hacia ellas, al reconocimiento de la labor de tantas y tantas mujeres, con este artículo de Bonnie Fuller en el Huffington Post. En él la periodista sale en defensa de Michelle Obama frente a las pobres y rancias críticas del columnista (republicano) del NY Times, David Brooks. Un episodio similar a los que aquí vivimos con Chacón o Sáenz de Santamaría.

No pretendo contribuir a la eufemística corrección política, algo muy habitual en USA, y cosa por la que no guardo excesivo aprecio. Se trata de dejar clara la estupidez de ciertos debates y posturas reaccionarias respecto a la presencia, libertad y actitud femeninas, que provienen de épocas pasadas, y que allí deberían quedarse.

La aparición en escena de la sólida, elegante, poderosa y serena esposa de Obama parece haber incomodado y puesto nerviosos a muchos, y muchas, de pensamiento retrógrado. Pero, afortunadamente, también inspira a muchos más con una actitud de progreso, igualdad, cambio y esperanza. Apoyo fundamental éste para el mensaje que promueve su marido (ya casi blasfemamente socialista) desde la presidencia de su país, y que, nos guste o no, afecta al resto Mundo.

Fortaleza, mental, emocional y física. Una cualidad sobrevalorada, y congratulada, en el perfil másculino, y tan necesaria, pero menospreciada y obviada, a la par que temida por muchos que aún pretenden “dominarlas”, en su vertiente femenina.

Queda camino por recorrer, pero será siempre importante afianzar y educar en cada paso adelante que logremos dar. Caminarlo entre todos, ellas y nosotros, abrazando y entendiendo nuestras diferencias y peculiaridades, comprendiendo los fallos y virtudes de cada uno, para alcanzar una sociedad más igualitaria y abierta, debe seguir siendo un proyecto político y social, pero especialmente, personal.

Dosificar para entender

overinformed

“La abundancia de material noticioso no genera conocimiento ni información, sólo sensación de ella”.

- Ramón Lobo – (Frase extraída de este post)

Nuestra capacidad de asimilar datos, de percibirlos como información relevante, entenderla y asimilarla, y así generar conocimiento y saber, es limitada. Como señalaban hace unos meses los Microsiervos, más limitada de lo que nos gustaría creer, y aceptar. Pero esa es precisamente una de las protecciones con las que nuestro cerebro cuenta para poder centrarnos en “lo importante” (al menos biológicamente hablando).

Aún así, el incremento exponencial de fuentes, canales, medios, interacciones, recursos y experiencias por los que recibimos inputs de todo tipo requieren de una respuesta firme y voluntaria para no dispersar sin fin nuestra (escasa) atención respecto al tiempo disponible, y lograr una cierta comprensión que nos beneficie.

A más curiosidad, más intereses personales o más necesidad profesional, mayor la dificultad de gestionarlo. Dosificar, priorizar, segmentar o filtrar, siempre que sea posible, son algunas de las vías que tomar. De otro modo, es fácil acabar saturado, bloqueado o desinteresado por “empacho mental”.

Si la Red contribuye enormemente a fomentar esa hiperabundancia, que tiende a lo redundante, también nos va dando herramientas para manejarla y destacar lo que realmente nos aportará valor.

Marketing y buenas intenciones

Se suele decir que no son las armas las que matan, sino las personas que las usan.

Aún así, nadie puede obviar el innegable poder que confieren y la responsabilidad que conllevan, se usen o no. Y el simple hecho de tenerlas al alcance ya genera un modo de pensar u otro.

Con el marketing pasa algo similar. Y no me refiero tan sólo a la vertiente comercial. La naturaleza y popularización de muchas de sus técnicas y planteamientos hacen del marketing algo ubicuo. Consciente o inconscientemente todos usamos alguna en nuestra vida, afectiva, social, comercial, intelectual… Y, además, ciertas personas eligen aplicarlas como profesión.

Cuanto más experta sea esa persona, cuanto mejor conozca todas las herramientas, su arsenal, del marketing, cuanta mayor habilidad tenga mezclando sus conocimientos teóricos y prácticos, cuanto más carismática y memorable sea creando y contando historias, y cuanto más sepa del fin, contexto, terreno, objetivo y público al que debe enfocar sus capacidades, sin duda se podrán dar resultados muy poderosos. Independientemente del fin al que vayan dirigidos.

Y es que en ese mix, a veces, ignoramos, o nos olvidamos de, valorar la responsabilidad para con nuestros actos y metas, de preguntarnos por qué y para qué (o quién) seducimos, ilusionamos, opinamos, informamos y persuadimos, de cuestionar lo que contamos, vendemos, hacemos o se nos ordena hacer, y de recurrir a nuestra capacidad de decisión y juicio.

Si lo consideramos, y las respuestas se presentan válidas y coherentes, mucho bien, económico, social y personal se puede alcanzar. Pero si ese olvido se debe a la voluntad real de no tenerlos en cuenta, de manipular, de aprovecharse, de mentir, ocultar o falsear, erosionamos y agotamos con ello la confianza, paciencia y buena voluntad de los demás. Y así, unos pagarán por los excesos e intenciones de otros (a la actual crisis, económica y de confianza, me remito).

La decisión siempre será personal, pese a condicionantes internos y externos. Los escrúpulos, ética, actitud, creatividad, ideas, intereses, ambición y motivación respecto a los fines, claros u oscuros, son propios, al igual que el talento desarrollado para lograrlos.

Seth Godin aludía a ello en este reciente post “Is marketing evil?“, el cual os invito a leer. De él extraigo un párrafo que bien define lo que el marketing puede ofrecer en beneficio de todos:

Marketing is beautiful when it persuades people to get a polio vaccine or wash their hands before doing surgery. Marketing is powerful when it sells a product to someone who discovers more joy or more productivity because he bought it. Marketing is magic when it elects someone who changes the community for the better. Ever since Josiah Wedgwood invented marketing a few centuries ago, it has been used to increase productivity and wealth.

Como ejemplo recurro a esta bien narrada historia que Ignasi ha publicado en su Publicidad Sincera, y de la que hace poco ha sido protagonista: Un supuesto turista requirió su ayuda, en forma de 20€, para poder continuar su viaje, reencontrarse con su amada y volver al hogar. La circunstancia le hizo sospechar, pero la historia y actitud del personaje parecieron convincentes.  Fue marketing en acción, no cabe duda.

Me gustaría creer que su filantropía y buenos sentimientos no se verán defraudados. Me parezco a él en eso. Y pese a lo que uno sabe, ha visto, leído, analizado y sido testigo, el cinismo no actúa tan rápido como quisiéramos, y en ciertas ocasiones la buena intención puede más.

Tal vez aguante con resignación uno o dos posibles timos más, uno o dos ataques a su confianza y bondad respecto a los demás, pero a la tercera persona que le requiera algo similar, sea o no sincera su historia, tenderá a juzgarla por las anteriores. Y probablemente actúe en consecuencia, negándole su atención, negándole su acción.

Como marketinianos, publicitarios, comunicadores, periodistas, políticos, nosotros somos ese turista, y el público es Ignasi.

¿Conversamos o discutimos?

Buena parte de nuestra vida la desarrollamos como “animales sociales”, y una de las cualidades que más útiles resultan a una persona es saber comunicar con claridad sus ideas, opiniones, estados emocionales, dudas, deseos…

Ser, o sentirse, incomprendido no siempre tiene un origen externo, sino una deficiencia propia, a veces no reconocida o no valorada, en esa parcela. Nuestro sistema educativo, es cierto, no fomenta demasiado esas habilidades expresivas. Pero no creo justo responsabilizar únicamente a los educadores. Familia, círculo social y profesional, y actitudes e intereses de uno mismo frente al medio tienen mucho que decir al respecto.

Históricamente, en la cultura occidental, a diferencia de algunas asiáticas, el oyente (o la audiencia) no tiende a hacer un “gran” esfuerzo por entender aquello que se le está intentando comunicar. Si el mensaje no es claro, solemos apuntar a que la culpa reside en el emisor, en quien busca transmitir algo. Por tanto, no es error nuestro el no haber entendido, es suyo por “no saber comunicar“.

Ser capaz de expresarse eficazmente no sólo requiere tener clara la idea o tema a transmitir, además de un buen dominio del lenguaje (escrito, verbal o gestual), sea en modo coloquial, sea elaborado (culto o retórico) o profesional (las jergas propias de cada sector), sino tener en cuenta a quién nos estamos dirigiendo, nuestra relación con ella, el contexto (momento, ambiente, ubicación, situación) en que comunicamos con esa persona, cual es su perfil psico-social, la atención que puede llegar a prestarnos (breve o extensa, dispuesta o reacia), su posible estado emocional, y el nivel de comprensión de significados, matices, metáforas, etc. que creemos que podrá, o querrá, aceptar nuestro oyente o interlocutor.

Aunque complejo, la mayoría las personas planteamos todo ello casi instantáneamente, en especial en conversaciones rápidas, imprevistas, cotidianas o en las que las emociones toman más protagonismo. Y eso, si las habilidades expresivas no son buenas (y a veces aunque lo sean), puede llevarnos a errores, y a que el diálogo se acabe sin haber logrado nuestro objetivo, o que derive en cansinas e inútiles discusiones, que no hacen sino más mal que bien a la comprensión mutua.

Discutir es humano, sin duda, y a veces necesario. Libera tensiones, revela actitudes y tiende a expresar cosas que sólo la excitación del momento facilitaría soltar. Pero, creo que estaremos de acuerdo, no es el modo más eficiente para entendernos.

Y es que, si tan importante es tener claro lo anterior, aún más lo es el mejorar nuestra propia predisposición a escuchar, a respetar, atender y comprender la información, verbal y no verbal (gestos faciales o del cuerpo), que nos devuelve nuestro interlocutor, razonar sobre sus argumentos, reacciones, emociones e ideas, y pensar y asimilarlos antes de responder de nuevo.

Yujiro Koyama, una suerte de Kirai a la inversa, y autor del simpático, sincero y cross-cultural blog Un japonés en Barcelona, escribía hace unos días al respecto de las diferencias de forma y fondo que observaba en algunas de nuestras conversaciones.

Creo que sus reflexiones, algunas de las cuales señalo a continuación, son estupendos puntos de partida para quien realmente desee hacerse entender, y no sólo hablar por hablar, o peor aún, gritar por gritar, algo desgraciadamente común, y socialmente aceptado, pero que muchas veces nos lleva a no comprendernos en absoluto.

Me ha dado la sensación que en español, el que chilla más gana la discusión, no el que tiene más razon, ni el que es mejor convenciendo.

La gente va hablando súper rápido con voz alta a la vez. Yo digo algo pero pasan de lo que digo porque están tan concentrados en hablar rápido y chillar más que los otros que incluso un terremoto pasa sin que se den cuenta ellos.

Es un poco triste que en una discusión, tengas que hacerlo así para que te hagan caso.

Las ganas de hacer que te escuche (chillando) gana las de escuchar al otro, que es la persona que tienes que convencer.

He dicho “ganas de escuchar” pero a veces no las veo en ningún lado. Si quieres discutir así, no hace falta que lo hagas con personas. Mejor con algo inorgánico nen, como una pared.

Te escucha bien y estará totalmente vencida.

Si para quienes hemos elegido como medio de vida esto del marketing, la publicidad o la comunicación es fundamental que los demás nos entiendan (y no siempre lo logramos), creo que como personas sería muy saludable que pudiésemos disfrutar más del placer de conversar, y menos de la insistencia en discutir.

¿Que opináis?

Conversando sobre las marcas blancas (alias “de la distribución”)

Unos días atrás, Ramón Ollé, amigo, maestro, y persona a la que debo, y agradezco, una buena parte de mi motivación y orientación profesional en estos últimos años, planteó una interesante reflexión en Brandjazz, imprescindible espacio para las ideas, en el que, junto a Jordi Vilagut, comparte sus puntos de vista y experiencias acerca del mundo de la comunicación, la publicidad y de las relaciones entre consumidores y marcas.

El debate al que Ramón nos invitaba a participar, y que rápidamente  generó una buena dosis de útiles comentarios, se centraba en la actual situación en el mercado entre las marcas-marcas (p. ej.: Danone, Nestlé, Scottex…) y las marcas de la distribución (las propias de cada cadena, p. ej.: Carrefour, Hacendado, Eroski-Caprabo, etc.).

Creo que no sólo es  un asunto relevante para cualquier profesional del marketing, sino que además, debido a algunas polémicas y recientes decisiones tomadas por varias cadenas de distribución, está de plena actualidad.

Pero para no reiterar contenidos, aquí os dejo, tanto el enlace a la entrada en Brandjazz (en la que ofrecí mi opinión al respecto, acertada o no), y a un par más que contextualizan el panorama. Sinceramente creo que vale la pena su lectura.

Brandjazz – La paradoja de las marcas blancas

Me siento GIF – Comunismo en el supermercado (vía Cool Scene Investigation)

Bajo la línea – Mercadona y el despotismo ilustrado (vía Cool Scene Investigation)

Si queréis compartir más enlaces y opiniones al respecto, os emplazo a sumaros al debate en Brandjazz, o bien a dejarlas aquí. En cualquier caso enriquecerán la Conversación y el conocimiento de todos.

Actualización:

Como no toda la vida se acaba en el disputadísimo lineal del supermercado, y la Red tiene aún mucho que decir y aportar sobre la percepción que acaberemos teniendo de las marcas “ya no tan blancas” (pues todo contacto con el consumidor comunica – y si no, pensad en Consumer, la excelente, abierta y referente revista de Eroski -), dejo un par de enlaces acerca de El Corte Inglés, nuestro principal gigante de la distribución.

Si bien su reacción en el Mundo Real™, creando “Aliada“, fue muy adecuada a la crisis y el momento, está dejando escapar oportunidades en el mundo digital, y eso puede tener un claro coste a medio plazo.

Jesus Encinar – El Corte Inglés vive congelado en el pasado

Enrique Dans – ¿Dónde está El Corte Inglés?

2ª Actualización (a 8 de febrero):

Respecto a las reacciones en el mercado que ha causado el movimiento de Mercadona, este artículo en Expansión destaca las de Lidl y Carrefour.

3ª Actualización (a 15 de abril):

El tema sigue, y seguirá, dando que hablar. Esta vez son los amigos de Viendo Videos los que albergan y promueven el debate en su interesante post Racismo comercial: es la guerra.

Emergencias, percepciones y reacciones

Quien más quien menos habrá padecido algunas de las recientes y numerosas inclemencias y complicaciones climáticas que sacudieron los diferentes territorios del Estado, dando lugar a diversas, peligrosas y tristes emergencias urbanas y rurales.

Las consecuentes reacciones, indignaciones, impotencias, reclamaciones, lícitas quejas y airadas rabietas que los ciudadanos hemos manifestado y compartido por doquier son naturales, necesarias, comprensibles y… de esperar.

Entendemos, o así lo quisiéramos, que los sistemas de prevención, control y actuación deberían funcionar mejor. Y, aunque en la mayoría de ocasiones desconocemos al detalle en qué consisten, que bien los políticos, bien la Administración, no realizan sus labores como se necesita. Aunque, por otro lado, en nuestras percepciones incluyamos de serie la minusvaloración de que “no tenemos el (aparente) nivel de países más avanzados” para resolver situaciones críticas, con lo que el sentimiento es de aún mayor frustración y desapego y desencanto por lo propio (cosa que no nos favorece en absoluto en otros aspectos, como la fuga de talento, pero ese es otro tema).

Como en casi toda circunstancia íntimamente relacionada con las emociones humanas, sean alegrías, sean padecimientos, las percepciones que obtenemos, generamos y comunicamos pueden, y suelen, estar notablemente sesgadas o distorsionadas. Y aún así, es lo primero que tendemos a responder cuando nos preguntan.

Yo soy de los que considera que el nivel de prevención y capacidad de acción va innegablemente ligado al incremento, potencial y frecuencia de los posibles problemas a atajar, y al tamaño y recursos del país.  Eso no obsta para que incluso los más “entrenados” cometan errores, o se vean superados por las circunstancias. Pero si Japón, Finlandia o Suecia tuviesen varios de nuestros fallos más habituales, y solventables, ya habrían sido pasto de los tifones y terremotos, o estarían todos aislados, semicongelados y ejerciendo el canibalismo práctico.

Iñigo plantea una interesante y breve reflexión al respecto, con algunos datos sobre USA que muestran, o desmontan en parte, nuestros sesgos más habituales en estos asuntos del clima:

En las últimas semanas, el tiempo ha provocado situaciones de emergencia en varias comunidades y en algunos casos la respuesta de las autoridades ha dejado mucho que desear con la consiguiente polémica posterior. [...]

Si bien es cierto que hay países mejor preparados que España para afrontar estas situaciones y que hay otros en los que hace más frío en invierno, todo eso de que en ningún país serio se cierra un aeropuerto o que no puede ser que miles de personas se queden sin luz es sencillamente falso. [...]

¿Qué opináis al respecto?

¿Alguna experiencia comparativa que apoye/desmienta ese posible “tercermundismo” nuestro en sistemas de prevención?

Nota: Que nadie entienda este post como una crítica a los propios servicios de actuación (Bomberos, Forestales, Policía, SAMUR, etc.). Ellos sí son los héroes cotidianos que evitan mayores problemas, aún contando con menos medios de los deseables.

Sobre la manipulación del Lenguaje (y por tanto de la Realidad)

En este mundo nuestro del marketing y la comunicación, de mercenarios de las ideas, uno tiende a plantearse, desgraciadamente, si comentar o no sobre según qué cosas, por cierta (y no equivocada) prevención a quienes puedan acabar siendo, o no quieran serlo, sus empleadores o clientes. Es la peligrosa censura preventiva que en unas ocasiones otros logran que lleguemos a autoimponernos, y en otras, simplemente, es la razón práctica la que nos advierte que es mejor ponerse en modo “cierra-el-boquino”.

Israel y sus políticas son un tema que claramente entra dentro de esa dinámica.

Pero sinceramente creo que, antes que profesionales, fuimos y seremos personas, inviduos con talento y capacidad para el aprendizaje, la reflexión y la crítica (y la autocrítica), y como tales tenemos la obligación de ser fieles a nuestra libertad de expresión, cada vez más cuestionada, y que tanto costó alcanzar. Ejercerla con visión ilustrada, argumentada y constructiva debe ser algo a lo que aspirar. Soltar palabras por la boca (o por la tecla) no siempre equivale a expresarse.

El respeto y coherencia para con los demás debe empezar por uno mismo.

Dicho esto, ahí va una selección de las cosas que en estas semanas me han parecido más interesantes para un comunicador, y más punzantes para un individuo que tienda cuestionarse el mundo en el que vive:

Mauro Entrialgo, en Plétora de Piñatas:

Nir Rosen, en The Guardian:  “Gaza: The logic of colonial power” (vía Guerra Eterna)

[...] Terrorism is a normative term and not a descriptive concept. An empty word that means everything and nothing, it is used to describe what the Other does, not what we do. The powerful – whether Israel, America, Russia or China – will always describe their victims’ struggle as terrorism, but the destruction of Chechnya, the ethnic cleansing of Palestine, the slow slaughter of the remaining Palestinians, the American occupation of Iraq and Afghanistan – with the tens of thousands of civilians it has killed … these will never earn the title of terrorism, though civilians were the target and terrorising them was the purpose. [...]

Luisa Morgantini (Vicepresidenta del Parlamento Europeo), en Público: “A nuestros líderes políticos”

[...] Vosotros, líderes políticos: ¿acaso no habéis visto alguna vez la desesperación en los ojos de un campesino palestino que, desesperado, se abraza al tronco de su olivo mientras los bulldozers intentan desarraigarlo, mientras los soldados le golpean con sus rifles para obligarle a soltarlo? ¿O a una mujer dando a luz detrás de una roca mientras su marido corta el cordón umbilical con una piedra porque los soldados israelíes, simplemente, no le dejan cruzar el checkpoint para ir al hospital? ¿Habéis visto a Um Kamel, desalojada de su casa, construida con el sacrificio de toda una vida, porque los fanáticos judíos –no las víctimas del Holocausto, sino los de Brooklyn–, piensan que esa tierra les pertenece por mandato divino y que, por lo tanto, tienen derecho a ocuparla para construir otra colonia judía en el corazón de la ciudad vieja de Jerusalén? [...]

Nacho Escolar: “Israel, la Ley de Godwin y el Talión”

[...] Durante las últimas dos semanas, la Ley de Godwin se ha cumplido con aún más frecuencia de lo habitual en casi cualquier discusión. Es un recurso simple pues comparte protagonistas. Si los judíos, las víctimas de Hitler, ahora masacran Gaza, es que los judíos son ahora los nuevos nazis. Es una comparación falaz, no tanto porque sea extremadamente ofensiva para un pueblo que ha sufrido como pocos la historia reciente, sino porque, sencillamente, no es cierta. La democracia israelí, a pesar de cómo ha pisoteado Palestina durante décadas, no se puede equiparar al régimen nazi porque el mal absoluto no admite comparación. Pero sobre todo es una equivalencia injusta porque al igual que no todos los alemanes fueron nazis, no todos los judíos del mundo comparten las políticas del gobierno de Israel y, bajo una equiparación así, se esconde un más que sospechoso tufo antisemita: si los judíos son los nuevos nazis, es que los nazis tenían razón al exterminarlos. [...]

Mónica G. Prieto, excelente artículo en El Mundo: “Desmontando los tópicos sobre Gaza”

Ver la cobertura de los acontecimientos en Gaza en los canales de televisión árabes y en los occidentales es como asomarse a dos mundos diferentes. Influidos por la corriente de opinión promovida por la Administración de Washington, próxima a Israel, los medios europeos y estadounidenses han asumido medias verdades como hechos, ignorando la situación global en la Franja y muchos de los recientes acontecimientos políticos imprescindibles para comprender qué está ocurriendo. [...]