
Por más que la CEOE se empeñe en focalizar su mensaje demagógico en los salarios, que tan bien le viene a la hora de generar EREs masivos o pequeñas y constantes sangrías, barnizados con la respetabilidad que otorga el optimizar para estos tiempos difíciles.
Cosa que, como buenos profesionales y trabajadores, sí que comprendemos necesario, e incluso colaboramos si lo vemos justo, como el caso de SEAT y su congelación salarial.
Declaraciones de Gerardo Díaz Ferrán, hoy, en su discurso de reelección como presidente de la patronal:
[...] Tras ser reelegido, Díaz Ferrán aseguró que la moderación salarial es “esencial” para paliar la destrucción del empleo y advirtió a los sindicatos de que no firmarán ningún acuerdo de negociación colectiva que favorezca la desaparición de empresas.
Díaz Ferrán aseguró que fue imposible llegar a un acuerdo en la negociación colectiva con los sindicatos porque los empresarios no pueden ceder “ante las convicciones de lo que es necesario”, y dijo que la patronal siempre está dispuesta a un acuerdo “excepto cuando las empresas están en peligro”.
Palabras orientadas a mostrar inquietud y victimismo interesado, y en clara oposición a lo que ayer Díaz Ferrán, como espectador, escuchaba de boca de Cándido Méndez de UGT:
“En los últimos meses se ha pasado a otro tipo de afirmaciones”, señaló Méndez, tras asegurar que los “profetas del despido libre” son los “profetas de la inseguridad” y subrayar que lo que le hace falta al país es confianza y que la “inseguridad es la madre de todos los desastres”.
Insistió en que el verdadero problema de la economía española es que los salarios son bajos. “Hay que subirlos, que quede claro de una vez”, subrayó en presencia del presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, y del presidente de Cepyme, Jesús Bárcenas, que acudieron a la apertura del congreso.
A su juicio, son los trabajadores los que están pagando con más dureza la crisis económica, y consideró que algunos pretenden “que la vuelvan a pagar reduciendo los salarios”, motivo por el que pidió a la CEOE que actúe de forma contenida en épocas de crisis.
Y si alguien busca una dosis de cierto análisis economicista de la situación salarial actual, muy recomendable es el artículo de Juan Carlos Escudier “De reducir los salarios y otras memeces“:
[...] Algo tiene que fallar en este esquema porque ni los salarios son altos ni han crecido en los últimos tiempos, sino todo lo contrario -el sueldo medio cayó en 2006 un 0,7%- y su impacto en la productividad es similar al de otras economías. Lo certificaba recientemente el catedrático de Economía Aplicada, Vincenç Navarro: “El nivel de productividad de los trabajadores de la manufactura en España es el 75% de sus homólogos estadounidenses (año 2007), el mismo porcentaje prácticamente que los salarios de tales trabajadores representan de los estadounidenses (79%). Los trabajadores españoles no están sobrepagados. En realidad, en comparación con sus homólogos en la UE-15, están subpagados”. Duda despejada.
[...] Según este análisis, las rentas del capital habrían crecido vertiginosamente en los últimos años y en su comportamiento especulativo estaría la causa de la crisis financiera actual; por el contrario, las rentas del trabajo habrían perdido peso en la renta nacional, provocando un descenso de la capacidad adquisitiva de las clases medias y populares y, en definitiva, del consumo, lo que explicaría la crisis económica. [...]
Parece absurdo que la patronal olvide lo que es una Sociedad de Consumo. Aunque, tal vez, sea una amnesia voluntaria, amparada en el deseo de llevar el país a un modelo similar a la China, y no a alcanzar al resto de nuestros “socios europeos” (los cuales, de media, tienen un salario mínimo que dobla el español).
Si en España se produce o importa, pero los ciudadanos no pueden o quieren consumir, sea por escasez de recursos más allá de la subsistencia o por falta de trabajo, sea por el estado emocional agobiante al que están sometidos mediáticamente, entonces sí que las empresas no tendrán razón alguna para su existencia. Por mucho que desde el marketing y la publicidad intentemos generar alegría, dinamismo o ilusión.
Seguimos escuchando las historias de miedo y los apocalípticos relatos que constantemente envían, desde púlpitos privilegiados, aquellos que sí tienen poder para negociar y que están recibiendo las ayudas y los créditos que los trabajadores o las pymes no obtienen ni por activa ni por pasiva.
Es incontestable y reconocido que el fin principal de una empresa debe ser generar beneficios y enriquecer, lícitamente, a sus dueños, directivos o accionistas, y mantenerse a flote en los malos tiempos, incluso a costa de prescindir, mediante acuerdos, de parte de sus trabajadores.
Pero en esta crisis hay demasiados movimientos interesados que huelen intensamente a podrido.
¿Qué pensáis vosotros? ¿Somos el lumpenpropletariat posmoderno? ¿Pagamos unos por los excesos de otros? ¿Tenéis datos o argumentos que apoyen, fundadamente, el mensaje de la CEOE?