En este periodo de crisis, en el que las reducciones de ventas, de presupuestos, de plantillas y de confianza son norma, y en el que la dificultad de financiación es el pan nuestro de cada día para muchos, sigue habiendo valientes, creativos, soñadores, hombres y mujeres con propósitos, espíritu de sacrificio y, especialmente, motivación por vivir su propio negocio, que, arriesgando capital, tiempo y esfuerzo siguen manteniendo vivo el tejido empresarial de pymes de nuestro mercado y generando oportunidades.
Crear, comunicar, enriquecer, difundir, aportar emoción, razonamientos, historias, ilusiones, vinculaciones y sentido a las marcas es algo que sólo alcanza su verdadero potencial y tiene sólido propósito cuando hay alguien que se apoya en una visión y comprensión de marketing, y que desmuestra la capacidad y voluntad de establecer una empresa, un servicio, un producto que sea remarcable y auténtico, no sólo un negocio más entre una multitud con fines irrelevantes.
Si el emprendedor/a, independientemente de la escala de su aventura, cree firmemente en su proyecto, innova, gestiona estratégica y honestamente, y es capaz de contagiar y entusiasmar a sus colaboradores con su motivación, generando confianza, objetivos y metas compartidas, es muy probable que juntos logren transmitir mucho mejor esas virtudes y la solidez de su propuesta al consumidor, y hacerle llegar un mensaje memorable y relevante.
Si la crisis no ha logrado desgastar del todo tu interés y tus ideas, si tienes un proyecto, has encontrado apoyos y has decidido lanzarte e iniciar tu empresa, te hago llegar mis más sinceros ánimos.
De ellos, por cuanto tan importante es lo que representa tu marca y las personas que comparten tu idea, destacaría:
En un proyecto lo más importante no es la idea sino el equipo que está detrás. Rodéate del mejor equipo del mundo y todo saldrá mejor. La mejor idea del mundo con un equipo mediocre no llega a ningún sitio, pero un equipo brillante puede hacer un gran negocio hasta de una idea mediocre.
Muchas pequeñas empresas y emprendedores pierden el sueño pensando “cómo va a reaccionar el mamut que tengo por competidor a mi entrada en su negocio” pero la realidad es que muchas grandes empresas no pueden hacer lo que hace un emprendedor porque tienen un distinto “perfil de riesgo”. Como emprendedor tú puedes equivocarte, hacer errores, arriesgar tu marca… Tú puedes fallar, ellos no. Ellos tienen más miedo a arriesgar su marca y su prestigio. Tu puedes hacer el ridículo, ellos no. Esa es tu ventaja.
¿Cuánta atención y difusión, sostenida, le dedicarán los medios no especializados al tema? (con excepción de RTVE, que ya tiene varios reportajes en marcha)
¿Cuánto y cuál será el reconocimiento y aprecio que los ciudadanos tendrán y sentirán por esos premios, por los galardonados y por su increíble creatividad, ingenio, constancia, tenacidad, motivación y capacidad innovadora constante, y por lo mucho que aportan para renovar y difundir el significado de la marca “España”? (Amén de Cataluña y Euskadi)
Por desgracia, todo sigue indicando que muchísimo menos que si los premiados fuesen destacados futolistas* apátridas triunfando en la gala del Balón de Oro, o en un torneo internacional. Jóvenes atléticos y voluntariosos, cierto, pero ególatras y multimillonarios a fin de cuentas y que, por lo general, son tan mercenarios como lo somos otros trabajadores infinitamente peor pagados de éste país.
No hace falta haber probado la cocina, su trabajo y el de sus colaboradores, o la experiencia de marca de sus locales para conocer y saber apreciar y valorar lo que aportan culturalmente y representan estos autores.
En mi experiencia personal, he de decir que hace unos 10 años tuve la impagable oportunidad de conocer y charlar con Ferran Adrià, y no sólo aprecié enormemente su cercanía, sinceridad, honestidad y templanza, sino su espíritu educativo y la capacidad de contagiar a propios y ajenos con una visión y misión que, si bien por entonces aún sonaban a -sabrosos- experimentos dalinianos, hoy por hoy, afortunadamente, ya muchos reconocen y alaban sin reservas como genialidad pura.
Si estos creadores, emprendedores y maestros, pero ante todo, cocineros de principio a fin, fuesen franceses o norteamericanos, probablemente lo percibiríamos, y se nos vendería, de distinto modo.
La capacidad de ciertas marcas y sectores para, apoyándose en un contexto social proclive, comunicar, despertar y generar afinidad, empatía y vinculación emocional hacia ellos (incluso fuera de su público objetivo), o la dificultad con la que se encuentran para lograrlo, es uno de los mejores indicadores para analizar qué desea potenciar, qué valora, cómo se mide a sí misma y a qué aspira una sociedad en su conjunto.
* Nota:No, no tengo nada contra el fútbol en general, y entiendo la afición como cualquier otra pasión cultural, que cambia de intensidad, o incluso de “deporte rey”, según el país o contiente. Pero me revienta el exceso absoluto y monopolizador de atención mediática que se le da, y que se fundamenta en unos manipuladores intereses económicos de enorme cuantía.
Muy estable, muy desconectada o muy en el mundo analógico estará la persona que rápidamente no asocie Infojobs a “recurso práctico para buscar trabajo”.
No tengo datos concretos sobre si la base de candidatos de Infojobs ha recibido un aumento exponencial en esta etapa que llevamos de crisis, pero mis observaciones y el contexto me dicen que sí.
Además, salvando nichos muy específicos, la competencia generalista en la Red (Monster o CareerBuilder, por ejemplo) no está alcanzando un nivel relevante, y la prensa tradicional sigue prefiriendo tratar sin demasiado esmero sus secciones de clasificados digitales, haciendo más engorrosa la experiencia de usuario y aportando escasa variedad.
Todo ello, sumado al músculo empresarial y financiero que le sirven de plataforma, parece estar manteniendo a la marca en situación de liderazgo y preferencia en la búsqueda digital de empleo. Ya no tan sólo entre perfiles medios, de edades medias, como ocurría hasta hace unos años, sino en un espectro bastante más amplio.
En nuestro sector marketing-comunicación sigue sin existir una empresa, una marca, una publicación que, como en UK ejemplifican la excelente Brand Republic y su magacínCampaign, dé un paso adelante y se convierta en canalprimordial y cualificado de relación entre oferta y demanda de empleo en la profesión. Con todo lo positivo que eso conlleva en atención, respeto y credibilidad.
Cierto, aquí se suele fichar y crecer a menor ritmo (ahora más bien se decrece con rapidez), se tiende a ser muchísimo menos claro y abierto en el planteamiento de las condiciones y beneficios (llegando a veces al puro oscurantismo), y se funciona, mayoritaria y especialmente en publicidad, por boca-oreja. Todo ello deméritosenquistados en el sistema, y que casi todos aceptamos por unos u otros motivos. Hay mucho que mejorar, aunque pocos quieren llevar la iniciativa.
Aún así, convertirse en centro de atención referente para el intercambio entre profesionales y empresas sigue siendo una oportunidad que tanto IPMARK, como Anuncios, como MarketingDirecto.com están dejando escapar, estrepitosa e inconcebiblemente, desde hace años.
Por todo ello, como desempleado, ubicado entre la publicidad y el marketing, mis visitas y uso del servicio de Infojobs tienen, evidentemente, un propósito claro, pero no sencillo en estos tiempos.
Es una herramienta más, gratuita y bien gestionada, que tengo a mi alcance para ponerme en contacto y conocer una parte de la demanda, más bien estándar, pero demanda al fin y al cabo.
Gracias a ese uso y observación reiterada, y a algunas charlas al respecto, he podido comprobar cómo la empresa ha desarrollado movimientos interesantes e inteligentes para, sin resultar intrusiva o decepcionante, obtener mayores rendimientos de este aumento del volumen de sus clientes:
Si en 2007 una persona de cualificación y experiencia media podía encontrarse con unos 100-150 candidatos concurriendo por una buena oferta, hoy la cosa suele dispararse por encima de los 400, sea cual sea la categoría, llegando a los 800 y 1000 si la oferta es inconcreta o muy abierta. Y en los perfiles senior o directivos, la cifra ronda el centenar. Muchos grandes profesionales, con grandes salarios, han caído también con la crisis, y se nota.
Es algo que no han pasado por alto desde la empresa y, junto al servicio básico (muy completo) y gratuito (para los candidatos) que ofrece, ha ido desarrollando paquetes complementarios para el usuario que busque destacarse o informarse un poco sobre sus competidores.
Si ese usuario ve el gasto adicional, no como un peaje o sobrecoste, sino como un modo de potenciar sus propios intereses, es una estupenda respuesta a la clásica pregunta de “What’s in it for me?“. Desde “hacerse más visible a las empresas”, o “testear/acreditar el nivel de inglés”, pasando por otros variados aspectos, todos ellos a un coste asequible o moderado.
Pero si hipotetizamos la gran masa de posibles usuarios interesados, necesitados o seducidos por esos detalles “extra”, que además tienen periodos de caducidad establecidos, y por tanto requerirán de reinversión en caso de no lograr rápidamente lo esperado, el resultado viene a representar un plus deingresos muy considerable.
Es un buen ejemplo de qué ocurre cuando los modelos de gestión de marca ponen al consumidor/usuario (los candidatos), como centro de sus estrategias e innovación. Si se toma muy en cuenta el contexto y sus necesidades, y se le ofrece un modo simple, rápido y a un coste asequible para incrementar cualesquiera sean sus ventajas o satisfacciones esperadas, es muy probable que la experiencia de marca se vea favorecida, y con ello el beneficio para la empresa.
Eso sí, habría que conocer si la otra parte de los usuarios de Infojobs, las empresas, valoran y tienen realmente en cuenta ese plus de interés e información que los candidatos desean mostrar.
Si alguno de vosotros actúa como seleccionador, y usa y oferta mediante el servicio, sería estupendo que pudiese comentarnos algo al respecto. Aunque sea anónimamente.
Vale la pena conocer la singular trayectoria de Buckminster Fuller y su pensamiento.
Mi post nº 100 está dedicado a todos aquellos innovadores, creativos, visionarios, soñadores que día tras días plasman y aportan su imaginación, esfuerzo, inventiva y energía para mejorar la sociedad.
Cualquiera que con su labor y actitud, individual o colaborativa, logre hacer más agradable, más comprensible, más eficiente, más democrático, más sostenible, más transparente, más ilusionante, más justo, más equilibrado, más honesto cuanto nos rodea, afecta, implica y relaciona.
Con o sin crisis, con o sin recesión, el único modo de hacer un mundo mejor es idearlo, y ponerlo en práctica.
“El marketing es la tasa que pagas por no ser extraordinario.”
Y, sin embargo, todo lo que Luis destaca que Stephens realizó en la búsqueda, conceptualización, y desarrollo de su servicio, el Geek Squad, es muestra de algunos de los mejores insights de marketing que podemos plantear.
Sabemos que el mejor marketing empieza, o debería, por contar con un producto o servicio verdaderamente destacado, innovador, útil, memorable. Extraordinario a ser posible.
El consumidor está cansado. Su dinero, cada vez más disputado. Vive en un mercado saturado de ruido, donde parte de cuanto reclama su atención no le ofrece diferencias que le seduzcan. Espera y merece que superen sus expectativas.
Así, en ocasiones, llega a conocer, valorar y confiar en la excelencia y la historia de marcas como el mencionado Geek Squad.
Por eso una marca que aspire a todo debe tener ese algo diferencial, capaz de representar su relato y promesa con garantías. Capaz de generar, por sí mismo, valor, prestigio, de atraer y retener talento en su desarrollo, y de generar una base de consumidores dispuestos a apoyar y otorgar su confianza y atención.
En algún momento, la marca podrá incorporar a agencias o equipos de comunicadores para desarrollar una estrategia que permita hacer llegar, con creatividad, su historia, su presencia, su oferta, su personalidad y estilo a más posibles usuarios o consumidores, o bien reforzar la confianza y estima de quienes ya lo son.
También es cierto que, como alegaba Stephens, la mediocridad existe en parte de la oferta del mercado, y que suele provenir de un mala concepción en origen. Por ello, a veces, se invierte en hacer seductora e interesante esa mediocridad, para así conectar con un público que, de otro modo, podría no tener en cuenta a la marca, y no permitir que crezca o mejore.
Es una decisión muy importante, que puede causar muchas decepciones, y costar aún más a medio plazo, si sólo se busca el beneficio inmediato.
Robert Stephens, en su apuesta por crear algo único, y evitar lo negativo de lo que él concebía como “marketing”, ha acabado obteniendo una de las mejores promociones posibles, el word of mouth (positivo). Aquella que transmiten los propios clientes y trabajadores satisfechos, los proveedores bien tratados, los admiradores y la propia industria. La que genera valor añadido, que cuenta una historia sorprendente, pero que el consumidor ve que es cierta, que está respaldada por unos hechos, cultura, procesos, ideas y talento al servicio de un proyecto.
La mentalidad de marketing global ayuda a plantear productos y servicios extraordinarios, y el promocionarlos permite que más personas los descubran, los consideren y, tal vez, los prueben.
Hace poco conversaba con mi mejor amigo sobre el actual y adverso panorama que estamos afrontando profesionales y empresas.
Él es un emprendedor que, mientras sus compañeros de universidad aprendían lo que era una empresa, se aventuró a crear varías (un poco al estilo Tom Cruise en Risky Business, pero sin el glamour y el puterío).
Me contaba que una de ellas, una pequeña editorial con la que se arriesgó a editar en España títulos que normalmente no llegaban, o lo hacían a un precio mayor por importación desde Asia, no lograba funcionar bien. De un tiempo a esta parte cuanto obtenía en sus actividades lo estaba destinando a ir liquidándola de un modo digno.
Sin embargo, su discurso no se enfocaba al lamento o la derrota, algo en lo que suelen regodearse el sistema financiero y los amigos de la culpabilización frente al cambio y la innovación.
Quería a su empresa, y entendía la situación. Sus palabras, llenas de naturalidad, recogían las numerosas lecciones aprendidas que le ayudaban a mejorar la orientación de su trayectoria.
Con el tiempo, viajes, talento, honestidad, pasión, aciertos, errores, amistades, capital e iniciativas invertidas en el proyecto, había logrado obtener respeto, reputación, conocimiento, confianza, contactos y atención dentro de su sector. Y, gracias a ello, está asentándose en otro modelo de negocio, orientado a la promoción y crecimiento entre los consumidores de ese mismo mercado, que tan bien ha llegado a conocer.
No vivimos en una cultura primordialmente meritocrática como pueden ser la estadounidense o algunas asiáticas, y por ello no siempre tenemos presente que el riesgo, no en su forma temeraria o de arrogante codicia (que bien nos condujeron a la burbuja inmobiliaria o a esta crisis), sino en su vertiente de atrevimiento, desafío, creatividad e innovación, es un elementos de un enorme potencial para individuos y empresas.
Y aún así, en organizaciones y equipos, lo bloqueamos, recelamos o descartamos por su falta de seguridad, ya que no siempre es fácil de controlar o medir, o porque va contra la tradición, o nunca antes se ha probado, o porque “así se ha hecho siempre, y no vamos a cambiarlo“.
En ocasiones, afortunadamente, esos valedores del riesgo y el cambio logran emprender y crear sus empresas y proyectos.
Pero a nadie le pasa por alto que, antes o después, cuando uno arriesga, podrá fracasar. Es algo que tememos, que tememos terriblemente, pues solemos entender, y aceptar, que el fracaso comporta pérdida de confianza (bancaria, social, laboral…), pérdida de presencia o liderazgo, y pérdida de inversiones, valor o activos.
La falta de éxitos rápidos y de apoyos en esas aventuras pueden condenarnos a un destierro, real o simbólico, del mundo social, laboral o empresarial, dados el sistema y cultura aún predominantes.
Pero para quienes tienen ese espíritu de iniciativa, el éxito nunca enseña tanto como el fracaso. Los triunfos sólidos suelen provenir de una trayectoria agridulce.
Las lecciones, los contactos y los insights que se adquieren mientras se llega a ese fracaso hacen mucho más eficiente, resistente y experto al profesional, al emprendedor, a la empresa que los obtiene, y con ello puede encauzar mejor sus futuras acciones, innovaciones y atrevimientos, adelantándose a la competencia conservadora y menos dinámica.
Entre todos debemos considerar qué modelo de país, empresas y profesionales queremos:
O apoyamos, retribuimos o financiamos, y fomentamos que crezcan y se desarrollen más emprendedores y profesionales que, como mi amigo, día tras día invertirán su capital, tiempo, ideas, ingenio y esfuerzo en mejorar el actual panorama, personas que generarán beneficios, oportunidades, innovación y trabajo, y que crearán un país que cuente con más marcas, más solidez y más presencia internacionales.
O seguimos albergando, regulando, trabajando y educando en un legado cultural del recelo, del poder impositivo y jerarquizado, del inmovilismo al servicio de lo establecido, donde el fracaso que guía hacia al éxito, el riesgo eficaz y la creatividad innovadora aún son los enemigos a batir, las voces a callar, los elementos a relegar.
Esta crisis presenta un escenario imperativo para decidir sobre nuestro inmediato futuro.
Si actuamos en consecuencia y aprendemos del fracaso, los siguientes éxitos pueden ser nuestros.
Incluso en estos difíciles tiempos de crisis, seguimos en un mercado (nacional e internacional) en el que muchas empresas se arriesgan a ofrecernos novedades, que pelearán sin cuartel por obtener nuestra atención y nuestro dinero.
Desarrollar y ofrecer un producto innovador, útil, necesario, práctico, superior a la competencia, de diseño eficiente, admirable, deseable, producido en el momento oportuno a un precio escalable… en resumen, un producto cojonudo, no siempre bastará para construir y diseminar una historia memorable y exitosa.
Pero es uno de los mejores principios e inversiones que se me ocurren para una empresa que realmente busque potenciar y afianzar el valor, solidez, posición, notoriedad, preferencia, atención, cuota y credibilidad conseguidas y asociadas a su marca.
Si identificas y defines claramente a tu público, si inviertes recursos, tiempo y atención en conocer sus prioridades, criterios, necesidades y expectativas, si afinas estratégicamente el código, estilo, tono y canales a los que podrán ser más receptivos, y además respetas su confianza e inteligencia ofreciéndoles algo que sorprenda y realmente valga la pena para ese grupo de consumidores, aplicando ingenio y personalidad al mensaje, es probable que obtengas su aprecio e interés, su atención, su prueba de producto, y que con ello decidan que sea la tuya la historia que cuenten a muchos otros cuando deseen recomendar una preferencia de compra o consumo.
Plafinica no sólo para llegar a tu público, sino para llegar a quienes ellos llegan (alias Propagation Planning, un interesante concepto)
Nadie ha dicho que sea tarea fácil, ni mucho menos. Si lo fuese, el mercado sería un lugar sin competencia, sin interés, sin sorpresas, sin estímulos, sin éxitos ni fracasos. Un no-mercado.
Pero si realmente vinculas la innovación y creatividad como valores esenciales de tu marca, si te gusta y motiva lo que produces y vendes, y sabes comunicarlo y contagiarlo a quienes trabajan y colaboran contigo y con tu empresa, hay mucho terreno ganado.
La entrada de los Microsiervos (entre muchas otras), el video-demo y la inteligente elección del protagonista (la gente de marketing -al uso- genera conocidos recelos entre los geeks), y el propio producto (impresionante), además de los ya conocidos valores y trayectoria de Samsung, son inmejorables ejemplos de todo lo planteado.
1. tr. Elevar las cosas sobre la realidad sensible por medio de la inteligencia o la fantasía
O también, aquello que los publicitarios creamos en nuestras historias, en respuesta a la realidad que buscamos reflejar, para presentar en la mejor forma posible el producto o marca a su público. Sea esta forma la belleza o el atractivo por doquier, el hiperrealismo (la perfecta cutrez cotidiana) o la pseudo ciencia de las animaciones digitales mostrando virtudes y efectos de cosméticos o productos de limpieza.
Se construyen ilusiones estéticas y argumentales para que, de algún modo, satisfagan, seduzcan, informen, eduquen, motiven o hagan feliz a quien consuma la marca, sea por las expectativas previas, sea por el resultado, sea por el proceso integral.
Ejemplo reciente: Anuncio de T-Mobile (que ya comenté), en el que se logra elevar una flashmob a la categoría de perfecta coreografía de musical. ¿Eficaz para la marca? Probablemente ¿Concepto original? No del todo ¿Ejecución del spot y planteamiento de marca memorables (y virales)? Absolutamente.
1. adj. Acreditado de cierto y positivo por los caracteres, requisitos o circunstancias que en ello concurren.
2. adj.coloq. Honrado, fiel a sus orígenes y convicciones.
La gente, cuando actúa, se relaciona y vive según sus convicciones, instintos, emociones, ideas de modo sincero y natural, busca ser, sentirse, auténtica. Y lo auténtico suele ser algo caótico, emotivo, impulsivo y reactivo, no siempre mostrándose ideal, bonito, controlado, minuciosamente planificado o perfecto al detalle (aunque haya excepciones).
Pero de un modo u otro, el resultado puede llegar a ser inspirador, llamativo, admirable y contagioso. Por eso el público valora, consume y prefiere las marcas que logran ser, o mostrarse, auténticas en sus categorías. Mediante su compra y uso les ayudan a indicar a los demás que ellos también lo son.
En otras ocasiones, esas mismas gentes procuran recordarnos que estaban primero, y que aunque nos regalen ideas (a los publicitarios, cineastas, periodistas, escritores, artistas…), ellos pueden hacerlo “aún mejor, más intenso, más auténtico”. Por algo son Prosumers.
Ejemplo reciente: La multitud se organiza a través de Facebook, miles, y se concentra enla estación de Liverpool, donde se rodó el mencionado anuncio. La belleza plástica se pierde o difumina al fundirse entre el gentío, pero impresiona y es auténtico por eso mismo.
Cuando el ingenio publicitario se ve abrumado por la presión, o falto de tiempo, presupuesto e inspiración propia, siempre puede recurrir a la ajena. El talento imita, los genios roban, ¿no?
Los resultados, así, llegan a ser diversos. Tan diversos como las fuentes de donde se tome, y la sabiduría con la que se elija, aplique y se ejecute lo tomado.
Pero si hasta en eso se tiende a la vagancia mental, se convierte en una costumbre peligrosa, que puede empobrecer el potencial y reconocimiento creativo e innovador de una agencia a medio plazo, y que la somete a la crítica abierta de la propia profesión.
Acuerdos económicos, exigencias, plazos, público y objetivos marcan los límites y necesidades en los que deben moverse los estrategas y creativos. Sin lugar a duda no es tarea sencilla.
Aún así, optar por la vagancia mental seguirá resultando útil y eficaz mientras se muestre rentable a nivel negocio. Pero creativamente se reconoce, como mínimo, una elección cuestionable.
Ejemplo reciente: La cadena de ópticas Alain Afflelou comunica su marca, aparentemente en perpetua promoción, recurriendo al propio Alain como elemento de autenticidad. El tono alegre, musical y dinámico de sus anuncios no es muy original, ni las propuestas son creativamente destacables, pero seguramente son acordes al objetivo de notoriedad y penetración de mercado (ventas).
En su más reciente anuncio, el de la promo Next Year, tenemos un decepcionante ejemplo de vagancia mental mal encaminada.
Imitar el estilo de la pieza de Saatchi & Saatchi para “T-Mobile”, sin plantearle un contexto al espectador, sin darle un sentido a las acciones en pantalla, sin que la historia contada esté enfocada a reforzar una idea (“Life’s for sharing” es el fin del spot inglés), no aporta nada interesante a la comunicación general, y aún menos a la marca en particular.
Vía los Microsiervos llego a este decálogo que Dieter Rams, jefe de diseño de la marca Braun entre 1961 y 1995, concibió respecto a lo que debía cumplir, ser y ofrecer un buen diseño, y así poder replantearlo si éste no satisfacía los criterios.
Su sensatez, coherencia y capacidad inspiracional siguen estando vigentes entre algunos sectores del diseño, pese a que vivamos en la era de la obsolescencia programada (o planificada).
Creo que los fan-boys de la manzanita pensaréis en “vuestra” marca al leerlos. Cierto que Apple cumple muchos de los supuestos. Por algo tiene la imagen que tiene. Pero os invito a señalar los que no, o aquellos en los que podría mejorar aún más (que tal vez no sean forzosamente interesantes para su modelo de negocio).
Si además queréis añadir aquellas marcas que creáis que estén destacando creativamente en la industria del diseño, y que se ajustarían en su forma de hacer a este decálogo ético-estético, todos aprenderemos algo nuevo.
Cuando creas, cuando innovas, cuando polarizas, cuando emocionas, cuando cuentas historias memorables, cuando descubres, albergas y potencias talento, cuando vas a los extremos, cuando sabes que no eres para todos, ni quieres serlo, y trabajas con ese sentimiento guiándote, enocontrarás quienes te sigan, quienes te promuevan, quienes te admiren, quienes te copien, quienes te prefieran y defiendan más allá de la racionalidad, y, tal vez, te conviertas en un mito, en su mito, en un creador, una marca, “de culto”.
Tarantino ha logrado, con no excesivos trabajos a sus espaldas, pero sí con talento y carisma, acceder a ese estatus.
Se pueden cuestionar muchas, muchísimas, cosas sobre él, sobre su obra, sobre lo que propone, sobre las expectivas que levanta y los resultados que ofrece, pero no sobre la categoría que ostenta.
Este es el blog de Daniel Muro.
Un espacio abierto a la charla sobre marketing, publicidad, marcas, account planning, internet, inventiva, creatividad, innovación, comunicación, ciencia, pensamiento 2.0, diseño, política... y un sin fin más de las numerosas facetas del ingenio humano.
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