Aunque la observación y captación de tendencias socio-culturales nos ha acompañado desde el principio de los tiempos, su vertiente más actual, comercial, oficial y abundantemente popularizada por los mismos consultores, no había sido tan reconocida, aceptada y difundida como en esta década.
La explosión de profesionales de muy diversos bagajes y estilos ha acabado convenciendo a muchas empresas, medios y otros profesionales de lo estratégico de usar sus servicios, siempre con la esperanza y el interés de contar con una posible ventaja competitiva. Y ello, como ocurre con todo florecimiento, ha llenado el mercado, físico y digital, de variadas metodologías, presentaciones, informes, artículos y listas de todo tipo y condición.
Sin duda muchos de nosotros habremos tenido oportunidad de leer algunos más relevantes, fiables o sólidos, que habrán resultado realmente útiles e inspiradores, pero en otras muchas ocasiones nos habrán colado goles a mansalva, y habremos pagado por ellos bien con nuestro capital, bien con nuestro tiempo y atención, bien con nuestra credibilidad profesional.
El genial, ingenioso y mordaz Jon Stewart, a través de su inimitable vehículo mediático, el “The Daily Show“, se marca una sesión de ilustrativo cinismo dando cera al colectivo.
(No puedo embeber el video en WordPress.com, por lo que sugiero verlo mediante ese enlace).
Un colectivo, además, tan variado hoy día que cabe casi cualquiera que se autodenomine y promueva como “trend watcher”, “coolhunter”, “trend spotter”, “cazador de tendencias”, “consultor de tendencias”, y un largo etc. Cosa que provoca que sea una creciente, ardua y (en ocasiones) costosa labor filtrar a los cantamañanas y espabilaos de aquellos que de verdad aportan valor e insights con sus propuestas.
Aquí, como en casi todo juego adivinatorio/intuitivo, por más o menos análisis profundo y formal con el que contemos, se juega con tantos factores ambientales y percepciones sesgadas que en demasiadas ocasiones se acaba deseando ver trufas donde sólo había piedras.
Aún así, no niego que a menudo me resulta atractivo repasar las propuestas por sorprendentes u obvias que sean (y acaben resultando una enorme chorrada, o no) de ciertos “tendencieros” a quienes leo y que me despiertan confianza, ya que siempre provocan, como mínimo, que piense al respecto. Es lo que tiene la curiosidad humana.
He llegado al video vía esta buena y breve reflexión de Tim Stock en su Brand Noise.