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Ellas tambien quieren jugar

Interesante y divertido análisis/reflexión de Daniel Floyd y Leigh Alexander que plantean cómo el sector del videojuego debería intentar ser cada vez más un entorno empático en el que ambos sexos se encuentren abierta y colectivamente a gusto, llegando así a desarrollar su máximo potencial de ocio y consumo, sin sentirse objeto de posibles “afrentas” de género.

Los autores sueltan una más que probablemente merecida colleja a algunas costumbres muy poco empáticas del (mal) marketing, pero la acompañan (como siempre debería ocurrir al ejercer la crítica) de propuestas, soluciones e inspiración para reenfocar nuestro modus operandi si pretendemos lograr la paridad gamer.

Aún así, una vez visto el video y leídas varias opiniones, creo que quien aporta el insight más significativo respecto a esos rechazos, hábitos o actitudes distantes femeninas es una lúcida jovencita llamada Hanna Burrows en este comentario.

No es tanto el peso del seximo (aunque lo haya), sino la importancia de la dicotomía: Jugador Social (femenino) VS Jugador Individualista (masculino).

Vía Veronica Belmont.

Solución a la americana: ante la ansiedad, tubo de plomo

Una historia de los mismos que nos trajeron “Colega, ¿dónde está mi Uzi?”, “Volando los puentes de Madison”, o “Pistolón en Las Vegas”:

Público – La recesión dispara la venta de armas en USA

A nivel personal he de decir que nunca me han desagradado las armas. Sigo considerando que todo depende del uso al que se destinen, y de las manos y contexto en los que se encuentren. Dicen mucho de cómo funcionamos y nos relacionamos en sociedad. El Mundo Real™ aún no es un lugar idílico, ni equilibrado, ni, mal que nos pese, somos Neo.

Acertemos a reconocer las oportunidades y gestionarlas en nuestro favor, o no, es evidente que todo mercado tiene sus drivers, las motivaciones intrísecas, generalmente apegadas a lo más íntimo y emocional de las personas, e insights, las llaves para comprenderlos.

Y el problema esencial es que en el caso de las armas de fuego esas motivaciones tienden a responder, de modo exponencial, al miedo, la irracionalidad primaria, la desconfianza, o la incertidumbre ambiental, política, social o económica (o todas). Poderosos factores por sí mismos, aún más, unidos y acentuados por la crisis.

Las cifras ya no hablan del estereotipado simpatizante de la NRA y admirador de la atlética y jodidamente zumbada pizpireta Palin, sino del tipo más moderado, tal vez hasta liberal, que incluso en la belicosa “Era Bush” llegó a descartar el adquirir una brillante y portatil distribuidora de plomo.

Es a ese nuevo segmento, a ese consumidor, situado en una cultura que favorece la autodefensa y aceptación de las armas, a quien ahora una turbulenta mezcla de sensaciones e informaciones le hace salir del hogar, raúdo y angustiado, a por uno, o varios, relajantes del calibre 38. Ese ciudadano buscará, como todos hacemos al comprar (lo que sea), calmar o satisfacer su necesidad, esa extraña angustia que le ahoga y se acrecienta.

Parece un clima de opinión, y de consumo, que sin duda ciertos medios (¿alguien dijo Fox?) estarán alentando cosa fina (nota profesional: no dudo de que con interesado soporte de potentes y eficaces agencias de RRPP, facilitando datos aportados por sus clientes).

Es curioso, aunque nada contradictorio, constatar cómo las motivaciones que hacen aumentar las ventas a cuidadanos “medios” (no-cazadores) de reconocidas marcas como Smith & Wesson, Glock, Colt, etc., funcionan casi a la inversa de las que suelen favorecer la generación de capitales, empleos o inversión en los mercados, elementos que siempre piden de más tranquilidad y estabilidad para fluir en el mercado y crecer, llevándose así, con sus aparentes bondades, muchas de esas angustias antes mencionadas.

Una firme realidad (no por eso menos inquietante), asociada a aquellos países donde es legal (o semi-legal) y sencillo hacerse con pistracos (o cosas más serias) por un módico precio,  sin licencias o controles más estrictos por medio.

Aún así, para señalar que respecto a las armas hay muchas perspectivas, y que la historia y los hábitos juegan siempre un papel fundamental, recordaré aquella frase “tan USA” que rezaba:

“Dios creó al hombre, Samuel Colt los hizo iguales”.

Satisfacción, euros y felicidad

“Si quieres comprar felicidad harás mejor invirtiendo en una experiencia en vez de en una cosa”.

- Kevin Kelly -

Todos aquellos procesos de compra dirigidos a algo más allá de lo realmente básico e imprescindible (y en numerosas ocasiones, éstos también), siguen a un previo, y no siempre consciente, proceso de decisión e identificación tremendamente influido por nuestro estado anímico y expectativas emocionales.

Las personas emocionalmente satisfechas, o estables, respecto a su vida, sus relaciones personales, su carrera, su estado físico, su aspecto… tienden a ser menos proclives a comprar, o ser influidas, impulsivamente en busca de eso que las “haga felices”.

La infelicidad, en sus muy diversas formas, fondos e incertidumbres, y mal que nos pese aceptarlo, es un enorme motor del mercado. Y todos somos susceptibles a su influjo en algún punto u otro de nuestra esfera emocional.

La crisis no ha mitigado esa infelicidad. Sin duda contribuirá a su aumento. Pero sí ha bloqueado, en parte, el ímpetu por solventarla mediante transacciones económicas, ahora más escasas, en número e importe. Lo cual, tal vez, esté haciendo acumular malestar o frustración interna a muchos hasta que se hagan a la nueva situación.

Como consumidor, la próxima vez que salgas de casa llevando contigo esa incierta insatisfacción o ansiedad, y la comprensible intención de cambiar ese estado interno mediante algunos de tus trabajosamente obtenido euros, no estaría de más recordar el consejo de Kevin Kelly para encontrar un fin al que destinarlos.

Estoy seguro de que tienes, tenemos, más imaginación, ideas y creatividad, y mejor gestión económica, de la que la anterior época de abundancia parecía sugerir, cuando entrar en una tienda y comprar algún (¿innecesario?) bien era mucho más sencillo, y mucho más habitual.

Read a book

Campaña de concienciación y cambio de actitudes enfocada al público jóven afroamericano, urbano, descontento, rebelde y no muy motivado a hacerse con sus responsabilidades, o a la mejora de sus hábitos.

La adopción del código cultural, hip-hop potente, original y crítico de notarapper, y del audiovisual, propio de ciertos dibujos de la MTV, creo que favorece captar la atención del público objetivo, y contribuye a hacer más memorable, viral y notorio el mensaje.

Aunque la pieza me parece ingeniosa, creativa, interesante, y mola, no sé cuán efectiva será la propuesta general si no ha ido acompañada de otras acciones de marketing social más cercanas, complejas, focalizadas y de aplicación en el ámbito comunitario (institutos, centros cívicos o deportivos, etc.).

Un sólo spot, en TV o en la Red, puede ser poderoso, pero la batalla por cambiar hábitos requiere constancia, innovación, adaptabilidad y recursos.

Aún así, como elemento aislado vale la pena disfrutarlo, y atender al mensaje, pues puede aplicarse tanto a ellos como a nosotros.

Read a motherfucking book, que no duele. Igual hasta os gusta.

Vía Guerra Eterna.