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Si fuera una campaña teaser de cerveza, sería brillante

… y muy, muy arriesgada.

La venganza 2.0 en esencia:

Gearfuse – Brother gets sweet, sweet revenge on sister by posting hook up list on Facebook


Pero, como la cosa viene de USA (país de peculiar y polarizada moral), y mediante Facebook (que se jugaría una avalancha de quejas alimentando un caso así), no, no creo que ni siquiera DDB, con sus habituales propuestas divertidas y arriesgadas para Bud Light, se atreviese. En casi todo juicio de marketing los potenciales inconvenientes superarían los beneficios.

Aún así, sigue pareciéndome, simple y llanamente, un hecho jodidamente divertido y tremendamente viral (vale, y controvertido). Causa-Efecto, Acción-Reacción.

Además, por encima de todo, creo que sirve de gran (y esperpéntica) lección práctica sobre cómo las generaciones más “naturalizadas” con la Red han perdido (o siguen perdiendo) muchas de las barrerras racionales y emocionales respecto a qué hacer y no hacer público de nosotros mismos (… o de nuestas hermanas), que los algo más viejunos sí solemos tener.

Vía: un gran amigo y creativo que se me va a las Américas, a recuperar el amor y probar fortuna como mercenario de los titulares con ingenio. (Un brindis por tu sabia decisión, Victor. ¡Muchísima suerte Monsieur!)

Emociónales, comprarán mejor

En el mundo de las tiendas on-line es tan importante, o más, sentar un tono emocional en el visitante como lo es en el off-line. La competencia es feroz, y diferenciarse no siempre es una cuestión de look, sino de estilo al entender la interacción con tu cliente.

Si lo logras antes de que empiece a buscar lo que pretendía, y lo haces de forma tan simpática que captas su atención de modo sorprendente y positivo, le alegras, le entretienes, y de paso le enseñas un buen número de tus productos que tal vez no conocía, no queda sino darte la enhorabuena. Seguro que comprará más feliz, y tal vez, más.

Para muestra, un botón. (dejad que se cargue antes de tocar nada, vale la pena)

Vía If This Is A Blog Then What’s Christmas?

Solución a la americana: ante la ansiedad, tubo de plomo

Una historia de los mismos que nos trajeron “Colega, ¿dónde está mi Uzi?”, “Volando los puentes de Madison”, o “Pistolón en Las Vegas”:

Público – La recesión dispara la venta de armas en USA

A nivel personal he de decir que nunca me han desagradado las armas. Sigo considerando que todo depende del uso al que se destinen, y de las manos y contexto en los que se encuentren. Dicen mucho de cómo funcionamos y nos relacionamos en sociedad. El Mundo Real™ aún no es un lugar idílico, ni equilibrado, ni, mal que nos pese, somos Neo.

Acertemos a reconocer las oportunidades y gestionarlas en nuestro favor, o no, es evidente que todo mercado tiene sus drivers, las motivaciones intrísecas, generalmente apegadas a lo más íntimo y emocional de las personas, e insights, las llaves para comprenderlos.

Y el problema esencial es que en el caso de las armas de fuego esas motivaciones tienden a responder, de modo exponencial, al miedo, la irracionalidad primaria, la desconfianza, o la incertidumbre ambiental, política, social o económica (o todas). Poderosos factores por sí mismos, aún más, unidos y acentuados por la crisis.

Las cifras ya no hablan del estereotipado simpatizante de la NRA y admirador de la atlética y jodidamente zumbada pizpireta Palin, sino del tipo más moderado, tal vez hasta liberal, que incluso en la belicosa “Era Bush” llegó a descartar el adquirir una brillante y portatil distribuidora de plomo.

Es a ese nuevo segmento, a ese consumidor, situado en una cultura que favorece la autodefensa y aceptación de las armas, a quien ahora una turbulenta mezcla de sensaciones e informaciones le hace salir del hogar, raúdo y angustiado, a por uno, o varios, relajantes del calibre 38. Ese ciudadano buscará, como todos hacemos al comprar (lo que sea), calmar o satisfacer su necesidad, esa extraña angustia que le ahoga y se acrecienta.

Parece un clima de opinión, y de consumo, que sin duda ciertos medios (¿alguien dijo Fox?) estarán alentando cosa fina (nota profesional: no dudo de que con interesado soporte de potentes y eficaces agencias de RRPP, facilitando datos aportados por sus clientes).

Es curioso, aunque nada contradictorio, constatar cómo las motivaciones que hacen aumentar las ventas a cuidadanos “medios” (no-cazadores) de reconocidas marcas como Smith & Wesson, Glock, Colt, etc., funcionan casi a la inversa de las que suelen favorecer la generación de capitales, empleos o inversión en los mercados, elementos que siempre piden de más tranquilidad y estabilidad para fluir en el mercado y crecer, llevándose así, con sus aparentes bondades, muchas de esas angustias antes mencionadas.

Una firme realidad (no por eso menos inquietante), asociada a aquellos países donde es legal (o semi-legal) y sencillo hacerse con pistracos (o cosas más serias) por un módico precio,  sin licencias o controles más estrictos por medio.

Aún así, para señalar que respecto a las armas hay muchas perspectivas, y que la historia y los hábitos juegan siempre un papel fundamental, recordaré aquella frase “tan USA” que rezaba:

“Dios creó al hombre, Samuel Colt los hizo iguales”.

Rory Sutherland: “valor percibido, valor real”

ogilvyUK-rory-sutherlandRory Sutherland, vice presidente de Ogilvy UK, orador carismático, brillante y persuasivo, creativo experto y afín a las nuevas tecnologías, tipo de orondo ingenio donde los haya, y blogger en Campaing (entre muchas otras cosas), ofreció hace poco la charla que hoy os propongo disfrutar.

Mr. Sutherland brindó esta divertida y memorable presentación en la más reciente (y británica) edición de las admiradas, inspiradoras e imprescindibles TED Taks.

En ella articula, a través de simpáticos, reveladores y sorprendentes ejemplos, un discurso, plagado de ironías y que engancha desde el minuto 0, acerca de cómo resulta más importante el valor emocional y percibido que obtenemos de las cosas y experiencias, punto esencial de toda actividad publicitaria, que no la realidad material en la que nos desenvolvemos.

Merecen especial mención los últimos minutos, en los que Rory invita a usar eso que nos acaba de plantear sobre nuestra irracional y emotiva naturaleza para ser más felices o, como mínimo, disfrutar más y mejor de lo que nos rodea.

Elegancia francesa y nostalgia ochentera

O lo que es lo mismo, “Phoenix meets the Brat Pack”.

Debo darle crédito, por enésima, merecida y agradecida vez, a James y su Cool Scene Investigation por mostrarme esta perla capaz de animar la semana más dura, o de inspirar un fin de semana de lo más memorable.

Genial mashup de clips de pelis del “Brat Pack” (fílmico, no el literario), donde destaca especialmente la mítica “El Club de los Cinco”, y de la excepcional canción de Phoenix “Lisztomania”. La autoría de semejante regalo es de esta chica, que demuestra humor, ingenio y talento en varios de sus otros videos. (¡Vivan los prosumers!)

Como decía el magistral Don DraperNostalgia!

Quien, o lo que, una vez nos emocionó siempre será más poderoso y vinculado a nuestro buen recuerdo que quien intente lograrlo en adelante, cuando más exigente y absorbente es el camino, y más duros, menos atentos y más saturados nos volvemos nosotros.

Es algo que bien saben y procuran explotar estratégicamente muchas y reputadas marcas (Danone, Coca-Cola, Converse o Casa Tarradellas serían buenos y exitosos ejemplos).

En fin, volviendo a lo fundamental, por un rato, que le den a la crisis. ¡A bailar!

No, el enemigo no son los salarios, son las mentiras

cierre-empresas

Por más que la CEOE se empeñe en focalizar su mensaje demagógico en los salarios, que tan bien le viene a la hora de generar EREs masivos o pequeñas y constantes sangrías, barnizados con la respetabilidad que otorga el optimizar para estos tiempos difíciles.

Cosa que, como buenos profesionales y trabajadores, sí que comprendemos necesario, e incluso colaboramos si lo vemos justo, como el caso de SEAT y su congelación salarial.

Declaraciones de Gerardo Díaz Ferrán, hoy, en su discurso de reelección como presidente de la patronal:

[...] Tras ser reelegido, Díaz Ferrán aseguró que la moderación salarial es “esencial” para paliar la destrucción del empleo y advirtió a los sindicatos de que no firmarán ningún acuerdo de negociación colectiva que favorezca la desaparición de empresas.

Díaz Ferrán aseguró que fue imposible llegar a un acuerdo en la negociación colectiva con los sindicatos porque los empresarios no pueden ceder “ante las convicciones de lo que es necesario”, y dijo que la patronal siempre está dispuesta a un acuerdo “excepto cuando las empresas están en peligro”.

Palabras orientadas a mostrar inquietud y victimismo interesado, y en clara oposición a lo que ayer Díaz Ferrán, como espectador, escuchaba de boca de Cándido Méndez de UGT:

“En los últimos meses se ha pasado a otro tipo de afirmaciones”, señaló Méndez, tras asegurar que los “profetas del despido libre” son los “profetas de la inseguridad” y subrayar que lo que le hace falta al país es confianza y que la “inseguridad es la madre de todos los desastres”.

Insistió en que el verdadero problema de la economía española es que los salarios son bajos. “Hay que subirlos, que quede claro de una vez”, subrayó en presencia del presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, y del presidente de Cepyme, Jesús Bárcenas, que acudieron a la apertura del congreso.

A su juicio, son los trabajadores los que están pagando con más dureza la crisis económica, y consideró que algunos pretenden “que la vuelvan a pagar reduciendo los salarios”, motivo por el que pidió a la CEOE que actúe de forma contenida en épocas de crisis.

Y si alguien busca una dosis de cierto análisis economicista de la situación salarial actual, muy recomendable es el artículo de Juan Carlos Escudier “De reducir los salarios y otras memeces“:

[...] Algo tiene que fallar en este esquema porque ni los salarios son altos ni han crecido en los últimos tiempos, sino todo lo contrario -el sueldo medio cayó en 2006 un 0,7%- y su impacto en la productividad es similar al de otras economías. Lo certificaba recientemente el catedrático de Economía Aplicada, Vincenç Navarro: “El nivel de productividad de los trabajadores de la manufactura en España es el 75% de sus homólogos estadounidenses (año 2007), el mismo porcentaje prácticamente que los salarios de tales trabajadores representan de los estadounidenses (79%). Los trabajadores españoles no están sobrepagados. En realidad, en comparación con sus homólogos en la UE-15, están subpagados”. Duda despejada.

[...] Según este análisis, las rentas del capital habrían crecido vertiginosamente en los últimos años y en su comportamiento especulativo estaría la causa de la crisis financiera actual; por el contrario, las rentas del trabajo habrían perdido peso en la renta nacional, provocando un descenso de la capacidad adquisitiva de las clases medias y populares y, en definitiva, del consumo, lo que explicaría la crisis económica. [...]

Parece absurdo que la patronal olvide lo que es una Sociedad de Consumo. Aunque, tal vez, sea una amnesia voluntaria, amparada en el deseo de llevar el país a un modelo similar a la China, y no a alcanzar al resto de nuestros “socios europeos” (los cuales, de media, tienen un salario mínimo que dobla el español).

Si en España se produce o importa, pero los ciudadanos no pueden o quieren consumir, sea por escasez de recursos más allá de la subsistencia o por falta de trabajo, sea por el estado emocional agobiante al que están sometidos mediáticamente, entonces sí que las empresas no tendrán razón alguna para su existencia. Por mucho que desde el marketing y la publicidad intentemos generar alegría, dinamismo o ilusión.

Seguimos escuchando las historias de miedo y los apocalípticos relatos que constantemente envían, desde púlpitos privilegiados, aquellos que sí tienen poder para negociar y que están recibiendo las ayudas y los créditos que los trabajadores o las pymes no obtienen ni por activa ni por pasiva.

Es incontestable y reconocido que el fin principal de una empresa debe ser generar beneficios y enriquecer, lícitamente, a sus dueños, directivos o accionistas, y mantenerse a flote en los malos tiempos, incluso a costa de prescindir, mediante acuerdos, de parte de sus trabajadores.

Pero en esta crisis hay demasiados movimientos interesados que huelen intensamente a podrido.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Somos el lumpenpropletariat posmoderno? ¿Pagamos unos por los excesos de otros? ¿Tenéis datos o argumentos que apoyen, fundadamente, el mensaje de la CEOE?

¿Conversamos o discutimos?

Buena parte de nuestra vida la desarrollamos como “animales sociales”, y una de las cualidades que más útiles resultan a una persona es saber comunicar con claridad sus ideas, opiniones, estados emocionales, dudas, deseos…

Ser, o sentirse, incomprendido no siempre tiene un origen externo, sino una deficiencia propia, a veces no reconocida o no valorada, en esa parcela. Nuestro sistema educativo, es cierto, no fomenta demasiado esas habilidades expresivas. Pero no creo justo responsabilizar únicamente a los educadores. Familia, círculo social y profesional, y actitudes e intereses de uno mismo frente al medio tienen mucho que decir al respecto.

Históricamente, en la cultura occidental, a diferencia de algunas asiáticas, el oyente (o la audiencia) no tiende a hacer un “gran” esfuerzo por entender aquello que se le está intentando comunicar. Si el mensaje no es claro, solemos apuntar a que la culpa reside en el emisor, en quien busca transmitir algo. Por tanto, no es error nuestro el no haber entendido, es suyo por “no saber comunicar“.

Ser capaz de expresarse eficazmente no sólo requiere tener clara la idea o tema a transmitir, además de un buen dominio del lenguaje (escrito, verbal o gestual), sea en modo coloquial, sea elaborado (culto o retórico) o profesional (las jergas propias de cada sector), sino tener en cuenta a quién nos estamos dirigiendo, nuestra relación con ella, el contexto (momento, ambiente, ubicación, situación) en que comunicamos con esa persona, cual es su perfil psico-social, la atención que puede llegar a prestarnos (breve o extensa, dispuesta o reacia), su posible estado emocional, y el nivel de comprensión de significados, matices, metáforas, etc. que creemos que podrá, o querrá, aceptar nuestro oyente o interlocutor.

Aunque complejo, la mayoría las personas planteamos todo ello casi instantáneamente, en especial en conversaciones rápidas, imprevistas, cotidianas o en las que las emociones toman más protagonismo. Y eso, si las habilidades expresivas no son buenas (y a veces aunque lo sean), puede llevarnos a errores, y a que el diálogo se acabe sin haber logrado nuestro objetivo, o que derive en cansinas e inútiles discusiones, que no hacen sino más mal que bien a la comprensión mutua.

Discutir es humano, sin duda, y a veces necesario. Libera tensiones, revela actitudes y tiende a expresar cosas que sólo la excitación del momento facilitaría soltar. Pero, creo que estaremos de acuerdo, no es el modo más eficiente para entendernos.

Y es que, si tan importante es tener claro lo anterior, aún más lo es el mejorar nuestra propia predisposición a escuchar, a respetar, atender y comprender la información, verbal y no verbal (gestos faciales o del cuerpo), que nos devuelve nuestro interlocutor, razonar sobre sus argumentos, reacciones, emociones e ideas, y pensar y asimilarlos antes de responder de nuevo.

Yujiro Koyama, una suerte de Kirai a la inversa, y autor del simpático, sincero y cross-cultural blog Un japonés en Barcelona, escribía hace unos días al respecto de las diferencias de forma y fondo que observaba en algunas de nuestras conversaciones.

Creo que sus reflexiones, algunas de las cuales señalo a continuación, son estupendos puntos de partida para quien realmente desee hacerse entender, y no sólo hablar por hablar, o peor aún, gritar por gritar, algo desgraciadamente común, y socialmente aceptado, pero que muchas veces nos lleva a no comprendernos en absoluto.

Me ha dado la sensación que en español, el que chilla más gana la discusión, no el que tiene más razon, ni el que es mejor convenciendo.

La gente va hablando súper rápido con voz alta a la vez. Yo digo algo pero pasan de lo que digo porque están tan concentrados en hablar rápido y chillar más que los otros que incluso un terremoto pasa sin que se den cuenta ellos.

Es un poco triste que en una discusión, tengas que hacerlo así para que te hagan caso.

Las ganas de hacer que te escuche (chillando) gana las de escuchar al otro, que es la persona que tienes que convencer.

He dicho “ganas de escuchar” pero a veces no las veo en ningún lado. Si quieres discutir así, no hace falta que lo hagas con personas. Mejor con algo inorgánico nen, como una pared.

Te escucha bien y estará totalmente vencida.

Si para quienes hemos elegido como medio de vida esto del marketing, la publicidad o la comunicación es fundamental que los demás nos entiendan (y no siempre lo logramos), creo que como personas sería muy saludable que pudiésemos disfrutar más del placer de conversar, y menos de la insistencia en discutir.

¿Que opináis?

Satisfacción, euros y felicidad

“Si quieres comprar felicidad harás mejor invirtiendo en una experiencia en vez de en una cosa”.

- Kevin Kelly -

Todos aquellos procesos de compra dirigidos a algo más allá de lo realmente básico e imprescindible (y en numerosas ocasiones, éstos también), siguen a un previo, y no siempre consciente, proceso de decisión e identificación tremendamente influido por nuestro estado anímico y expectativas emocionales.

Las personas emocionalmente satisfechas, o estables, respecto a su vida, sus relaciones personales, su carrera, su estado físico, su aspecto… tienden a ser menos proclives a comprar, o ser influidas, impulsivamente en busca de eso que las “haga felices”.

La infelicidad, en sus muy diversas formas, fondos e incertidumbres, y mal que nos pese aceptarlo, es un enorme motor del mercado. Y todos somos susceptibles a su influjo en algún punto u otro de nuestra esfera emocional.

La crisis no ha mitigado esa infelicidad. Sin duda contribuirá a su aumento. Pero sí ha bloqueado, en parte, el ímpetu por solventarla mediante transacciones económicas, ahora más escasas, en número e importe. Lo cual, tal vez, esté haciendo acumular malestar o frustración interna a muchos hasta que se hagan a la nueva situación.

Como consumidor, la próxima vez que salgas de casa llevando contigo esa incierta insatisfacción o ansiedad, y la comprensible intención de cambiar ese estado interno mediante algunos de tus trabajosamente obtenido euros, no estaría de más recordar el consejo de Kevin Kelly para encontrar un fin al que destinarlos.

Estoy seguro de que tienes, tenemos, más imaginación, ideas y creatividad, y mejor gestión económica, de la que la anterior época de abundancia parecía sugerir, cuando entrar en una tienda y comprar algún (¿innecesario?) bien era mucho más sencillo, y mucho más habitual.

Merecerlo

Quien entienda y conozca la relación que se establece entre algunos humanos y sus mascotas, ya sabe que, en ocasiones, llegan a convertirse en amsitades que pueden aportar y significar tanto como las que establecemos con nuestros más queridos y mejores amigos (humanos, claro está).

Capaces de potenciar el cariño, cuidado, afecto y expresividad de los introvertidos, capaces de disfrutar, enriquecer, dinamizar y animar el día a día de los extrovertidos. Perros, gatos, pajaricos, conejos, reptiles, roedores… siempre hay un tipo de mascota para cada caracter y circunstancia.

Aún así, son muy pocas las ocasiones en que he sido testigo de una declaración, una carta de despedida a un amigo que ya no estará ahí para seguir compartiendo nuestra vida,  tan sincera, emotiva a la vez que contenida, digna, comprensiva, realista y excelentemente redactada como la que hoy comento. Transmitir tanta empatía y afecto, con serenidad y naturalidad, sin entrar en cursilerías, a través de una historia memorable y con la que vincularse, es una lección añadida de storytelling para quienes nos dedicamos a esto de la Comunicación.

Scott Adams, creador del imprescindible Dilbert, tipo ingenioso donde los haya, escritor dotado de inteligencia, ironía y humor, y persona por quien tengo gran simpatía, le dedicó hace unos días este post-carta a Sarah, su gata, la energía y vitalidad de la cual, después de 19 magníficos años, había dicho basta.

Scott Adams – My cat

No sé qué dirán, pensarán y sentirán por nosotros quienes nos aprecian y comparten mucho de nuestra vida. Los humanos somos tremendamente complicados, aunque intentemos vivir con reconfortante y aparente simplicidad. Nuestras decisiones, acciones y relaciones a veces son acertadas, otras muchas, no. Pero si algún día merecemos que alguien escriba algo así, probablemente habrá valido la pena el camino.

Emergencias, percepciones y reacciones

Quien más quien menos habrá padecido algunas de las recientes y numerosas inclemencias y complicaciones climáticas que sacudieron los diferentes territorios del Estado, dando lugar a diversas, peligrosas y tristes emergencias urbanas y rurales.

Las consecuentes reacciones, indignaciones, impotencias, reclamaciones, lícitas quejas y airadas rabietas que los ciudadanos hemos manifestado y compartido por doquier son naturales, necesarias, comprensibles y… de esperar.

Entendemos, o así lo quisiéramos, que los sistemas de prevención, control y actuación deberían funcionar mejor. Y, aunque en la mayoría de ocasiones desconocemos al detalle en qué consisten, que bien los políticos, bien la Administración, no realizan sus labores como se necesita. Aunque, por otro lado, en nuestras percepciones incluyamos de serie la minusvaloración de que “no tenemos el (aparente) nivel de países más avanzados” para resolver situaciones críticas, con lo que el sentimiento es de aún mayor frustración y desapego y desencanto por lo propio (cosa que no nos favorece en absoluto en otros aspectos, como la fuga de talento, pero ese es otro tema).

Como en casi toda circunstancia íntimamente relacionada con las emociones humanas, sean alegrías, sean padecimientos, las percepciones que obtenemos, generamos y comunicamos pueden, y suelen, estar notablemente sesgadas o distorsionadas. Y aún así, es lo primero que tendemos a responder cuando nos preguntan.

Yo soy de los que considera que el nivel de prevención y capacidad de acción va innegablemente ligado al incremento, potencial y frecuencia de los posibles problemas a atajar, y al tamaño y recursos del país.  Eso no obsta para que incluso los más “entrenados” cometan errores, o se vean superados por las circunstancias. Pero si Japón, Finlandia o Suecia tuviesen varios de nuestros fallos más habituales, y solventables, ya habrían sido pasto de los tifones y terremotos, o estarían todos aislados, semicongelados y ejerciendo el canibalismo práctico.

Iñigo plantea una interesante y breve reflexión al respecto, con algunos datos sobre USA que muestran, o desmontan en parte, nuestros sesgos más habituales en estos asuntos del clima:

En las últimas semanas, el tiempo ha provocado situaciones de emergencia en varias comunidades y en algunos casos la respuesta de las autoridades ha dejado mucho que desear con la consiguiente polémica posterior. [...]

Si bien es cierto que hay países mejor preparados que España para afrontar estas situaciones y que hay otros en los que hace más frío en invierno, todo eso de que en ningún país serio se cierra un aeropuerto o que no puede ser que miles de personas se queden sin luz es sencillamente falso. [...]

¿Qué opináis al respecto?

¿Alguna experiencia comparativa que apoye/desmienta ese posible “tercermundismo” nuestro en sistemas de prevención?

Nota: Que nadie entienda este post como una crítica a los propios servicios de actuación (Bomberos, Forestales, Policía, SAMUR, etc.). Ellos sí son los héroes cotidianos que evitan mayores problemas, aún contando con menos medios de los deseables.