A nivel personal he de decir que nunca me han desagradado las armas. Sigo considerando que todo depende del uso al que se destinen, y de las manos y contexto en los que se encuentren. Dicen mucho de cómo funcionamos y nos relacionamos en sociedad. El Mundo Real™ aún no es un lugar idílico, ni equilibrado, ni, mal que nos pese, somos Neo.
Acertemos a reconocer las oportunidades y gestionarlas en nuestro favor, o no, es evidente que todo mercado tiene sus drivers, las motivaciones intrísecas, generalmente apegadas a lo más íntimo y emocional de las personas, e insights, las llaves para comprenderlos.
Y el problema esencial es que en el caso de las armas de fuego esas motivaciones tienden a responder, de modo exponencial, al miedo, la irracionalidad primaria, la desconfianza, o la incertidumbre ambiental, política, social o económica (o todas). Poderosos factores por sí mismos, aún más, unidos y acentuados por la crisis.
Las cifras ya no hablan del estereotipado simpatizante de la NRA y admirador de la atlética y jodidamente zumbada pizpireta Palin, sino del tipo más moderado, tal vez hasta liberal, que incluso en la belicosa “Era Bush” llegó a descartar el adquirir una brillante y portatil distribuidora de plomo.
Es a ese nuevo segmento, a ese consumidor, situado en una cultura que favorece la autodefensa y aceptación de las armas, a quien ahora una turbulenta mezcla de sensaciones e informaciones le hace salir del hogar, raúdo y angustiado, a por uno, o varios, relajantes del calibre 38. Ese ciudadano buscará, como todos hacemos al comprar (lo que sea), calmar o satisfacer su necesidad, esa extraña angustia que le ahoga y se acrecienta.
Parece un clima de opinión, y de consumo, que sin duda ciertos medios (¿alguien dijo Fox?) estarán alentando cosa fina (nota profesional: no dudo de que con interesado soporte de potentes y eficaces agencias de RRPP, facilitando datos aportados por sus clientes).
Es curioso, aunque nada contradictorio, constatar cómo las motivaciones que hacen aumentar las ventas a cuidadanos “medios” (no-cazadores) de reconocidas marcas como Smith & Wesson, Glock, Colt, etc., funcionan casi a la inversa de las que suelen favorecer la generación de capitales, empleos o inversión en los mercados, elementos que siempre piden de más tranquilidad y estabilidad para fluir en el mercado y crecer, llevándose así, con sus aparentes bondades, muchas de esas angustias antes mencionadas.
Una firme realidad (no por eso menos inquietante), asociada a aquellos países donde es legal (o semi-legal) y sencillo hacerse con pistracos (o cosas más serias) por un módico precio, sin licencias o controles más estrictos por medio.
Aún así, para señalar que respecto a las armas hay muchas perspectivas, y que la historia y los hábitos juegan siempre un papel fundamental, recordaré aquella frase “tan USA” que rezaba:
“Dios creó al hombre, Samuel Colt los hizo iguales”.
La próxima vez que no tengas para pagar la cuota de tu hipoteca, el alquiler de tu piso habitación, se te esté acabando el paro o necesites aplazar pagos, tengas dificultades para financiar tu proyecto de investigación o tecnología, o te denieguen renegociar las líneas de crédito que aún permiten sobrevivir a duras penas a tu empresa, te doy un consejo:
Dile a tu banco que necesitas el dinero para fichar a un mercenario del balón.
La banca ama la obscenidad y la sinvergonzonería tanto como aman ponerla en práctica nuestros próceres de la más alta clase empresarial.
Fichado por unos 96 milloncetes de euros (salario aparte, ojo, no escatimemos), que sumamos a los 60 y pico que Florentino ya le ingresó hace unos días al cachondo (en todos los sentidos) de Berlusconi por Kaká.
Como siempre, espectáculo no puede faltar y la competitividad de las plantillas es asunto de Estado.
Aunque la ética de semejante marketing sea más que discutible, la estrategia está clara y suele mostrarse efectiva. Es de rigor contar con fichajes para deslumbrar a la plebe (o sea, todos nosotros) y que olvidemos que pronto el panem escaseará en cada vez más casas.
Pero cuidado, todos contentos y felices comprando camisetas y abonos por un tubo (que la cosa ha de amortizárse rápidito), pagando el “pay-per-view” y aplaudiendo los toques de pelota de los apolíneos y aúreos chavalotes, faltaría más.
Y mientras, si no ganáis más de 3.500 € al mes es indicador de que no merecéis acceder a una vivienda, o si los proyectos que podrían salvar vidas, o crear nuevas plataformas tecnológicas, no cuentan con más aporte de capital, o directamente, ni siquiera logran inversión, es porque hay mejores cosas a que destinar los dineros.
Siguiendo con lo planteado hace unos días por Santiago Niño Becerra, y ampliándolo, Ramón Muñoz escribe un reportaje para El País ofreciendo el más que posible retrato de nuestro inmediato futuro.
Es extenso, es áspero, es realista y de útil (aunque masoquista) lectura:
Como ya me advertía a principios de la década el filósofo, profesor y gran observador Javier Barraycoa: “Si usted no dispone, o gana por encima, de 700.000 ptas., olvídese de considerar que pertenece a la clase media”.
La próxima vez que os plateéis dónde estáis, recordad, Proletariado.
Esa palabra tan rojeras, y supuestamente anacrónica, que rara vez habréis pronunciado fuera de las aulas o de los debates ideológicos, y aún menos visto/escrito en los briefs que recibís, supervisáis o redactáis.
Tal vez debáis tenerla más en cuenta cuando describáis a ese público objetivo compuesto por una ingente masa de mileuristas de edad indefinida, de perspectivas poco claras, de habitaciones a falta de hogares y de bolsillos eternamente vacíos, pero hambrientos de estímulos, aventuras, sueños, horizontes e ilusiones.
En esta reciente entrevista en La Contra de La Vanguardia, el economista y catedrático de la Universitat Ramón Llull, Santiago Niño Becerra, plantea algunas cuestiones que, no por muy amargas, apocalípticas o pesimistas, dejan de conllevar realismo respecto a la coyuntura y el contexto, o de guardar sentido y credibilidad estratégica.
Muchas de sus propuestas y predicciones, aceptando que nos sitúan en (casi) lo peor, afectan y afectarán de manera directa a quienes nos/se dediquen a gestionar y comunicar marcas.
Nuevos retos en un entorno cada vez más hostil, y precario, pero que muy probablemente genere oportunidades para nuevos y especializados tipos de empresas, discursos y profesionales.
Algunas afirmaciones potentes (y nada alagüeñas) que ofrece el entrevistado:
“A mediados del 2010 es cuando verdaderamente empezará la crisis”
“La recuperación de la crisis estará basada en la productividad y en la eficiencia, lo que significa que sobra y sobrará sin remedio mano de obra”.
“El nivel de deuda es brutal, las entidades financieras tienen unos agujeros tremendos aunque no se quiera admitir, los recursos van a la baja y la capacidad de absorción de nuevos televisores, electrodomésticos, etcétera, se ha agotado”.
“En España, un país muy dependiente, la crisis será durísima por la estructura del PIB basado en el ladrillo, el turismo, el automóvil y en infraestructuras baratas ya insostenibles. O hay un cambio del modelo productivo capaz de absorber a toda esa población o vamos a una tasa de paro del 30%”.
“Con el 2010 vamos a entrar en un parón de la actividad económica. No creo que quiebre ningún banco, porque el Estado los sostendrá, pero la gente no podrá sacar su dinero libremente porque si se vacían los bancos el Estado no podrá sostenerlos”.
Todo lo argumentado por Niño me lleva a plantearme (así a bote pronto, no pretendo gran seriedad ideológica) que una posible reacción a medio-largo plazo por parte de diversos colectivos ideológicos, económicos y sociales podría fraguarse en una vuelta inspiracional a un Comunismo-Socialismo reformado, para el que todavía no tenemos ni nombre, ni definición, ni postulados claros.
¿Libre mercado? Dejar de contemplarlo como tal chocaría con gran parte de las necesidades e ilusiones actuales, que cuentan y dependen de él por igual. Reeducarnos a lo contrario llevará tiempo. Si no sabemos cómo serán ni la sociedad ni el mercado en una década, aún menos en mayor periodo. ¿Intervención y gestión estatal? Necesaria para llegar allí donde nadie tiene interés o poder para llegar. ¿Protección social? Conveniente, aunque su sustento es cuestión harto compleja. ¿Producción y consumo inteligentes, coligados y sostenibles? Mucho tenemos aún que avanzar y asentar en eso.
El tiempo y los votos dirán si necesitamos y queremos buscar, encontrar y elegir alternativas a un modelo de Capitalismo que se ha demostrado desequilibrado y canibal, y a un estilo de crecimiento económico no sostenible y poco prorrogable. Ambos sin una aparente visión e intención clara de rediseñarse y saber asimilar la (brutal) desaceleración.
Si aportáis más ideas seguro que sale una conversación interesante (fantástico-apocalíptica tal vez, pero interesante sin duda).
Si ayer escribía sobre Infojobs y el panorama laboral general, y hace unas semanas comentaba la charla que manteníamos en Viendo Videos sobre el estado del sector publicitario, hoy llego a dos estupendos artículos que señalan, entre otros importantes factores, el valor y la necesidad de redescubrir y dinamizar los puesto de trabajo como herramienta fundamental para reavivar la economía, propia y colectiva.
De nuevo, todo tiende a un “back to basics”, pero con gestión innovadora.
Menos especulación descontrolada, menos insensatez, más formación y educación, mejoras en la competitividad y productividad, más inversión y liquidez que lleguen directamente a la ciudadanía, más coherencia con las posibilidades y recursos de cada uno y del global, más aprecio y entusiasmo por lo que se haga, o se intente hacer, y unos salarios dignos y proporcionales al coste de la vida como elementos principales para remontar la crisis y reequilibrar el sistema.
Aquí, en Europa y en USA.
La mentalidad de la Patronal española y su mensaje que tanto simpatiza con la Ley de hierro de los salarios, parece que choca con la realidad de las recomendaciones objetivas para salir del atolladero.
Por más que la CEOE se empeñe en focalizar su mensaje demagógico en los salarios, que tan bien le viene a la hora de generar EREs masivos o pequeñas y constantes sangrías, barnizados con la respetabilidad que otorga el optimizar para estos tiempos difíciles.
Cosa que, como buenos profesionales y trabajadores, sí que comprendemos necesario, e incluso colaboramos si lo vemos justo, como el caso de SEAT y su congelación salarial.
[...] Tras ser reelegido, Díaz Ferrán aseguró que la moderación salarial es “esencial” para paliar la destrucción del empleo y advirtió a los sindicatos de que no firmarán ningún acuerdo de negociación colectiva que favorezca la desaparición de empresas.
Díaz Ferrán aseguró que fue imposible llegar a un acuerdo en la negociación colectiva con los sindicatos porque los empresarios no pueden ceder “ante las convicciones de lo que es necesario”, y dijo que la patronal siempre está dispuesta a un acuerdo “excepto cuando las empresas están en peligro”.
Palabras orientadas a mostrar inquietud y victimismo interesado, y en clara oposición a lo que ayer Díaz Ferrán, como espectador, escuchaba de boca de Cándido Méndez de UGT:
“En los últimos meses se ha pasado a otro tipo de afirmaciones”, señaló Méndez, tras asegurar que los “profetas del despido libre” son los “profetas de la inseguridad” y subrayar que lo que le hace falta al país es confianza y que la “inseguridad es la madre de todos los desastres”.
Insistió en que el verdadero problema de la economía española es que los salarios son bajos. “Hay que subirlos, que quede claro de una vez”, subrayó en presencia del presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, y del presidente de Cepyme, Jesús Bárcenas, que acudieron a la apertura del congreso.
A su juicio, son los trabajadores los que están pagando con más dureza la crisis económica, y consideró que algunos pretenden “que la vuelvan a pagar reduciendo los salarios”, motivo por el que pidió a la CEOE que actúe de forma contenida en épocas de crisis.
Y si alguien busca una dosis de cierto análisis economicista de la situación salarial actual, muy recomendable es el artículo de Juan Carlos Escudier “De reducir los salarios y otras memeces“:
[...] Algo tiene que fallar en este esquema porque ni los salarios son altos ni han crecido en los últimos tiempos, sino todo lo contrario -el sueldo medio cayó en 2006 un 0,7%- y su impacto en la productividad es similar al de otras economías. Lo certificaba recientemente el catedrático de Economía Aplicada, Vincenç Navarro: “El nivel de productividad de los trabajadores de la manufactura en España es el 75% de sus homólogos estadounidenses (año 2007), el mismo porcentaje prácticamente que los salarios de tales trabajadores representan de los estadounidenses (79%). Los trabajadores españoles no están sobrepagados. En realidad, en comparación con sus homólogos en la UE-15, están subpagados”. Duda despejada.
[...] Según este análisis, las rentas del capital habrían crecido vertiginosamente en los últimos años y en su comportamiento especulativo estaría la causa de la crisis financiera actual; por el contrario, las rentas del trabajo habrían perdido peso en la renta nacional, provocando un descenso de la capacidad adquisitiva de las clases medias y populares y, en definitiva, del consumo, lo que explicaría la crisis económica. [...]
Parece absurdo que la patronal olvide lo que es una Sociedad de Consumo. Aunque, tal vez, sea una amnesia voluntaria, amparada en el deseo de llevar el país a un modelo similar a la China, y no a alcanzar al resto de nuestros “socios europeos” (los cuales, de media, tienen un salario mínimo que dobla el español).
Si en España se produce o importa, pero los ciudadanos no pueden o quieren consumir, sea por escasez de recursos más allá de la subsistencia o por falta de trabajo, sea por el estado emocional agobiante al que están sometidos mediáticamente, entonces sí que las empresas no tendrán razón alguna para su existencia. Por mucho que desde el marketing y la publicidad intentemos generar alegría, dinamismo o ilusión.
Seguimos escuchando las historias de miedo y los apocalípticos relatos que constantemente envían, desde púlpitos privilegiados, aquellos que sí tienen poder para negociar y que están recibiendo las ayudas y los créditos que los trabajadores o las pymes no obtienen ni por activa ni por pasiva.
Es incontestable y reconocido que el fin principal de una empresa debe ser generar beneficios y enriquecer, lícitamente, a sus dueños, directivos o accionistas, y mantenerse a flote en los malos tiempos, incluso a costa de prescindir, mediante acuerdos, de parte de sus trabajadores.
Pero en esta crisis hay demasiados movimientos interesados que huelen intensamente a podrido.
¿Qué pensáis vosotros? ¿Somos el lumpenpropletariat posmoderno? ¿Pagamos unos por los excesos de otros? ¿Tenéis datos o argumentos que apoyen, fundadamente, el mensaje de la CEOE?
Si estos días hay un nombre que está haciendo sudar a los potentados de nuestro azul Orbe (económicamente) globalizado es el de Bernard Madoff.
Si alguno no está al tanto todavía, Mr. Bernard “Multiplico Tu Pasta” Madoff era gestor de un mega fondo de inversiones que gozaba de la confianza, capital y relaciones de un buen número de los grandes multimillonarios y Bancas Privadas de casi cualquier rincón del globo.
Hasta hace poco, los acaudalados clientes del amigo Bernard, quien ofrecía unos retornos constantes, incluso en malos años, que rondaban el 8%, creían que éste sustentaba sus inversiones mediante algún tipo de genialidad, la cual, todos (o casi todos) comprendían que no revelase.
Esa genialidad ha resultado ser una estafa, probablemente la más grande hasta la fecha, basada en un sistema Ponzi, el juego piramidal en el que los que invierten más tarde pagan los resultados de los que invirtieron antes, y al final resulta que unos se han aprovechado de la codicia de los otros, y viceversa.
Lo más interesante, desde el punto de vista de las marcas es que Madoff, gracias a su labor acumulada durante más de 20 años, se llegó a convertir en una marca sinónimo de rentabilidad, inteligencia gestora, criterio muy exclusivo en la selección de clientes y éxito monetario. El word of mouth producido entre sus elitistas clientes no dista un ápice del que generaría cualquier consumidor entusiasmado por un producto que le satisface en extremo, pero del que no tiene, aunque quiera creer lo contrario, ni idea de cómo se produce, o simplemente, no tiene excesivo interés en saberlo. Un buen, y triste, ejemplo de disonancia cognitiva.
Si para comer Foie las ocas deben sufrir lo indecible, a muchos les irá bien con ignorarlo, y así disfrutan sin pesar del beneficio emotivo y gustativo, mientras cierran sus mentes a un análisis más juicioso. Ya no digamos aquellos que se zampan o visten (sin necesidad) especies en peligro. Es privilegio de unos pocos, y la exclusividad siempre mola.
Si para obtener unas decenas o cientos de millones más no debo cuestionar en exceso unos métodos, que me parecen más que avalados por todos aquellos que, como yo, son ricos, inteligentes, exitosos, sabios y poderosos prohombres de la economía y los negocios, es lo mínimo. ¡No podemos estar todos equivocados!
En ocasiones se levantaron voces críticas, algunos periodistas advirtieron que algo olía a podrido en casa de Madoff, ciertos bancos inversores y gestores que competían con Bernard pidieron a los Reguladores un estudio y análisis más exhaustivo de sus prácticas. Todo fue infructuoso.
Por lo que parece, no ha sido hasta que una situación de retirada masiva de fondos ha destabilizado la estrategia de Madoff, que forzosamente se ha destapado el asunto.
La realidad es que el éxito es un escudo anti-críticas muy poderoso. Las personas admiramos y tendemos a confiar en quienes lo obtienen, especialmente si va acompañado, como es el caso, de una discreción, elegancia, estrategia manipulativa y gestión de la desinformación paradigmáticas.
La triste moraleja del asunto para todos aquellos que no somos poderosos caballeros Don (o Doña) Dinero no es sino dejar patente que la codicia y la estupidez humanas, aunque se puedan disfrazar u ocultar tras léxicos y jergas absurdamente complicados, o mostrarse con aparente, elegante, exclusivo e incuestionable éxito, al fin y al cabo, cuando se desnudan, lo que queda al descubierto puede, y suele, llegar a ser la misma basura, angustia y miseria humana que a todos nos afecta, incluye o golpea en algún momento.
Los ricos también lloran. Aunque eso, mezquindades aparte, tampoco consuele a nadie. Lleva tiempo lloviendo sobre mojado, y a muchos, que no poseen varias mansiones, ya no les queda casi techo donde guarecerse.
Información sobre el caso Madoff:
MontalvoLand – Pirámides (Si no le conocéis, vale la pena visitar el espacio de José García-Montalvo)
Le decía el Maestro Yoda al joven Anakin: “El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Veo mucho miedo en ti”.
Teniendo presentes las sabias palabras del poderoso y venerable maestro verde, no, esta entrada no va de acabar con el frikismo, o con las pelis de terror que tantas veces logran que la deseada pareja se arrime más, o con Halloween, o con las estupendas obras de Stephen King, Poe o Lovecraft, o con los hipnóticos cuentos que contamos a los más pequeños, o con las fotos y videos de la Duquesa de Alba (…aunque, ojo, esto último no estaría nada mal… qué mal rollo dar ver a esa… ¿mujer?)
El Poder de las Historias es enorme. Vivimos, crecemos, nos constituimos y nos expresamos a través de ellas. Llegan a vincularse directamente con nuestras emociones, sueños, deseos, entornos, culturas, paradigmas, creencias, relaciones, esperanzas, inseguridades, temores y sorpresas. Y todas las causas, benignas o perniciosas, tienen acceso a él, favoreciendo así la tendencia hacia unas u otras ideas y actitudes.
Ya he comentado en alguna ocasión que la Crisis económica que ahora nos afecta se nota, siente y ve, para nuestra desgracia, ampliamente engrandecida por las incontables “historias de miedo” que desde muchos ámbitos, mediáticos, personales, institucionales, políticos, financieros e industriales, se difunden y promueven, siendo más que cuestionable el objetivo y fin de tales actitudes. Las consecuencias se acaban notando en el ánimo y en la cartera mucho antes de que realmente lleguen a afectar a la mayoría de gente, acelerando así que ello ocurra, y que tanto la alegría como el consumo se vean drástica y artificialmente mermados.
Del mismo modo que en España se potenció interesada, absurda, descontrolada e irracionalmente la historia que contaba, que todos nos contábamos unos a otros, que se debía comprar y construir vivienda de modo desaforado, porque si no lo hacías eras un paria, porque era la panacea y lo mejor a lo que se debía dedicar el capital (¡¡y en I+D+I que inviertan otros!!), y ahora pagamos, y pagaremos por ello, en la Política, global o nacional, siempre se obtiene un rédito de asustar a los ciudadanos. Para muchos, y en muchas ocasiones, el precio compensa sin lugar a duda. Ejemplos de ese tipo de estrategia no faltan, generados y auspiciados por todos y cada uno de los partidos y facciones de cada país o región.
Barack Obama ha sido la (magnífica) excepción a ese estilo durante la mayoría de su campaña, y por ello, por la ilusión y cambio de historia, de paradigma, que traía consigo ha vencido. Cuando gobierne, a ver qué puede lograr realmente.
A la Publicidad se la acusa de muchas cosas: fomentar el consumismo, crear y ahondar en los estereotipos, mentir, manipular, generar necesidades, y un largo, y no muy justo, etcétera. Sin dejar de reconocer que pueden darse malas prácticas, que suelen provenir de un proceso y objetivos viciados en origen, la realidad es que, cuando está bien gestionada y regulada, que es en la mayoría de ocasiones, lo que intenta mostrar es un retrato ideal (eso no siempre quiere decir hermoso o bonito, puede ser que ese ideal sea reflejar “cutrez”, por ejemplo), alegre, informativo, identificativo, motivador, educativo y seductor de un producto, servicio o propuesta dirigida al consumidor.
No estamos para agobiarte o angustiarte, tu atención nos interesa demasiado, y todos y cada uno de los profesionales del sector la valora y la busca. Siempre se procura ofrecer al público algo que le sea útil, práctica o emocionalmente, y de lo que valga la pena hablar. Si analizases un anuncio, web o gráfica por separado, y lo comparases con muchos programas o textos que ves o lees en TV y medios, el ingenio, creatividad, calidad y estilo del trabajo de las agencias saldría favorecido. Pero la saturación diaria no favorece precisamente esa sensación, y lo sabemos. Nuestra historia de miedo es que te cansamos, y te “atacamos” cuando no lo deseas. Y justamente por eso procuramos constantemente innovar, ser más eficaces y cada vez menos intrusivos, lo creas o no.
Sin embargo, en comunicación política o situacional (el estado de la vida, del país, de la economía, etc.), pasada ya la época de la militancia masiva y adscripción emocional a las ideologías, y estando asentados en la posmodernidad, los políticos, grupos mediáticos y grupos de presión han usado en exceso el quitarnos la ilusión y la alegría a base de jugar con un factor poderosísimo, el Miedo y sus derivados. Porque da grandes réditos, tanto en votos, como en audiencia, como en sensaciones transmitidas e ideas y comportamientos adquiridos y tolerados, poco a poco, por el público, los votantes y los ciudadanos. La Libertad es un concepto que siempre se mide en la misma balanza que el Miedo.
Los ciudadanos artificialmente euforizados son proclives a una cierta irresponsabilidad y rapidez de juicio, y aquellos interesadamente atemorizados tienden a asimilar una angustia indeterminada, siendo más fácilmente manipulables. Cuando ambas situaciones se mezclan, el resultado puede ser muy conflictivo.
Cierto, nadie debería contarnos mentiras, y deberíamos poder conocer cuándo las cosas van bien o van mal. Pero de eso, a lo que vivimos en el día a día, hay un mundo de diferencia. Y nunca mejor dicho.
Igual que muchos profesionales del marketing y del I+D+I innovan para ofrecer algo que cuente una historia con la que nos identifiquemos, que sea remarcable, que solucione una necesidad o problema, que nos haga sentir bien, y que no decepcione, hay muchos profesionales del periodismo y la comunicación que luchan, afilan el ingenio, la pluma, el juicio y la investigación, y se enfrentan a esa tendencia de sobredimensionar, ofuscar y contagiar a otros campos con miedos que cabría mantener en su justa medida y contención, porque sólo a unos pocos beneficia lo contrario, y a muchos afecta el resultado.
Precisamente, vía esta entrada del blog de Jon Taplin, conozco la labor que un grupo de esos periodistas, en este caso de la (imprescindible) BBC, realizó hace un tiempo, y ahora sale en DVD: el documental “El Poder de las Pesadillas“. Versa acerca de cómo en el pasado medio siglo los Neo-Con, los integristas islámicos, y otros grupos amigos de utilizar y diseminar el Miedo, fueron incrementando, abusando y gestionando el poder de imponer esa emoción en nosotros.
Al fin y al cabo, en esta década todos caímos, voluntariamente o no, en su juego, y por ello pagamos el precio de habernos despistado de lo que era más importante tener fiscalizado, la economía, propia y ajena. Distrayendo nuestro foco de atención con algo que, visto lo visto, contenía muchas más mentiras que verdades, se llegó a que unos pocos miles se fueron llenando los bolsillos a espuertas a base de no ser escrutados, sembrando riesgo incontrolado y las simientes de la historia de miedo que ahora nos rodea, y altera, días tras día.
Aquí os dejo un prólogo del interesante documental:
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Actualización: Vía un comentario en la entrada de Jon Taplin, aquí un enlace al “Internet Archive” para descargar gratuita y legalmente el documental en DVD. Si además rebuscáis, podréis encontrar un buen número de clásicos para bajar.
Este es el blog de Daniel Muro.
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