Archivo de la etiqueta: Detalles

El menos común de los sentidos

Siempre me resulta interesante analizar conversaciones, tanto informales como de negocios, que acaben en desencuentro o en un mal entendimiento de las partes.

Ante tales situaciones, procuro preguntar a alguno de los implicados, con quien tenga confianza, por qué cree que ha ido mal. Y muchas de las respuestas que recibo acaban sonando a un frustrante: “¡Pero si era de sentido común!”

Si la situación lo permite, le pido que me explique qué era eso que tan razonable y común le parecía. Y es entonces cuando, con claridad y detalle, me plantean lo que la otra parte no ha hecho/dicho/aportado, y que se esperaba de ella (sin habérselo comunicado, ojo al dato).

Sin duda, vosotros también recordaréis abundantes casos similares.

El análisis para mí, por tanto, sería este: la suposición de una parte respecto a las acciones e intuición de la otra es lo que tiende a llevar el proceso al fracaso, no la falta de voluntad de quien se ha visto privado de información en origen (si no hay mala fe de por medio, claro).

El Sentido Común requiere sintonía en el contexto, estado de ánimo, actitud, situación e incluso cultura de quienes se relacionen. Y por ello acaba estando bastante más lejos de lo que realmente nos encontramos y aceptamos en nuestras interacciones cotidianas. Solemos confundir lo primero por aquello que podríamos llamar la “Práctica Común“.

Los abogados, por ejemplo, conocen bien la importancia de no eludir lo obvio. Aunque a veces lleguen extremos agotadores o surreales en los detalles, ¿quién de vosotros desearía ver uno de sus contratos sin una cláusula esencial porque ésta es “de sentido común”?

También se suele decir que el marketing es sentido común aplicado. Y aún así, día tras día su errática e irregular aplicación en el mercado no deja de sorprendernos, en demasiadas ocasiones para mal.

Éste, sin embargo, sí que refleja que las marcas que triunfan, las más inteligentes, innovadoras o creativas, son quienes, desafiando lo supuesto, construyen un discurso enfocado a mostrar su punto de vista, conectando, informando y educando a sus consumidores sobre qué valorar y esperar cuando compran, logrando con ello una posición destacada respecto a su competencia, quien deja a la intuición de sus clientes el entender y aceptar sus propuestas o innovaciones, sin un discurso realmente relevante y útil que las apoye. (Mi amigo Ramón Ollé es uno de los principales defensores en nuestro país de los beneficios del “enseñar a comprar”, y siempre merece la pena leer sus sensatas relfexiones al respecto)

En muchas ocasiones, bien por razones emotivas, por prisas, por desapego, o por reparo a ser tildados de obvios, interesados o impositivos, eludimos educar, informar con precisión sobre qué consideramos importante tener en cuenta, sobre cómo entendemos nosotros el proceso, cómo nos gustaría que se diese, o bien cual esperamos que sea el resultado de la interacción.

Toda conversación siempre es un desafío a ese “sentido común”, cada vez menos común y compartido. Por tanto, tan importante será saber qué pretendemos y esperamos, como saber qué decir y cómo decirlo para lograrlo.

Si me permitís, recomiendo que la próxima vez que vayáis a iniciar un diálogo valioso, no pongáis todas vuestras cartas en el “sentido común” del otro.

Y para quienes su sentido común aún les indique que el aportar los argumentos esenciales puede resultar pesado, desproporcionado, o que coarta el dinamismo y la creatividad, vayan aquí tres de mis ejemplos preferidos de todo lo contrario:

“The Man from Earth”, storytelling en estado puro

Muchas marcas sueñan con lograr lo que un amigo puede conseguir con una simple frase de recomendación: que hagas, veas, pruebes o compres algo con determinación y convencimiento, a la par que con curiosidad e ilusión.

Esa vertiente tan especial y difícil de obtener del marketing, el tan traído y deseado Word of Mouth Marketing, no es sino el clásico “boca a boca”, o “boca oreja”, que tiene sus auténticas, efectivas y extensivas raíces tanto en la confianza, influencia, experiencias o conocimiento mutuo desarrollado entre los hablantes, como en la sintonía, relevancia y tendencias que configuran el contexto de la conversación.

Hace unos días charlaba con uno de mis grandes amigos, Oriol. Co-inspirador de este blog, profesor de la UB, tipo de formidable sentido del humor, viva y multidisciplinar inteligencia y admirable y viajada cultura.

Él fue la primera persona con quien, siendo aún unos mocosos que bien poco sabíamos de la realidad, compartí una incipiente afición por el género fantástico, que hemos ido puliendo y ampliando con el devenir de las décadas, los autores, los directores, los dibujantes, los anillos para gobernarlos a todos, las trilogías a bordo del Halcón Milenario, los largos abrigos y las ráfagas en “bullet time”, los viajes allí donde nunca antes ha estado nadie, llegando más allá de la puerta de Tannhäuser, donde los rayos C brillan en la oscuridad…

Susodicha conversación, no podía ser de otro modo, nos llevó a tratar las últimas cintas que habíamos visto. Y, con urgencia y brevedad, pero con seductor énfasis, haciendo que fuese yo quien quisiera comprar la idea, no él vendérmela, me incitó a visionar “The Man from Earth“.

cover_the_man_from_earth

Y, cómo no, tan pronto llegué a casa usé de la solidaridad y difusión en la Red, y la bajé (de hecho, desde aquí mismo).

Al cabo de unas pocas horas había sido testigo de la construcción de una las mejores historias que me han narrado, y he gozado, en años:

Un grupo de profesores de universidad, expertos en sus disciplinas, se reúnen en casa de uno de ellos para despedirle, pues ha decidido mudarse a otro lugar. La charla, cordial y emotiva, se vuelve un remolino de sorpresa, descrédito, controversia, curiosidad, interés, afán de conocimiento y preguntas cuando el anfitrión, John Oldman, les plantea la siguiente situación: ¿Qué ocurriría si él llevase vivo 14.000 años?

La película es de 2007, con guión del ingenioso, y ya difunto, Jerome Bixby. Está rodada en formato casi teatral. Una casa rural y su porche son los escenarios predominantes. Una iluminación natural, unos notables actores (conocidos pero no “mainstream“) y una apasionante conversación como único combustible para que, a lo largo de sus absorbentes 87 minutos de metraje, nuestra imaginación decida si estamos del lado de los que creen en la asombrosa, genial e inolvidable historia que John nos relata, o de quienes dudan y se molestan ante lo que bien podría ser una enorme, desconsiderada y egoista tomadura de pelo.

Pocas veces, en pantalla, he sido testigo de un ejercicio de storytelling puro y esencial tan memorable, mágico y logrado. Sin artificios ni efectos de ningún tipo, aunque con gran lujo de detalles, planos y cuidado, Richard Schenkman nos ofrece la que bien podría ser, en breve, una de tus cintas de culto preferidas, aupándose al Olimpo en que guardas Donnie Darko y compañía.

Aquí tienes su entrada en la Wikipedia (que NO recomiendo leer hasta después de haberla visto, pues desvela todas las intrigas), y el trailer oficial, en inglés, como el resto de la cinta.

Si una vez descargada y disfrutada, no te gusta, sino que te encanta, recomiéndala a quienes aprecies, y cómprala en el formato que prefieras. Tu videoteca lo merece.

Back to basics

Sé que la crisis, el paro y otros muchos factores están machacando el estado de ánimo general (y bolsillo), pero Mr. Louis CK plantea argumentos como puños en el video (aquí con mejor audio), poniendo de manifiesto algunos de nuestros hábitos que, sin contribuir a mejorar mediante la queja constructiva, no hacen sino generar mayor estrés e infelicidad.

Nunca deja de ser importante mirar con ojos más atentos, y pacientes, lo que tan cómodamente damos por sentado y conocido. Es algo que muchos estarán redescubriendo en este periodo de cambios, no siempre voluntarios. Y es una tendencia que numerosas marcas están teniendo muy en cuenta (cosa que ya comentaré otro día).

Estamos neurológica y biológicamente predispuestos a responder, a vernos cautivados, ante la novedad, rebajando ante ella algunas exigencias, aunque ésta deje de serlo al poco tiempo. Pero no por habitual deja algo de poder ser sorprendente, auténtico o genial, o de merecer aprecio, comprensión, interés y respeto.

En mis principios formativos tuve magníficos profesores. Entre ellos, Joaquin Civit, un economista realmente ingenioso que bien merece la mención. Éste, en ocasiones, cuando ofrecíamos respuestas acomodaticias, indignas de buenos publicitarios, nos espoleaba con un “Señores, ¡despierten! ¡que viven ustedes mejor que reyes medievales!”.

Y, con el paso de los años, sigue maravillándome que al abrir un grifo, salga agua (¡mientras no me la corten!).

Video vía el comentario de Monxo en esta entrada sobre el “Did You Know?” en Streetwiseplanning.