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Una pausa de la Publicidad

Llevo un tiempo escribiendo con notoria irregularidad, principalmente por motivos familiares y profesionales: la enfermedad terminal y consiguiente pérdida de una familiar cercana, la postergación de varios proyectos ahora no realizables, algunas impagables, orientativas y determinantes charlas sobre el momento actual con magníficos y generosos creativos y profesionales del marketing, y unos cambios horarios de constante machaque al biorritmo que no me permiten leer, hacer, escribir y comentar cuanto desearía.

Y no será por falta de temas interesantes, que procuraré recuperar en breve. (James, va por ti)

A la espera de que los tiempos mejoren, dado el contexto y las complicadas fechas, y ya que el aire, las ideas y las letras refrescan, avivan y enriquecen la mente, pero no llenan el estómago ni pagan las facturas, he hecho una pausa en mi devenir publicitario-marketiniano, y hace ya unas semanas, y por un período indefinido (sea esa indefinición breve o extensa), estoy trabajando en el sector de venta a consumidor final (o cliente, en este caso).

Existe una conocida y dominante cadena de gimnasios en el área de Barcelona. Y allí estoy yo, afincado en uno de lo perfiles comerciales y de atención al cliente de su centro “estrella”.

Vendo algo en lo que creo, lo que reduce los conflictos éticos, pues llevo años gozando de sus beneficios en muchos aspectos. El ejercicio siempre ha sido una motivación para superarme, conocerme y aprender, y sé que funciona para muy diversas metas, circunstancias y necesidades si uno pone de su parte (No pain, no gain).

Además, cualquier escenario con mucha interacción y visibilidad es un interesante escaparate humano para un entusiasta de la antropología social y del análisis del comportamiento. Tanto en lo relativo a los clientes, sus dinámicas y sus emociones, como al equipo que integro, en el que hay gentes de muy variada formación y estilo, pero entre lo que la cordialidad tiende a ser norma. Lo cual se agradece.

Eso sí, las condiciones laborales son mejorables, al igual que ciertas políticas (chocantes) de RRHH. Es algo que uno reconoce rápidamente si ya lleva suficientes años por el mundo, y varias empresas o proyectos a sus espaldas. No es ninguna novedad, pero sí algo preocupante crecientemente común hoy día, tiempos de sobreoferta de profesionales de toda condición y categoría. Y aquí dejo el tema, pues mi sentido de autocensura zumba en mi cabeza.

Sigo en mi tónica y continúo un periplo de trotamundos. Cada nueva etapa, por larga o breve que sea, aporta y enseña una lección estratégica, profesional y humana, mala o buena, pero siempre útil, que integrar dentro de las cualidades y soluciones que uno es capaz de ofrecer y desarrollar en la siguiente.

Procuraré ponerme las pilas blogueras, y volver a publicar con más constancia. Gracias a los que seguís pasándoos por aquí a “verme” (ya sabéis quiénes sois) esperando encontrar algo interesante, y aún más a los que enlazáis, pues es una estupenda motivación para continuar.

Cada vez nos gusta más hacer deporte… en el salón

A inicios de esta década la corona de Rey del deporte en el salón (o la habitación) aún era ostentada por los variopintos cacharros que prometían, y prometen, lograr, en 5 minutos al día, cambiar lorzas por tabletas de chocolate, bustos decaídos por pectorales como rocas y glúteos blandengues por nalgas de acero, y que son vendidos, mayoritariamente, a través de la “teletienda” (algunos, en su día, nada más y nada menos que por nuestro querido Chuck Norris).

Con los avances y cambios de paradigma que las consolas, aún capitaneadas por la interactividad de Nintendo, han experimentado y ofrecido, una nueva tendencia se consolida. Junta ante la pantalla a pequeños, grandes y medianos, de todas las tallas, colores y condisiones físicas. Son legión aquellos que desean sumar su ocio digital y el ejercicio, divertirse jugando (cosa probable) y ponerse en forma (cosa más dudosa) al mismo tiempo, sin prescindir por ello del confort de sus hogares.

Las multimillonarias cifras (globales) que Nintendo hizo públicas hace poco así parecen corroborarlo. Los tres títulos de Wii más vendidos (desde el inicio de su comercialización)  suman el impresionante total de 86,8 millones de unidades: Wii Sports, Wii Play y Wii Fit.

La crisis no parece haber frenado notablemente la compra de este tipo de producto, y en ciertos casos, tal vez incluso la haya fomentado. El pastel sigue creciendo, y como a toda categoría económica y socialmente atractiva, se van apuntando, con mayor o menor fortuna, nuevos competidores.

Obra de la poderosa y experta Electronic Arts, el último en aparecer es EA Sports Active. Con su planteamiento y discurso de “Personal Trainer“, y unos programas y sensores (aparentemente) más completos, se intenta posicionar como más serio y especializado que Wii Fit, su principal rival.

(Actualización: Sega también lanzará, por ahora sólo en USA, un juego para Wii con finalidad de Personal Trainer, en este caso especializado en Pilates.)

Tal vez la compra de este tipo de productos, como muchos otros, enlace con nuestra natural predisposición a desear y creer en soluciones fáciles, rápidas, agradables y asequibles, a nuestros problemas, inseguridades o complejos. Y, por otro lado, cabe recordar que la falta de tiempo o capital, además de una no siempre constante voluntad y motivación, siguen alejando a muchos de los gimnasios o las pistas de deporte.

Creo que sería útil un análisis que mostrase si unos y otros, realmente, logran pasar de ser un mero divertimento temporal para toda la familia, y no acaban mayoritariamente olvidados en un cajón a los pocos meses “gracias” a una falta de resultados esperados. O, en el peor de los casos, si pueden llegar a provocar lesiones a aquellos usuarios que se compren estos juegos cuando en realidad sus metas o necesidades requerirían de guía y supervisión, y de un entorno más adecuado que sus salones.

Pero, pese a mis reticencias “técnicas”, hubiese sido un grave error estratégico menospreciar el potencial económico que resultaría de aportar a los consumidores la felicidad, motivación y alegría de compartir con la familia y los amigos, de carne y hueso o bien virtuales a través de la red, aquello que además de permitirnos jugar, reír, competir, compartir e interactuar, procura mejorar nuestro estado físico, y por extensión, nuestra salud. Es una promesa poderosa, y socialmente muy bien aceptada.

Nintendo apostó por ello, por ofrecer unos productos sólidos, simples (para todas las edades), divertidos y amigables con el usuario, y los resultados, tanto en ventas como en incremento de valor de marca y notoriedad, les dan la razón. Todo un acierto que permite a la empresa afrontar con mayor respaldo la igualmente dramática situación económica de Japón.

Según continúe avanzando y abaratándose la tecnología, especialmente la de captura de movimiento, parece claro que la tendencia no hará sino seguir creciendo y diversificándose hasta ámbitos aún insospechados.

Bien podría ser que en no demasiado tiempo andemos por casa de esta guisa: (…o no)

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