En esta reciente entrevista en La Contra de La Vanguardia, el economista y catedrático de la Universitat Ramón Llull, Santiago Niño Becerra, plantea algunas cuestiones que, no por muy amargas, apocalípticas o pesimistas, dejan de conllevar realismo respecto a la coyuntura y el contexto, o de guardar sentido y credibilidad estratégica.
Muchas de sus propuestas y predicciones, aceptando que nos sitúan en (casi) lo peor, afectan y afectarán de manera directa a quienes nos/se dediquen a gestionar y comunicar marcas.
Nuevos retos en un entorno cada vez más hostil, y precario, pero que muy probablemente genere oportunidades para nuevos y especializados tipos de empresas, discursos y profesionales.
Algunas afirmaciones potentes (y nada alagüeñas) que ofrece el entrevistado:
“A mediados del 2010 es cuando verdaderamente empezará la crisis”
“La recuperación de la crisis estará basada en la productividad y en la eficiencia, lo que significa que sobra y sobrará sin remedio mano de obra”.
“El nivel de deuda es brutal, las entidades financieras tienen unos agujeros tremendos aunque no se quiera admitir, los recursos van a la baja y la capacidad de absorción de nuevos televisores, electrodomésticos, etcétera, se ha agotado”.
“En España, un país muy dependiente, la crisis será durísima por la estructura del PIB basado en el ladrillo, el turismo, el automóvil y en infraestructuras baratas ya insostenibles. O hay un cambio del modelo productivo capaz de absorber a toda esa población o vamos a una tasa de paro del 30%”.
“Con el 2010 vamos a entrar en un parón de la actividad económica. No creo que quiebre ningún banco, porque el Estado los sostendrá, pero la gente no podrá sacar su dinero libremente porque si se vacían los bancos el Estado no podrá sostenerlos”.
Todo lo argumentado por Niño me lleva a plantearme (así a bote pronto, no pretendo gran seriedad ideológica) que una posible reacción a medio-largo plazo por parte de diversos colectivos ideológicos, económicos y sociales podría fraguarse en una vuelta inspiracional a un Comunismo-Socialismo reformado, para el que todavía no tenemos ni nombre, ni definición, ni postulados claros.
¿Libre mercado? Dejar de contemplarlo como tal chocaría con gran parte de las necesidades e ilusiones actuales, que cuentan y dependen de él por igual. Reeducarnos a lo contrario llevará tiempo. Si no sabemos cómo serán ni la sociedad ni el mercado en una década, aún menos en mayor periodo. ¿Intervención y gestión estatal? Necesaria para llegar allí donde nadie tiene interés o poder para llegar. ¿Protección social? Conveniente, aunque su sustento es cuestión harto compleja. ¿Producción y consumo inteligentes, coligados y sostenibles? Mucho tenemos aún que avanzar y asentar en eso.
El tiempo y los votos dirán si necesitamos y queremos buscar, encontrar y elegir alternativas a un modelo de Capitalismo que se ha demostrado desequilibrado y canibal, y a un estilo de crecimiento económico no sostenible y poco prorrogable. Ambos sin una aparente visión e intención clara de rediseñarse y saber asimilar la (brutal) desaceleración.
Si aportáis más ideas seguro que sale una conversación interesante (fantástico-apocalíptica tal vez, pero interesante sin duda).
Vía Escolar.
