X-Factor UK sigue dando que hablar y, especialmente, que escuchar, edición tras edición.
Personajes y momentos así provocan reacciones sociales y económicas en cadena con su aparición en el panorama:
Aumento inmendiato de la calidad, notoriedad y difusión del show/producto en cuestión.
Aumento consecuente del interés, expectativas y atención de las audiencias, analógicas y digitales, nacionales e internacionales.
Aumento de las Libras que facturarán la cadena y los productores gracias a esas audiencias y atención.
Y, cómo no, aumento clarísimo del disfrute para cualquier oyente que guste de la buena música.
Este tipo de explosiones de entusiasmo y popularidad, de la mano de la calidad musical, sigue sin ser tan habitual que tengan lugar por estos lares. En mi opinión, y como tal muy subjetiva, principalmente porque los estilos musicales comercialmente predominantes, mainstream y más aceptados en España tienden a ser un coñazo son otros. Algo que se plasma año tras año en los cansinos y tan patrios “OT”s, o en nuestra no tan brillante, aunque esforzada, versión de Factor X.
Atentos a la potencia, carisma y estilo del chaval, a quien parece obvio que su pasado como profesor le da soltura y le ayuda a ganarse y mover a la gente. Se hace amo de la escena y del ambiente en instantes. Puro talento. Habrá que seguirle la pista.
Si no voy muy equivocado, en no demasiadas semanas se estarán, estaremos, descargando y comprando a mansalva sus versiones y temas en iTunes Store y similares.
En el principio de los tiempos (o sea, hace cuatro días), antes del LibroCara, de los miles de twits por segundo, de LinkedIn, de los blogs, del iPhone 3GS, de Infojobs, o incluso de la imprescindible Red de Redes, la gente también buscaba oportunidades, empleo o negocios, y se tiraba de contactos a mansalva (el tan actual y supercool Networking).
La tribu, la familia, los vínculos personales directos, las personas con las que habíamos tratado, interactuado, a quienes habíamos ayudado, enriquecido, seducido o dejado buena impresión eran el principal camino que podía aportarnos una posible o rápida plataforma laboral o de negocios mediante sus propios lazos sociales.
Impactar a quienes pudieran ejercer (aunque no siempre accediesen) de apoyo para llegar a aquellos que quisiéramos que nos necesitasen (aunque aún no supiesen lo útiles que les seríamos).
Fuese para jugar a nuestro favor, fuese para jugar en ayuda de otros, ligar el momento, contexto, tempo y clima adecuados para ello era tan importante como las ideas, el talento o los proyectos que se pretendiesen destacar y relatar en ese mensaje.
Hoy día todo ello no ha dejado de ser esencial para lograr la atención de un contacto, pero con un entorno 2.0 muy implantado, ya casi no reparamos en la gran ventaja que el mundo digital ha aportado a esa vertiente de personal branding: la capacidad de mostrarnos y aumentar los puntos de contacto a gran velocidad y de modo exponencial (aún a riesgo de perder algo de significado en según qué ocasiones) si alineamos empeño, interés, constancia, autenticidad y creatividad en ello.
Además, lo que la tecnología no ha cambiado (aún) un ápice es la esencia humana. Por ello, para que nuestro mensaje condense los conceptos necesarios que nos beneficien, que faciliten que se nos recuerde y posicione donde y como queremos, sigue siendo fundamental saber contar la propia historia (y hacerlo sin miedo).
Un relato (honesto o no, es decisión personal) atractivo y que transmita, con personalidad propia, quiénes somos, qué sabemos, qué aportamos, cuáles son nuestras circunstancias, motivaciones, proyectos y metas, y por qué alguien debería confiarnos su trabajo, su capital, su marca, sus bienes o sus ilusiones, esperando, obviamente, que los mejoremos, renovemos, difundamos, rentabilicemos, incrementemos o hagamos realidad.
Al auspicio de la crisis, de entre las últimas propuestas publicitarias que he visto nacer en blogs, redes sociales y demás, y que apela a ese networking, tanto digital como del Mundo Real™, quiero destacar la honestidad, estilo, tono y fondo con la que Jaime Barber (alias James Bernbach, creador del estupendo y amigo CSI) elige contarnos una historia en su nueva habitación digital.
Sufriendo en silencio no es sino un interesante, sincero, humilde a la vez que inspirador, elegante y directo ejemplo de lo que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, profesionales están viviendo hace bastante tiempo en su búsqueda, no sólo ya de un tan escaso puesto mileurista, sino de una oportunidad en la que desarrollar aquello para lo que mejor capacitados se sienten.
No se trata sólo de un ejemplo de ser “creativo” por serlo, sino de una iniciativa que demuestra la orientación a vender multimediamente una historia personal, y su talento añadido, como un producto memorable que algún publicitario o marketiniano avispado, su público principal, deseará conocer y adquirir, o incluso complementar, creando un nuevo proyecto colaborativo.
Bien sea por la imperante escasez de puestos, de empleadores, de financiación, de presupuestos, de clientes, de paciencia, de ideas innovadoras, de resultados, de ganas o de oídos receptivos, muchas personas están decidiendo o aprendiendo, de nuevo o por primera vez en sus carreras, los múltiples modos y la importancia de dejarse ver y saberse vender (así en la Tierra como en la Red).
Crearse las propias oportunidades no es en absoluto sencillo. No está exento de riesgos, desengaños y equivocaciones. Tal vez no surjan cuando lo necesitamos, tal vez sí. Tal vez estén donde no esperamos.
Pero sin intentarlo, sin buscarlas y fomentarlas, apoyados en una cierta piel de piedra para soportar los vaivenes, y sumando razón y emoción en un mismo plan, como nos demuestran el entusiasmo, ingenio, esperanza y perseverancia de Jaime, jamás conoceremos cuál puede ser el camino adecuado para lograrlas.
Si has leído esto y también necesitas contar tu historia, ya tienes un ejemplo donde inspirarte.
O lo que es lo mismo, “Phoenix meets the Brat Pack”.
Debo darle crédito, por enésima, merecida y agradecida vez, a James y su Cool Scene Investigation por mostrarme esta perla capaz de animar la semana más dura, o de inspirar un fin de semana de lo más memorable.
Genial mashup de clips de pelis del “Brat Pack” (fílmico, no el literario), donde destaca especialmente la mítica “El Club de los Cinco”, y de la excepcional canción de Phoenix “Lisztomania”. La autoría de semejante regalo es de esta chica, que demuestra humor, ingenio y talento en varios de sus otros videos. (¡Vivan los prosumers!)
Quien, o lo que, una vez nos emocionó siempre será más poderoso y vinculado a nuestro buen recuerdo que quien intente lograrlo en adelante, cuando más exigente y absorbente es el camino, y más duros, menos atentos y más saturados nos volvemos nosotros.
Es algo que bien saben y procuran explotar estratégicamente muchas y reputadas marcas (Danone, Coca-Cola, Converse o Casa Tarradellas serían buenos y exitosos ejemplos).
En fin, volviendo a lo fundamental, por un rato, que le den a la crisis. ¡A bailar!
Cuando la autencidad y la dedicación se apoyan en una creatividad a prueba de bomba, y se apunta con un excelente conocimiento del público objetivo, el disparo se presenta bastante certero:
Con este (segundo) teaser trailer empieza a calentar motores la campaña de REC 2, la nueva obra de Jaume Balagueró y Paco Plaza para Filmax. Pero no dudo de que en breve habrá muchos más movimientos interesantes en la Red, y que la Conversación tratará sobre ellos. Se ganaron nuestra atención con creces.
Seguiremos atentos, escopeta en mano (aunque prefiero tirar de Desert Eagle).
Incluso en estos difíciles tiempos de crisis, seguimos en un mercado (nacional e internacional) en el que muchas empresas se arriesgan a ofrecernos novedades, que pelearán sin cuartel por obtener nuestra atención y nuestro dinero.
Desarrollar y ofrecer un producto innovador, útil, necesario, práctico, superior a la competencia, de diseño eficiente, admirable, deseable, producido en el momento oportuno a un precio escalable… en resumen, un producto cojonudo, no siempre bastará para construir y diseminar una historia memorable y exitosa.
Pero es uno de los mejores principios e inversiones que se me ocurren para una empresa que realmente busque potenciar y afianzar el valor, solidez, posición, notoriedad, preferencia, atención, cuota y credibilidad conseguidas y asociadas a su marca.
Si identificas y defines claramente a tu público, si inviertes recursos, tiempo y atención en conocer sus prioridades, criterios, necesidades y expectativas, si afinas estratégicamente el código, estilo, tono y canales a los que podrán ser más receptivos, y además respetas su confianza e inteligencia ofreciéndoles algo que sorprenda y realmente valga la pena para ese grupo de consumidores, aplicando ingenio y personalidad al mensaje, es probable que obtengas su aprecio e interés, su atención, su prueba de producto, y que con ello decidan que sea la tuya la historia que cuenten a muchos otros cuando deseen recomendar una preferencia de compra o consumo.
Plafinica no sólo para llegar a tu público, sino para llegar a quienes ellos llegan (alias Propagation Planning, un interesante concepto)
Nadie ha dicho que sea tarea fácil, ni mucho menos. Si lo fuese, el mercado sería un lugar sin competencia, sin interés, sin sorpresas, sin estímulos, sin éxitos ni fracasos. Un no-mercado.
Pero si realmente vinculas la innovación y creatividad como valores esenciales de tu marca, si te gusta y motiva lo que produces y vendes, y sabes comunicarlo y contagiarlo a quienes trabajan y colaboran contigo y con tu empresa, hay mucho terreno ganado.
La entrada de los Microsiervos (entre muchas otras), el video-demo y la inteligente elección del protagonista (la gente de marketing -al uso- genera conocidos recelos entre los geeks), y el propio producto (impresionante), además de los ya conocidos valores y trayectoria de Samsung, son inmejorables ejemplos de todo lo planteado.
Sé que la crisis, el paro y otros muchos factores están machacando el estado de ánimo general (y bolsillo), pero Mr. Louis CK plantea argumentos como puños en el video (aquí con mejor audio), poniendo de manifiesto algunos de nuestros hábitos que, sin contribuir a mejorar mediante la queja constructiva, no hacen sino generar mayor estrés e infelicidad.
Nunca deja de ser importante mirar con ojos más atentos, y pacientes, lo que tan cómodamente damos por sentado y conocido. Es algo que muchos estarán redescubriendo en este periodo de cambios, no siempre voluntarios. Y es una tendencia que numerosas marcas están teniendo muy en cuenta (cosa que ya comentaré otro día).
Estamos neurológica y biológicamente predispuestos a responder, a vernos cautivados, ante la novedad, rebajando ante ella algunas exigencias, aunque ésta deje de serlo al poco tiempo. Pero no por habitual deja algo de poder ser sorprendente, auténtico o genial, o de merecer aprecio, comprensión, interés y respeto.
En mis principios formativos tuve magníficos profesores. Entre ellos, Joaquin Civit, un economista realmente ingenioso que bien merece la mención. Éste, en ocasiones, cuando ofrecíamos respuestas acomodaticias, indignas de buenos publicitarios, nos espoleaba con un “Señores, ¡despierten! ¡que viven ustedes mejor que reyes medievales!”.
Y, con el paso de los años, sigue maravillándome que al abrir un grifo, salga agua (¡mientras no me la corten!).
Nuestra capacidad de asimilar datos, de percibirlos como información relevante, entenderla y asimilarla, y así generar conocimiento y saber, es limitada. Como señalaban hace unos meses los Microsiervos, más limitada de lo que nos gustaría creer, y aceptar. Pero esa es precisamente una de las protecciones con las que nuestro cerebro cuenta para poder centrarnos en “lo importante” (al menos biológicamente hablando).
Aún así, el incremento exponencial de fuentes, canales, medios, interacciones, recursos y experiencias por los que recibimos inputs de todo tipo requieren de una respuesta firme y voluntaria para no dispersar sin fin nuestra (escasa) atención respecto al tiempo disponible, y lograr una cierta comprensión que nos beneficie.
A más curiosidad, más intereses personales o más necesidad profesional, mayor la dificultad de gestionarlo. Dosificar, priorizar, segmentar o filtrar, siempre que sea posible, son algunas de las vías que tomar. De otro modo, es fácil acabar saturado, bloqueado o desinteresado por “empacho mental”.
Si la Red contribuye enormemente a fomentar esa hiperabundancia, que tiende a lo redundante, también nos va dando herramientas para manejarla y destacar lo que realmente nos aportará valor.
Buena parte de nuestra vida la desarrollamos como “animales sociales”, y una de las cualidades que más útiles resultan a una persona es saber comunicar con claridad sus ideas, opiniones, estados emocionales, dudas, deseos…
Ser, o sentirse, incomprendido no siempre tiene un origen externo, sino una deficiencia propia, a veces no reconocida o no valorada, en esa parcela. Nuestro sistema educativo, es cierto, no fomenta demasiado esas habilidades expresivas. Pero no creo justo responsabilizar únicamente a los educadores. Familia, círculo social y profesional, y actitudes e intereses de uno mismo frente al medio tienen mucho que decir al respecto.
Históricamente, en la cultura occidental, a diferencia de algunas asiáticas, el oyente (o la audiencia) no tiende a hacer un “gran” esfuerzo por entender aquello que se le está intentando comunicar. Si el mensaje no es claro, solemos apuntar a que la culpa reside en el emisor, en quien busca transmitir algo. Por tanto, no es error nuestro el no haber entendido, es suyo por “no saber comunicar“.
Ser capaz de expresarse eficazmente no sólo requiere tener clara la idea o tema a transmitir, además de un buen dominio del lenguaje (escrito, verbal o gestual), sea en modo coloquial, sea elaborado (culto o retórico) o profesional (las jergas propias de cada sector), sino tener en cuenta a quién nos estamos dirigiendo, nuestra relación con ella, el contexto (momento, ambiente, ubicación, situación) en que comunicamos con esa persona, cual es su perfil psico-social, la atención que puede llegar a prestarnos (breve o extensa, dispuesta o reacia), su posible estado emocional, y el nivel de comprensión de significados, matices, metáforas, etc. que creemos que podrá, o querrá, aceptar nuestro oyente o interlocutor.
Aunque complejo, la mayoría las personas planteamos todo ello casi instantáneamente, en especial en conversaciones rápidas, imprevistas, cotidianas o en las que las emociones toman más protagonismo. Y eso, si las habilidades expresivas no son buenas (y a veces aunque lo sean), puede llevarnos a errores, y a que el diálogo se acabe sin haber logrado nuestro objetivo, o que derive en cansinas e inútiles discusiones, que no hacen sino más mal que bien a la comprensión mutua.
Discutir es humano, sin duda, y a veces necesario. Libera tensiones, revela actitudes y tiende a expresar cosas que sólo la excitación del momento facilitaría soltar. Pero, creo que estaremos de acuerdo, no es el modo más eficiente para entendernos.
Y es que, si tan importante es tener claro lo anterior, aún más lo es el mejorar nuestra propia predisposición a escuchar, a respetar, atender y comprender la información, verbal y no verbal (gestos faciales o del cuerpo), que nos devuelve nuestro interlocutor, razonar sobre sus argumentos, reacciones, emociones e ideas, y pensar y asimilarlos antes de responder de nuevo.
Creo que sus reflexiones, algunas de las cuales señalo a continuación, son estupendos puntos de partida para quien realmente desee hacerse entender, y no sólo hablar por hablar, o peor aún, gritar por gritar, algo desgraciadamente común, y socialmente aceptado, pero que muchas veces nos lleva a no comprendernos en absoluto.
Me ha dado la sensación que en español, el que chilla más gana la discusión, no el que tiene más razon, ni el que es mejor convenciendo.
La gente va hablando súper rápido con voz alta a la vez. Yo digo algo pero pasan de lo que digo porque están tan concentrados en hablar rápido y chillar más que los otros que incluso un terremoto pasa sin que se den cuenta ellos.
Es un poco triste que en una discusión, tengas que hacerlo así para que te hagan caso.
Las ganas de hacer que te escuche (chillando) gana las de escuchar al otro, que es la persona que tienes que convencer.
He dicho “ganas de escuchar” pero a veces no las veo en ningún lado. Si quieres discutir así, no hace falta que lo hagas con personas. Mejor con algo inorgánico nen, como una pared.
Te escucha bien y estará totalmente vencida.
Si para quienes hemos elegido como medio de vida esto del marketing, la publicidad o la comunicación es fundamental que los demás nos entiendan (y no siempre lo logramos), creo que como personas sería muy saludable que pudiésemos disfrutar más del placer de conversar, y menos de la insistencia en discutir.
Aquí damos con el cruce entre el concepto de lo que en el mundo 1.0. se solía llamar Amigo (de amistad, conexión, afecto), y de lo que está viniendo a representar, para bien o para mal, en el 2.0. (más cercano, por otro lado, a la más abierta definición de “amigo” de la RAE).
Los conocidos, cercanos, no tan cercanos, lejanos o, directamente, desconocidos, pasan con relativa facilidad a la categoría de “amigo” gracias al uso poco filtrado y alegre que muchos tienden, o tendemos, a hacer de sus perfiles en las redes sociales generalistas (Facebook, MySpace, Tuenti, etc.).
El coleccionismo de números, no de relaciones, ser un “friendmonger”, viene a ilustrar el “Complejo de Tío Gilito digital” (alias Scrooge McDuck): Tener fichados cuanto más amigos/conocidos/desconocidos mejor en una bóveda controlada. En este caso, el propio y saturado perfil de cada uno en la red social preferida (o en varias, lo que se acerca al colmo del egocentrismo onanista 2.0.).
Recuperar amistades del colegio, instituto, universidad, antiguos trabajos, lugar de veraneo infantil/juvenil; mantener el contacto con amigos emigrados, o si uno emigra, con lo que se quedan; seguir con detalle, puenteando la escasa atención que el tiempo y espacio físicos permitirían dedicar, la vida de aquellos que nos importan/queremos; ampliar la red de conocidos y relaciones, o intentar ligar con nuevas personas (hay mejores plataformas especialistas); compartir o exhibir facetas de nuestra vida, hobbies o, incluso y bastante habitual hasta cierta edad, nuestro cuerpo serrano; etc.
Todo ello, y muchas variantes más, tiene cabida en los usos más comunes de las redes sociales generalistas. Pero esas mismas dinámicas pueden devolvernos actitudes que luego sean difíciles de llevar o controlar sin parecer un (o una) “estrecho/antipático digital”.
Un escenario que a muchos no les vendrá de nuevo:
Si te conozco por tu blog/perfil abierto/puesto de trabajo, o por un conocido común, o, simplemente, si he visto tu foto, o que tienes 100 o 200 amigos, y me interesa saber más de ti, ¿me aceptas como “amigo”?
La solicitud no viene de alguien que conozcamos directa o recientemente en el Mundo Real™, y probablemente tampoco de alguien que haya mantenido un trato previo e interesante con nosotros por otros caminos digitales.
Las reacciones, según la persona, edad y actitud serán variadas:
Aceptar incuestionadamente (acción no exenta de riesgos, especialmente entre los adolescentes)
Comprobar los perfiles de otros amigos relevantes por si aparece ese contacto
Responder con un correo y preguntar algo más sobre esa persona antes de aceptar
Dar una respuesta más o menos considerada justificando nuestra negativa
Ignorar la solicitud
Otras posibilidades (¡la imaginación al poder!)
El cómo respondemos ante esas peticiones define, al menos en parte, cómo enfocamos y qué esperamos de nuestra Vida Digital. Si en las redes sociales generalistas buscamos una ligera extensión de nuestra Vida Física, si estamos creando una plataforma de contactos comerciales, si seguimos alimentando la buena relación con una audiencia, o si nos estamos construyendo una personalidad digital más abierta que la física, tal vez porque nos resulta más fácil, son sólo algunos de los resultados posibles, y absolutamente lícitos.
Eso sí, en ello influirá, no sólo el grado de apertura (mayor no significa mejor), sino el grado de atención, escucha, conversación, interés y conocimiento que deseemos dedicar y ofrecer a cada una las personas, números, contactos o “amigos” que vayamos incorporando.
El tiempo y nuestras capacidades son limitados, las demandas y expectativas de los demás tienden a no serlo. Trabajo, Blogs, Twitter, Redes Sociales generalistas y especialistas, E-mail, relaciones en el Mundo Real™… Todo un reto para no saturarse y poder desarrollar una vida social eficiente, guardando una saludable Netiqueta.
A mayor nivel de conocimiento “verdadero” (físico o digital) entre personas, mayor comprensión de las actitudes y actividades desarrolladas en cada canal. Es una decisión que no está de más plantearse tanto se tenga un perfil, se escriba un blog, se gobierne o participe en un foro, se twittee, o todo a la vez.
Raúl Hernández, quien durante años fue (muy) conocido simplemente como el ingenioso “Consultor Anónimo“, expone en esta entrada, con realismo y sinceridad, su postura al respecto del tema que comento. Es la de un profesional, pero ante todo persona, muy abierta, conectada y disponible en la Red, pero que aprecia y entiende la diferenciación de objetivos, intereses y actividades que cada medio y canal permite desarrollar. Me ha parecido muy relevante, y tal vez sirva de ayuda a quienes aún duden sobre qué desean obtener de las redes sociales y de su propio potencial 2.0.
Excelente video-post de Gary (tipo que me merece gran respeto) en el que incita, con su habitual pasión, energía (alias “hiperactividad”), determinación y empatía comunicativa, a atender más a los propios instintos de lo que habitualmente lo hacemos.
En un mundo como el de la publicidad, y también el del marketing más emprendedor, en los que la creatividad y la innovación deben verse sometidas a una agotadora y desgastante procesión de métricas, revisiones, test, pre-test, post-test, trackings, estudios cualitativos, estudios cuantitativos, y un larguísimo etc., con el fin de convertir en racional y replicable aquello que era aparentemente más emotivo, novedoso, rompedor o sorprendente, es aún más difícil recordar y confiar en que una excelente fuente de “insights”, conocimiento y búsqueda de oportunidades es el propio estómago, nariz y sentido común de cada uno. Los altos y bajos, propios y ajenos, que vivimos y de los que aprendemos cimientan ese instinto.
En una época tan alborotada y cuestionada como la que ahora vivimos, donde plantear algo así parecería ir contracorriente de la ansiada (y falaz) seguridad, me resulta bien interesante que se traiga el tema, con tal énfasis, de nuevo a la palestra.
¿Qué opináis vosotros?
¿Habéis logrado llevar a cabo campañas/proyectos que contaban con la oposición/rechazo de muchos, y que tan sólo tenían vuestro instinto y confianza para respaldarlos?
Si así es, ¿han tenido éxito/conseguido sus objetivos?
Este es el blog de Daniel Muro.
Un espacio abierto a la charla sobre marketing, publicidad, marcas, account planning, internet, inventiva, creatividad, innovación, comunicación, ciencia, pensamiento 2.0, diseño, política... y un sin fin más de las numerosas facetas del ingenio humano.
Te invito a unirte a la Conversación.