Este anuncio de Orange, obra de Publicis Conseil (Francia), tiene todo la pinta de una “declaración de intenciones” sobre cómo aborda y qué significa Internet para la marca.
Síntoma éste que nos sitúa en un panorama en el que, probablemente, sus competidores (a diferencia de en España) estén pasando de la fase “técnica” a la “identitaria” en sus objetivos estratégicos, y sea momento de destacar características y visiones más emocionales sobre la comunicación digital.
Como comenta Janes en su Tumblr (donde he visto el spot), y como también apuntan algunos comentaristas en YouTube, la diferencia entre la realidad y la promesa que plantea el video será, como mínimo, sustancial. De ello no cabe duda.
Pero sabemos que no va de eso, y por eso nos gusta. Para qué negarlo.
Si algo tienen este tipo de piezas, cócteles de romanticismo narrativo, poesía visual/sonora y guiños contraintuitivos, es que su objetivo principal no pretende pasar por el cedazo del realismo analítico, congruente.
Buscan seducir, emocionar, contar una historia que motive e implique (el llamado engagement) al espectador (o usuario) y, a fin de cuentas, conseguir que se hable de la marca y su actitud ante “la vida” (que tiende a reflejarse en la del propio consumidor).
Como consumidores seguimos (y seguiremos) pretendiendo o esperando encontrar racionalidad en aquello que una marca nos comunica y ofrece en sus propuestas, para así hallar un elemento racional justificante en el que anclar nuestras decisiones de compra.
Y bien al contrario, abundan los ejemplos y estudios que señalan la Emoción como driver principal, como factor primario que inicia todo proceso de decisión, ya no digamos de compra (luego veremos si las necesidades concuerdan, pero eso pertenece a un plano posterior).
Este anuncio guarda su fuerza en que mediante una sucesión de sugerentes escenarios y apelaciones a la emoción, logra que encontremos en nosotros esa razón por la que preferir la marca.
Si Internet es tan significativa y diferencial para Orange, no será menos para nosotros ¿no?
Michael Wolff escribe un interesante, entretenido y revelador artículo para Vanity Fair acerca de la actitud y posición que el mega magnate de los medios Rupert Murdoch (Sky, Fox, MySpace, The Sun, NY Post…) tiene respecto a la Red de Redes:
Wolff ha trabajado muy de cerca con el empresario ya que hace unos años fue su biógrafo, y precisamente por ello es impagable el conocimiento del que hace gala al referirse y describir las posturas, sensaciones, desafectos e intenciones que Murdoch y sus allegados tienen y plantean sobre lo que para muchos parece un debate del pasado (al menos en los términos que éste pretende).
Poderoso, decidido, persistente, épico, belicoso, tecnófobo, muy old-school y empeñado en una vuelta atrás del modelo actual. Así se podría describir cómo es y enfoca su personal y empresarial batalla ante los cambios y avances, actividades y actitudes que se han ido desarrollando e implantando en la Web y, cómo no, entre sus usuarios.
Aunque el autor apunta que a la mayoría de expertos les parece un error contracorriente e ineficiente la decisión de Murdoch de cobrar por acceder a los contenidos, incluso los generalistas, en todos sus sites de noticias (a la vieja y fallida usanza), en el caso del imparable australiano nunca es menor cualquier decisión que tome, pues arrastra a gran parte de la industria, competidores y gregarios, con el peso de sus acciones (las estratégicas y las bursátiles).
Veremos en qué resulta esta importante batalla personal y empresarial contra el cambio, que pese a resultar paradójica por su énfasis retrógrado, de resolverse en favor de la coherencia y modelos acordes con los tiempos bien podría llegar a cobrarse inesperadas víctimas colaterales entre las cabeceras de News Corp.
X-Factor UK sigue dando que hablar y, especialmente, que escuchar, edición tras edición.
Personajes y momentos así provocan reacciones sociales y económicas en cadena con su aparición en el panorama:
Aumento inmendiato de la calidad, notoriedad y difusión del show/producto en cuestión.
Aumento consecuente del interés, expectativas y atención de las audiencias, analógicas y digitales, nacionales e internacionales.
Aumento de las Libras que facturarán la cadena y los productores gracias a esas audiencias y atención.
Y, cómo no, aumento clarísimo del disfrute para cualquier oyente que guste de la buena música.
Este tipo de explosiones de entusiasmo y popularidad, de la mano de la calidad musical, sigue sin ser tan habitual que tengan lugar por estos lares. En mi opinión, y como tal muy subjetiva, principalmente porque los estilos musicales comercialmente predominantes, mainstream y más aceptados en España tienden a ser un coñazo son otros. Algo que se plasma año tras año en los cansinos y tan patrios “OT”s, o en nuestra no tan brillante, aunque esforzada, versión de Factor X.
Atentos a la potencia, carisma y estilo del chaval, a quien parece obvio que su pasado como profesor le da soltura y le ayuda a ganarse y mover a la gente. Se hace amo de la escena y del ambiente en instantes. Puro talento. Habrá que seguirle la pista.
Si no voy muy equivocado, en no demasiadas semanas se estarán, estaremos, descargando y comprando a mansalva sus versiones y temas en iTunes Store y similares.
Las diferencias entre los marketinianos y los vendedores son numerosas, tanto por enfoque como por objetivos, plazos u oportunidades para lograr resultados.
Al respecto, una de las apreciaciones más esenciales, simples y que más me gusta es la que apuntó Seth Godin:
“La diferencia entre marketing y ventas es que los primeros cuentan y difunden una historia, mientras que los segundos vencen la reticencia natural a decir “Sí”.”
Desde Marketing se piensa, innova y trabaja para crear algo que seduzca, sorprenda, interese y atraiga al público a conocer, preferir, elegir y comprar (y recomendar) nuestro producto o servicio.
El plan de acción juega con el mix, información, tiempo, difusión, cobertura, atención, disponibilidad, expectativas, tácticas, canales, recursos… que nuestra campaña desarrolle. Si no impactamos al (posible) cliente la primera vez, esperamos poder hacerlo la siguiente prevista. Buscamos lograr que asimile aquello que le contamos, y que actúe en consecuencia (por lo general, que vaya a comprarnos).
Ni veremos ni trataremos directamente con todos y cada uno de nuestros potenciales compradores, pero educarles en cómo y qué consumir y anticiparnos a lo buscan es nuestra razón de ser. Debemos conocer con antelación cómo son, cómo están, cómo piensan y sienten con tal de que lo expuesto sea relevante para ellos. Y es en esas parcelas donde la creatividad y la planificación estratégica sobresalen como grandes herramientas que ayudan a optimizar sobremanera nuestros esfuerzos.
En cambio, desde Ventas (B2C, y en parte también B2B) se vive para el cierre, la venta consolidada. Cada disparo gasta una bala. Se impacte o no, no podremos recuperarla. La relación con el posible cliente que marketing (en sus diversas facetas) haya logrado atraer hasta nosotros aguarda sólo dos resultados: bien dirá Sí (venta lograda) o bien dirá No (bala y venta perdidas).
Cada interacción tendrá un rostro, una necesidad, una actitud, un olor, un tacto, una voz y un clima distintos, no siempre agradables, no siempre favorables, pero que rápidamente se deben evaluar y enfocar con la mejor estrategia posible. Aquí es donde los vendedores expertos se diferencian del resto, cuando sus finas habilidades logran que un “No” inicial llegue a convertirse en un “Sí” final, sumando una feliz sensación que facilitará la recomendación a otros consumidores por parte del ahora satisfecho comprador.
Es un terreno en el que no suelen darse segundas oportunidades, y el corto plazo tiende a ejercer una dominación casi absoluta, definiendo el carácter, actitud y necesidades de la gente de ventas, y de la empresa y marca si ésta se orienta principalmente hacia esta vertiente.
Ello condiciona, de no pocas maneras, el tiempo y proceso que las marcas requieren para construirse una identidad coherente y proyectar una imagen memorable, con significados y valores añadidos. Pero, por otro lado, es premisa fundamental mantenerse comercialmente vivo para lograr que nuestra marca llegue a contar con ellas, o para que, invirtiendo recursos, pueda recordárselas al consumidor en momentos difíciles.
Sé que lo que hoy comento sonará a viejo conocido para muchos de quienes pertenecemos al ámbito del marketing, la comunicación o las ventas. Pero la realidad muestra que no siempre sabemos adecuarnos a ello, tanto en uno como otro bando, malogrando así oportunidades de generar inputs positivos para la marca, y también para las cuentas de resultados.
Por lo general no serán nuestros interlocutores (bien seamos agencia, bien dpto. de marketing), gente que comparte nuestro mismo lenguaje e ideas, quienes finalmente deban lograr la venta, argumentando para que todo el proceso e historias puestas en juego acaben siendo simple y felizmente compradas por los actuales o futuros clientes.
Entender sus complejidades, en qué momento pesará más una parte que la otra, aceptar y priorizar esos diferentes enfoques es vital si se pretende hacer crecer o rentabilizar un marca, económica y significativamente.
Implementar y fomentar esa cultura y necesidad dual en los equipos y sus colaboradores es tarea de los gestores de marca inteligentes, apuntando así sus esfuerzos de cara al consumidor y el mercado.
Un producto, una marca, sin historia, sin atractivo emocional, sin atributos intangibles que la sostengan, por funcional que sea, no dura mucho en un entorno competitivo. Una empresa que no venda a buen ritmo, con un territorio y márgenes adecuados, tampoco.
Llevo un tiempo escribiendo con notoria irregularidad, principalmente por motivos familiares y profesionales: la enfermedad terminal y consiguiente pérdida de una familiar cercana, la postergación de varios proyectos ahora no realizables, algunas impagables, orientativas y determinantes charlas sobre el momento actual con magníficos y generosos creativos y profesionales del marketing, y unos cambios horarios de constante machaque al biorritmo que no me permiten leer, hacer, escribir y comentar cuanto desearía.
Y no será por falta de temas interesantes, que procuraré recuperar en breve. (James, va por ti)
A la espera de que los tiempos mejoren, dado el contexto y las complicadas fechas, y ya que el aire, las ideas y las letras refrescan, avivan y enriquecen la mente, pero no llenan el estómago ni pagan las facturas, he hecho una pausa en mi devenir publicitario-marketiniano, y hace ya unas semanas, y por un período indefinido (sea esa indefinición breve o extensa), estoy trabajando en el sector de venta a consumidor final (o cliente, en este caso).
Existe una conocida y dominante cadena de gimnasios en el área de Barcelona. Y allí estoy yo, afincado en uno de lo perfiles comerciales y de atención al cliente de su centro “estrella”.
Vendo algo en lo que creo, lo que reduce los conflictos éticos, pues llevo años gozando de sus beneficios en muchos aspectos. El ejercicio siempre ha sido una motivación para superarme, conocerme y aprender, y sé que funciona para muy diversas metas, circunstancias y necesidades si uno pone de su parte (No pain, no gain).
Además, cualquier escenario con mucha interacción y visibilidad es un interesante escaparate humano para un entusiasta de la antropología social y del análisis del comportamiento. Tanto en lo relativo a los clientes, sus dinámicas y sus emociones, como al equipo que integro, en el que hay gentes de muy variada formación y estilo, pero entre lo que la cordialidad tiende a ser norma. Lo cual se agradece.
Eso sí, las condiciones laborales son mejorables, al igual que ciertas políticas (chocantes) de RRHH. Es algo que uno reconoce rápidamente si ya lleva suficientes años por el mundo, y varias empresas o proyectos a sus espaldas. No es ninguna novedad, pero sí algo preocupante crecientemente común hoy día, tiempos de sobreoferta de profesionales de toda condición y categoría. Y aquí dejo el tema, pues mi sentido de autocensura zumba en mi cabeza.
Sigo en mi tónica y continúo un periplo de trotamundos. Cada nueva etapa, por larga o breve que sea, aporta y enseña una lección estratégica, profesional y humana, mala o buena, pero siempre útil, que integrar dentro de las cualidades y soluciones que uno es capaz de ofrecer y desarrollar en la siguiente.
Procuraré ponerme las pilas blogueras, y volver a publicar con más constancia. Gracias a los que seguís pasándoos por aquí a “verme” (ya sabéis quiénes sois) esperando encontrar algo interesante, y aún más a los que enlazáis, pues es una estupenda motivación para continuar.
En este periodo de crisis, en el que las reducciones de ventas, de presupuestos, de plantillas y de confianza son norma, y en el que la dificultad de financiación es el pan nuestro de cada día para muchos, sigue habiendo valientes, creativos, soñadores, hombres y mujeres con propósitos, espíritu de sacrificio y, especialmente, motivación por vivir su propio negocio, que, arriesgando capital, tiempo y esfuerzo siguen manteniendo vivo el tejido empresarial de pymes de nuestro mercado y generando oportunidades.
Crear, comunicar, enriquecer, difundir, aportar emoción, razonamientos, historias, ilusiones, vinculaciones y sentido a las marcas es algo que sólo alcanza su verdadero potencial y tiene sólido propósito cuando hay alguien que se apoya en una visión y comprensión de marketing, y que desmuestra la capacidad y voluntad de establecer una empresa, un servicio, un producto que sea remarcable y auténtico, no sólo un negocio más entre una multitud con fines irrelevantes.
Si el emprendedor/a, independientemente de la escala de su aventura, cree firmemente en su proyecto, innova, gestiona estratégica y honestamente, y es capaz de contagiar y entusiasmar a sus colaboradores con su motivación, generando confianza, objetivos y metas compartidas, es muy probable que juntos logren transmitir mucho mejor esas virtudes y la solidez de su propuesta al consumidor, y hacerle llegar un mensaje memorable y relevante.
Si la crisis no ha logrado desgastar del todo tu interés y tus ideas, si tienes un proyecto, has encontrado apoyos y has decidido lanzarte e iniciar tu empresa, te hago llegar mis más sinceros ánimos.
De ellos, por cuanto tan importante es lo que representa tu marca y las personas que comparten tu idea, destacaría:
En un proyecto lo más importante no es la idea sino el equipo que está detrás. Rodéate del mejor equipo del mundo y todo saldrá mejor. La mejor idea del mundo con un equipo mediocre no llega a ningún sitio, pero un equipo brillante puede hacer un gran negocio hasta de una idea mediocre.
Muchas pequeñas empresas y emprendedores pierden el sueño pensando “cómo va a reaccionar el mamut que tengo por competidor a mi entrada en su negocio” pero la realidad es que muchas grandes empresas no pueden hacer lo que hace un emprendedor porque tienen un distinto “perfil de riesgo”. Como emprendedor tú puedes equivocarte, hacer errores, arriesgar tu marca… Tú puedes fallar, ellos no. Ellos tienen más miedo a arriesgar su marca y su prestigio. Tu puedes hacer el ridículo, ellos no. Esa es tu ventaja.
Y la inmediata pregunta que surge es ¿nos seduce, vende, atrae o convence la Honestidad?
Decía el genial Groucho Marx que “El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio. Si puedes simular eso, lo has conseguido”.
Aún así, dejando a un lado el práctico cinismo, no sé cuán efectiva será la campaña pero me gusta, va conmigo. Además, el anuncio en sí es una magnífica pieza.
Éste no suele ser un mundo honesto. Y no me refiero al de la publicidad, sino al Mundo Real™. Las personas no tendemos a elegir la transparencia y honestidad como valores principales de nuestro comportamiento característico, ni tampoco estamos siempre preparados o dispuestos a recibirlas.
De hecho, tal vez sea porque de tanto desgastarlas, de timarnos o mentirnos unos a otros y convertirlo en algo aceptable, de aprovecharnos socialmente de esas cualidades, han perdido credibilidad, y ahora parecen… paradójicamente, poco honestas. Aportando así, en principio, menos encanto, persuasión, ilusión o facilidad de aceptación a un mensaje o a una persona.
Es obvio reconocer que hay cualidades percibidas, y socialmente aceptadas, como más útiles y más rentables en la era de la atención saturada, del primer y único impacto, de la “fama rápida” aspiracional y del “corto plazo” empresarial. No creo que tardéis muchos segundos en pensar unas cuantas.
Y yo, sin embargo, sí creo que son necesarias más marcas, en más sectores, y más empresas y personas, que sean capaces de abrazar esa actitud e integrarla dentro de su identidad, comunicando así una imagen que permita, de nuevo, apreciar lo que eso aporta.
No es sólo que sea un momento propicio y necesario, contextualizado en la dichosa y desgastadora crisis, sino que a veces nos olvidamos de que también se pueden contar sorprendentes, memorables, relevantes y emotivas historias recurriendo a la honestidad, sin necesidad de renunciar a la capacidad de ilusionar o de ser muy persuasivos. Dependerá, como casi siempre, del público al que pretendamos dirigirnos.
Es relativamente accesible “usar” de la honestidad en una campaña. Lo hemos visto en numerosas, grandilocuentes y discontinuas ocasiones. Pero decidir y saber reflejar externamente un modo honesto de hacer las cosas y de entender los negocios internamente, es ahí, considero, donde radica la dificultad primordial, pues siguen siendo escasos los ejemplos.
No será fácil y no valdrá, según su sector o situación, para cualquier marca. Pero los avances, en mi opinión, merecen destacarse.
Una marca que ya llevaba tiempo en nuestro mercado, pero que se hallaba en un limbo de carencia de personalidad bastante evidente (y por tanto capacidad de conexión íntima con el consumidor).
Si House es “brutalmente honesto”, si Method (marca por la que tengo gran simpatía) aporta una “honesta limpieza del hogar”, si Dove apoya una “belleza honesta”, Aquabona decide ahora mostrarse “amigable y coherentemente honesta”.
Tenemos sitio para más.
¿Hay alguna marca que valoréis por su honestidad, además de apreciar sus productos/servicios? (lo contrario sería comercialmente suicida, y una estupidez estratégica por parte de la empresa)
¿Quién será, o podría ser, la siguiente marca que decida presentarse honestamente?
Estoy de acuerdo con José respecto a que la mala (pésima en ciertas franjas) TV que, mayoritariamente, tenemos es un síntoma y reflejo de otros males sociales. Empezando por nuestra “brillante” clase política, y acabando por nuestras numerosas actitudes y tendencias colectivas e individuales que han ido minando la coherencia general (a la década de masiva y distribuída estupidez pro-hipoteca me remito).
Pero discrepo en que la “libertad de empresa y de elección” (o incluso de “apagón”) sea el escudo detrás del que se puedan amparar los perpetradores (productores y programadores) de una notable parte del infumable y degradante producto televisivo (nacional, y en ocasiones también el adquirido).
Es de obvio rigor aceptar y asimilar, y más para quienes nos formamos y/o dedicamos a esto de la comunicación, que no todos los públicos prefieren el mismo contenido o estilo, ni lo disfrutarán del mismo modo, ni sus intenciones y expectativas al encender la pantalla serán en absoluto las mismas.
Pero el incremento de mierda catódica ha sido exponencial, y muy lucrativo, en casi todas las franjas horarias, saltándose a la torera regulaciones como la del “horario de protección del menor” (que sin embargo sí tienden a respetar los anunciantes).
Un síntoma es la desmesura en los bloques publicitarios. Otro de los males a los que los propios publicitarios se enfrentan y sufren, pues el trabajo que desarrollan para sus clientes, por brillante, creativa, narrativa y estratégicamente bien planteado que sea, se perderá, cansará o diluirá fácilmente entre la agotadora miríada de spots por bloque de anuncios. Eso, o pagar sobrecostes por modelos premium más eficientes o innovadores, cosa que sin duda también favorece al expositor.
Volviendo al post mencionado, uno de los comentaristas anónimos ha ofrecido una argumentación muy sincera y ajustada a la realidad, y de una crítica lucidez que vale la pena señalar. Os copio un par de párrafos:
[...] Ahora, en las series adolescentes, cuanto mas hijoputa, mas guay eres, y el ídolo es el Duque, un narco sin escrúpulos. Es un buen referente a imitar (como la Esteban). En las series se putea a los niños y adolescentes débiles, se miente por sistema, y se ponen los cuernos a tus novios/as para hacer sufrir a los demás, por puro entretenimiento y gusto. No me jodas que eso pide un crío, y que eso no le condiciona. De “Compañeros” a “Física y química” va un abismo.
Que decía una chica, no pienso acabar la ESO que me he apuntado al casting de Gran Hermano y ya no me hace falta. Subnormal. Lo malo es que van a crear una generación de desgraciados, irresponsables con lo que les toque, siempre frustrados, convencidos de que hay que ir “arrasando por la vida” y ser cuanto mas hijoputa mejor. Y encima piensan que las cosas se resuelven solas, porque los gilipollas de sus padres así se lo dan. Esto será una selva de vagos y cabrones sin empatía. Los pobres tendrán que aprender a palos. Nosotros tuvimos la suerte de que hasta la tele nos educó, y el cole nos enseñó a leer. Ellos también tienen derecho a ser algo felices, coño.
Es evidente que a toda generación le cuesta entender, y a veces aceptar, lo que le gusta o motiva a la siguiente, o incluso los modelos de éxito y conducta que perciben como atractivos, referentes y relevantes. Pero, sinceramente, no se trata de no comprender los diversos intereses y sensibilidades implicados, se trata de aportar mayor calidad (más de contenido que de forma) y esfuerzo creativo.
Ni pido, ni absurdamente espero, que toda la TV nacional en abierto llegue al nivel del imprescindible, innovador e impagable 33 (la segunda autonómica catalana) o la siempre interesante La 2. Pero hay abundancia de cadenas y programas que se congratulan en joder y agilipollar sistemáticamente las pocas neuronas que le quedan al espectador medio después de pasarse el santo día trabajando (dentro o fuera de casa) o estudiando.
Y además lo hacen sin puta gracia y con mínima autocrítica, cosa agravante y alevosa (en La Sexta al menos se toman ellos mismo a cachondeo, lo que dice en su favor).
Se puede entretener de muchas maneras, algunas constructivas, otras deconstructivas. Elegir, o crear, algunos de los peores modelos y paradigmas posibles no es precisamente algo para llevarse a la tumba felizmente. Aunque se vaya uno cubierto de millones y cifras de share abultadas.
En la página se nos ofrecen 22 útiles consejos, acompañados de diversos videos demostrativos.
El autor ha desarrollado estas indicaciones, en su mayor parte destinadas a refrescar nuestro ya no tan “sentido común”, basándose en las conclusiones empíricas obtenidas de su proyecto de investigación acerca del comportamiento que mostramos en las entrevistas de trabajo.
El proceso, a grandes rasgos, consistió en:
Poner un anuncio en craiglist buscando un “coordinador de marketing” para un empresa web apunto de lanzarse al mercado.
Analizar los cientos de CVs recibidos y planificar las entrevistas
Preparar un ambiente apropiado para recibir a los aplicantes (o solicitantes): despacho, secretaria, entrevistador (se turnaron él y un amigo) y cámaras semi-ocultas para grabar la charla (el entrevistado daba su consentimiento, aunque en los videos diga lo contrario).
Desarrollar 28 entrevistas y analizar los resultados de conducta en base a las respuestas dadas, actitud, lenguaje no-verbal, etc.
Quería encontrar aquello que hace que algunas personas brillen, convenzan y motiven más y mejor en los procesos de selección, y destacar los errores que, si se corrigen, no eviten a otras lograrlo.
Tal vez no se puedan aplicar a todo sector o estilo de profesión, o a todo tipo de entrevistadores, pero, te dediques o no al marketing, las ventas o la comunicación, creo que sus conclusiones siguen siendo útiles a la hora de plantearte cómo enfocar esa próxima oportunidad para conseguir el trabajo que te interesa.
Yo ya he tomado nota de varias cosas a mejorar.
Tenéis videos demostrativos y explicaciones ampliadas en la página.
Aquí os hago una traducción, ligeramente libre, de los 22 consejos y algunos detalles (mis comentarios, sólo en cursiva):
Las cartas de presentación son inútiles, lo que cuenta es tu CV.(Aquí discrepo, pero dependerá mucho del tipo de empresa, perfil y sector)
Tienes 10 segundos para interesar al seleccionador, o di adiós. Haz relevante tu CV (o tu book), adáptalo a la oferta en cuestión.
Sé puntual.
Apaga el móvil.
Conoce la empresa, y ten claro por qué quieres trabajar allí.
Trae CVs impresos. No des por hecho que lo tendrán sobre la mesa.
Trae un bloc de notas. Toma notas cuando sea o consideres apropiado.
Viste de forma limpia, pulida y sin extravagancias. (Creo que los creatas podrán saltarse lo de las extravagancias)
Pon en modo “privado/sólo amigos” todos tus perfiles en las redes sociales. Te buscarán en Google, mejor que sólo encuentren aquello que te favorezca o no comprometa. Si ven algo que no les cuadra con su cultura de empresa, adiós.
No hagas bromas. Tu sentido del humor puede no cuadrar con el suyo. Sé cordial, pero no cachondo.
No balbucees al responder. Procura centrarte en lo que te preguntan y sé directo.
No pongas a parir a tu ex jefe. Aunque se lo merezca, darás una imagen negativa.
No flirtees/intentes ligar con el/la entrevistador/a.(Puedes rebajar mucho tu imagen. Si te interesa, déjalo para cuando te hayan aceptado. Valora tu talento e inteligencia. Si tú no lo haces, ¿por qué deberían ellos?)
No juguetees con tu cabello o con tu rostro. Intenta mantener una pose de seguridad y confianza, aunque estés nervioso.
No menciones el trabajo de tu pareja. (El video de ejemplo de este punto es la risa, pero no sé si es tan peliagudo para otras personas. Lo dicho, un poco de sentido común, y no entrar en detalles)
Mantén buen contacto ocular. Perder mucho la mirada puede indicar falta de interés o atención.
La honestidad es (a veces no) la mejor política. Sé abierto y honesto, pero hay cosas que es mejor no contar ni especificar.
Ten metas. Aunque no sepas dónde o cómo quieres acabar, es bueno tener algunas ideas planteadas. Si no, pueden asociar una falta de ambición a un futuro comportamiento holgazán.
Cuenta con logros. Cosas que estés orgulloso, profesional o personalmente, de haber logrado. O errores de los que hayas aprendido lecciones.
Ten pasión. Sé capaz de comunicarla y de explicar qué te motiva e interesa de la empresa y el sector, y qué haces, lees o practicas para ampliar tus habilidades y conocimientos.
Haz preguntas. Si te dan la oportunidad, hazlas. Si no, pregunta si puedes hacerlas, y hazlas. Demostrarás interés y motivación por el puesto.
Envía una nota de agradecimiento. Enviar un e-mail es sencillo, pero mejor una nota manuscrita, en la que agradeces a tu entrevistador el tiempo y atención dedicados. No tiene porqué ser extensa, pero sí sincera. (Vuelvo a discrepar. A veces te será imposible enviar dicha nota a tiempo o acceder de nuevo al entorno del entrevistador-seleccionador. Si el correo electrónico es honesto y claro, puede ser tan o más válido. Eso sí, acuérdate de pedírselo)
Eso es todo lo que Steinar plantea, que no es poco.
Si entendéis bien en inglés, podéis seguirle por Twitter o ver los videos en su canal de Youtube. Ambos pueden aportaros aún más información sobre el comportamiento a evitar o mejorar.
Si ayer escribía sobre Infojobs y el panorama laboral general, y hace unas semanas comentaba la charla que manteníamos en Viendo Videos sobre el estado del sector publicitario, hoy llego a dos estupendos artículos que señalan, entre otros importantes factores, el valor y la necesidad de redescubrir y dinamizar los puesto de trabajo como herramienta fundamental para reavivar la economía, propia y colectiva.
De nuevo, todo tiende a un “back to basics”, pero con gestión innovadora.
Menos especulación descontrolada, menos insensatez, más formación y educación, mejoras en la competitividad y productividad, más inversión y liquidez que lleguen directamente a la ciudadanía, más coherencia con las posibilidades y recursos de cada uno y del global, más aprecio y entusiasmo por lo que se haga, o se intente hacer, y unos salarios dignos y proporcionales al coste de la vida como elementos principales para remontar la crisis y reequilibrar el sistema.
Aquí, en Europa y en USA.
La mentalidad de la Patronal española y su mensaje que tanto simpatiza con la Ley de hierro de los salarios, parece que choca con la realidad de las recomendaciones objetivas para salir del atolladero.
Este es el blog de Daniel Muro.
Un espacio abierto a la charla sobre marketing, publicidad, marcas, account planning, internet, inventiva, creatividad, innovación, comunicación, ciencia, pensamiento 2.0, diseño, política... y un sin fin más de las numerosas facetas del ingenio humano.
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