Archivo mensual: enero 2010

Así se ofrece una beca: “Tips for better ideas”

La agencia canadiense Rethink Communications ofrece esta beca (edición 2010) para diseñadores, concebida para inspirar y potenciar su talento en el Langara College.

Y qué mejor ejemplo que demostrarlo mediante este estupendo y propagable “Tips for better ideas“:

Vía Piscolabis (blog del estudio 2creativo) y 40Fakes.

Haz que valga la pena contarlo: Coca-Cola’s “Happiness Machine”

¿Original? No demasiado. Seguro que habremos visto algo parecido en (buenos) programas de cámara oculta.

Pero es más importante que resulta brillante, auténtico, sorprendente, alegre, bien intencionado, bien planteado, bien diseñado, bien ejecutado y muy compartible:

Coca-Cola sigue y seguirá siendo Coca-Cola, y con el muy fragmentado entorno actual (probablemente) no veremos existir otra marca como ella. Una marca que sea tanto para tantos.

Nunca se ha conformado o asentado en su tremenda e incontestable herencia y posición, sino que siempre busca, desea, exige innovar, ir ese paso más allá en sus propuestas, siempre fiel a simbolizar su conceptual “Alegría” generosa y multifacética, siempre auténtica en sus historias.

La originalidad es fundamental y necesaria para avanzar, sin duda, pero solemos sobrevalorarla en comunicación (no así en otros campos, ojo). Todo fue original en algún momento, pero el tiempo y las ideas vuelan cada día más rápido, alimentando un constante ciclo de recombinación cultural.

Es la autenticidad respecto a lo que uno representa y ofrece lo que genera y afianza el vínculo más sólido en las relaciones entre personas, y entre personas y marcas.

Convierte algo interesante, curioso o llamativo (viralidad) en algo significativo que merece la pena contar (propagación).

Vía Walter Naeslund, marketiniano digital sueco a quien vale tener presente en vuestros feeds.

Jon Stewart reparte cera a los cazatendencias

Aunque la observación y captación de tendencias socio-culturales nos ha acompañado desde el principio de los tiempos, su vertiente más actual, comercial, oficial y abundantemente popularizada por los mismos consultores, no había sido tan reconocida, aceptada y difundida como en esta década.

La explosión de profesionales de muy diversos bagajes y estilos ha acabado convenciendo a muchas empresas, medios y otros profesionales de lo estratégico de usar sus servicios, siempre con la esperanza y el interés de contar con una posible ventaja competitiva. Y ello, como ocurre con todo florecimiento, ha llenado el mercado, físico y digital, de variadas metodologías, presentaciones, informes, artículos y listas de todo tipo y condición.

Sin duda muchos de nosotros habremos tenido oportunidad de leer algunos más relevantes, fiables o sólidos, que habrán resultado realmente útiles e inspiradores, pero en otras muchas ocasiones nos habrán colado goles a mansalva, y habremos pagado por ellos bien con nuestro capital, bien con nuestro tiempo y atención, bien con nuestra credibilidad profesional.

El genial, ingenioso y mordaz Jon Stewart, a través de su inimitable vehículo mediático, el “The Daily Show“, se marca una sesión de ilustrativo cinismo dando cera al colectivo.

(No puedo embeber el video en WordPress.com, por lo que sugiero verlo mediante ese enlace).

Un colectivo, además, tan variado hoy día que cabe casi cualquiera que se autodenomine y promueva como “trend watcher”, “coolhunter”, “trend spotter”, “cazador de tendencias”, “consultor de tendencias”, y un largo etc. Cosa que provoca que sea una creciente, ardua y (en ocasiones) costosa labor filtrar a los cantamañanas y espabilaos de aquellos que de verdad aportan valor e insights con sus propuestas.

Aquí, como en casi todo juego adivinatorio/intuitivo, por más o menos análisis profundo y formal con el que contemos, se juega con tantos factores ambientales y percepciones sesgadas que en demasiadas ocasiones se acaba deseando ver trufas donde sólo había piedras.

Aún así, no niego que a menudo me resulta atractivo repasar las propuestas por sorprendentes u obvias que sean (y acaben resultando una enorme chorrada, o no) de ciertos “tendencieros” a quienes leo y que me despiertan confianza,  ya que siempre provocan, como mínimo, que piense al respecto. Es lo que tiene la curiosidad humana.

He llegado al video vía esta buena y breve reflexión de Tim Stock en su Brand Noise.

El dichoso “CEO speech” en acción

O cómo la cada vez más extendida jerga estilo MBA (el mencionado “CEO speech“) nos lleva a discursos crípticos, que hacen flaco favor por la comprensión y la claridad del mensaje.

Ejemplar y reciente muestra vía los magníficos chicos de 37signals:

The weakness in our value chain with the customer was really in our core product.

Funny language from Domino’s CEO David Brandon (Translation: The company’s service and delivery were fine but the pizza sucked.)

En todo mundillo profesional creo que cualquiera habrá sido, en algún momento, culpable de pasarse de rosca con la jerga, ofuscando significados bajo capas de barniz semántico.

En ambientes en los que se comprenda probablemente sea lícito, hasta necesario para agilizar algunos procesos, o incluso se espere de uno para demostrar que “entiende de qué va esto”, pero por lo general, y como los mejores redactores saben, suele ser una estupidez.

Encontrar el equilibrio entre “Simplicidad y Comprensión” VS “Términos Imprescindibles” es el reto al que se enfrenta cualquiera que cuente con una vertiente comunicativa en su actividad.

Le guste o no, mucho de lo que inspire o logre de los demás se lo estará jugando ahí.

Aún más si lo que se busca, como aquí ocurría con Domino’s Pizza, es conectar con sus clientes, reconocer errores, y transmitir honestidad, capacidad de escucha y actitud de redención.

Eso sí, siendo un CEO, siempre puedes quedarte tan ancho y esperar que tu agencia le de la forma adecuada.

Si fuera una campaña teaser de cerveza, sería brillante

… y muy, muy arriesgada.

La venganza 2.0 en esencia:

Gearfuse – Brother gets sweet, sweet revenge on sister by posting hook up list on Facebook


Pero, como la cosa viene de USA (país de peculiar y polarizada moral), y mediante Facebook (que se jugaría una avalancha de quejas alimentando un caso así), no, no creo que ni siquiera DDB, con sus habituales propuestas divertidas y arriesgadas para Bud Light, se atreviese. En casi todo juicio de marketing los potenciales inconvenientes superarían los beneficios.

Aún así, sigue pareciéndome, simple y llanamente, un hecho jodidamente divertido y tremendamente viral (vale, y controvertido). Causa-Efecto, Acción-Reacción.

Además, por encima de todo, creo que sirve de gran (y esperpéntica) lección práctica sobre cómo las generaciones más “naturalizadas” con la Red han perdido (o siguen perdiendo) muchas de las barrerras racionales y emocionales respecto a qué hacer y no hacer público de nosotros mismos (… o de nuestas hermanas), que los algo más viejunos sí solemos tener.

Vía: un gran amigo y creativo que se me va a las Américas, a recuperar el amor y probar fortuna como mercenario de los titulares con ingenio. (Un brindis por tu sabia decisión, Victor. ¡Muchísima suerte Monsieur!)

Este 2010 presenta como Steve Jobs

A nadie asombrará a estas alturas (y si así es, vuelvo a recomendar Outliers) que señale que una buena parte de la genialidad aparentemente “natural” que desarrollan las grandes figuras suele provenir de la combinación de un gran talento y, especialmente, de una cantidad acojonante de práctica (las ya famosas 10.000 horas).

Y nuestro admirado Steve Jobs, además de carisma, inteligencia y visión, lleva muchas batallas a sus espaldas, en las que ha ido configurando esa “natural” excepcionalidad que demuestra al presentar, con la que nos deja a todos aplaudiendo como críos entusiasmados.

Creo que gracias al interesante análisis que sobre su actitud presentando, realizado por el consultor Carmine Gallo (autor de este libro sobre el mismo tema), podemos tomar buena nota de sus lecciones encima del escenario.

Seguro que a largo de este 2010 tendremos ocasión de poner a prueba nuestras mejoradas artes de seducción “a la Jobs“.

¡Ah!, y ojo a las pintas y detalles de cada época, que tampoco tienen precio.

Vía GigaOm