
Como en todo proceso crítico, la gripe porcina plantea posibles oportunidades y amenazas, tanto en lo socio-político como en lo empresarial.
Dando por sentado que los damnificados evidentes y principales son los contagiados y su entorno, además de los diversos sistemas sanitarios y de transporte de cada país afectado, planteo algunas circunstancias que vienen dándose en situaciones similares (gripe aviar, vacas locas…) y que no dejan de ser interesantes.
En un caso así, por ser la primera referencia mental, quienes primero reciben el daño de la opinión pública son las explotaciones porcinas. El consumo y venta de cerdo se ve reducido, su precio global cae y las reticencias y maledicencias sobre estos animales crecen a merced de miedos, supersticiones y bulos interesados. Aquí no son ellos quienes nos contagian (o sea, el consumo de su carne), como sí ocurría con las vacas y su encefalopatía espongiforme, sino nosotros, unos a otros, como en la gripe “común”.
La oportunidad comercial puede aparecer para las carnes de similar precio, que no cuenten con los conflictos emotivo-sanitarios que el gorrino sufre actualmente. Aumentar su cuota de mercado gracias a la sinrazón.
Por otra parte, los medios ya informan hace días de que casi todas las actividades colectivas y de ocio social están viéndose drásticamente recortadas en Méjico DF, y puede extenderse la tendencia, que no entiende de fronteras. Centros de estudio, tiendas de no-primera necesidad, estadios, centros comerciales, etc. Caída de la asistencia escolar y laboral, y de los ingresos, inesperada, de duración indefinida y poco evitable.
Oportunidad para recuperar el tiempo y ocio familiar en el hogar, pero también para numerosos servicios digitales, tanto de pago (p. ej.: servicios on-line de las consolas) como gratuitos (p.ej.: nuevos followers en Twitter).
En cuanto a los directamente beneficiados en los económico, los medios (mayor interés y atención), las farmacias, los productores de mascarillas y Roche con su poderoso (y patentado) Tamiflu son los más claros receptores de estímulo a cambio de la tan ansiada seguridad/información/prevención.
Respecto a las mascarillas, algo que me sorprende y desconcierta es la cantidad de personas que las múltiples conexiones televisivas muestran (más en Méjico que en USA) con dicho objeto protector mal colocado. Una gran parte de la población enmascarada las lleva dejando su nariz al descubierto, algo que podría indicar que ni las farmacias, ni los medios nacionales, ni ningún organismo público autorizado se han molestado en hacer una simple y útil demostración de su correcto uso.
Vender 5.000 mascarillas al día es inútil si no se educa en cómo prevenir el contagio mediante su adecuada aplicación.
La oportunidad para las autoridades pertinentes (globales y locales) es tomar cercanía, conectar por todas las vías posibles (analógicas y digitales) con la población, plantear respuestas rápidas, con un discurso comprensible, abierto (que no indiscreto) y ubicuo que tranquilice, organice y prevenga a los ciudadanos. Si las actuaciones son correctas, dentro del inevitable control y contagio, esas mismas autoridades pueden salir reforzadas. Si frustran y evitan conversar con la ciudadanía, el desgaste de credibilidad y confianza puede ser aún mayor.
Si se os ocurren más, añadidlas en los comentarios, y así podremos llegar a un análisis marketiniano más amplio de la situación.
Interesante ver cómo de nuevo se pone de manifiesto que la sociedad en general, mucho antes de razonar y buscar informaciones coherentes y fiables, no responde, sino que reacciona, del mismo modo, colectiva e individualmente, ante cualquier disparador emocional (sea amenaza, miedo, alegría, sorpresa…).


