Archivo mensual: marzo 2009

Predeciblemente irracionales

Dan Ariely es Doctor en psicología y economía, ha sido profesor, y es colaborador, del MIT, y actualmente ejerce la titularidad de profesor de economía conductual en la Duke University.

Ariely, además de ser un luchador que ha superado graves quemaduras en su cuerpo, logrando llevar una vida satisfactoria en lo personal y profesional, es un tipo que desmuestra gran observación, inteligencia, ingenio y de notable sentido del humor en cada intervención o texto que plantea.

predictably-irrationalEn 2008 publicó “Predictably Irrational: The Hidden Forces That Shape Our Decisions“. Libro que tengo entre los prioritarios de mi wish list hace tiempo, a la espera de que la economía mejore (la propia, y la general), y el flujo de euros en mi bolsillo sea algo más holgado (o sea, existente).

Para aquellos que no le conozcáis, o estéis interesados en aprender algo más sobre cómo funcionan y deciden vuestros congéneres, y de paso, vosotros mismos, aquí os dejo su interesante blog. Sea por pura curiosidad humana, sea por aplicar esos conocimientos de algún modo práctico, sin duda la visita resultará útil.

Si decidís adquirir el libro, o lo habéis leído ya, será un placer que nos comentéis algo al respecto.

También os plateo disfrutar de un par de sus estupendas y reveladoras charlas (¡gracias por recordármelo Oriol!), en las que comenta algunos ejemplos de esas conductas y comportamientos tan predeciblemente irracionales que, por más que nos sorprenda, tantas y tantas veces manifestamos:

Aquí podréis ver la segunda, que tuvo lugar en TED 2009.

¿Cuánto ganamos los publicitarios?

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Los amigos de Viendo Videos, Jesús y Moscov, han planteado una de esas entradas imprescindibles, y no tan frecuentes, para saber cómo respira la profesión en estos tiempos críticos:

Viendo Videos – ¿Cuánto ganas en tu agencia?

Si quieres hacerte una idea sobre cuánto ganan algunos compañeros publicitarios, valorar, comparar o exponer cuánto te llevas tú a casa, cómo te tratan en tu empresa, aportar información u opiniones al respecto, o incluso destacar alguna oferta laboral o agencia que esté fichando más que despidiendo, sin duda alguna es un buen lugar para charlar al respecto.

Eso sí, nadie te garantiza que no salgas desmoralizado de la visita. Parece que los publicitarios españoles seguimos, grosso modo, teniendo que vivir más de la ilusión, el conocimiento, el talento, el arte y el aire, que de los dineros.

Extraña paradoja para quienes deben pensar y crear para apoyar y motivar al consumo.

Comprender para relatar con eficacia

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Toda interpretación, para producir comprensión, debe ya tener comprendido lo que va a interpretar.”

- Martin Heidegger – (acerca de la hermenéutica)

Vivimos una época acelerada, en la que las gentes de marketing y, especialmente, de publicidad y relaciones públicas tenemos como principal aspiración y objetivo el saber definir y contar las historias que las marcas representan y significan, o buscan significar, para sus consumidores.

En un mercado de elevada igualdad práctica entre productos, la marca tiende a ser el principal diferenciador, informador, garante, satisfactor y dinamizador emocional en la batalla por lograr preferencia de compra/uso.

Ello supone el reto de aportar historias sólidas, coherentes, creíbles pero sorprendentes, que conlleven un estimulo directo a la emoción y/o razón del consumidor que le motive a entablar relación con la marca.

Pero, entre prisas y presiones por lograrlo, a veces, unos u otros olvidamos lo fundamental de llegar a conocer y comprender a fondo aquello que servirá de materia prima para elabora nuestra comunicación.

Lo necesario variará según los objetivos y necesidades de cada caso:

La naturaleza y cualidades de la empresa, del producto, del público, del posicionamiento histórico, del entorno y contexto, del proceso de investigación y desarrollo, del proceso de venta, de la competencia…

Todo ello supone mucho tiempo, interés, talento, recursos y esfuerzo aplicados. El comunicador debe lograr, o al menos intentar, implicar y motivar al cliente más allá de encargar, pagar y esperar resultados. Extraer de él cuanto sea y considere necesario para poder, de ahí, acabar sintetizando aquello que entiende será más relevante para su público.

De otro modo, si al cliente no se le muestra, o no colabora, o no acepta esa vía más eficaz del proceso, nos encontramos con resultados forzosamente acelerados, mal planteados o fundados, o que ofrecen visiones y argumentos contradictorios entre sí. Lo cual se traduce en obras mediocres, útiles tal vez, pero poco relevantes, que a medio plazo podrán confundir al consumidor, o devaluar la historia de la marca y su propuesta.

Casi todos los pájaros ofrecen a sus crías, ávidas de alimento, aquella comida que primero han obtenido y semi-digerido ellos, para hacerla más fácil y rápida de asimilar.

No podemos interpretar, con el objetivo de que el mensaje sea eficazmente comprendido y provoque la reacción deseada, si nosotros mismos no hemos podido ejercer una previa y eficiente comprensión de los hechos, o no se nos ha permitido obtenerla en las condiciones adecuadas.

Defender esa necesidad de tiempo, recursos, información e implicación es tan derecho y obligación nuestras como el acabar ofreciendo una creatividad y soluciones a la altura de todo lo obtenido.

Mejunje histórico-cultural made in China

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Artistas chinos han sumado en este cuadro, del que veis un detalle (aquí al completo), a 103 personajes de relevancia histórica.

Imagino que debieron pensar que, si en la era de los mashups todo vale, porque no iban a hacer ellos lo mismo, pero con las técnicas de toda la vida.

Un resultado, como mínimo, peculiar, interesante y chocante.

O sea, correrá como pólvora en la Red.

Vía Guerra Eterna.

Sin marketing, pero con marketing

La historia que nos cuenta Luis Villa en su “Grancomo“, empieza con esta rotunda declaración de Robert Stephens:

“El marketing es la tasa que pagas por no ser extraordinario.”

Y, sin embargo, todo lo que Luis destaca que Stephens realizó en la búsqueda, conceptualización, y desarrollo de su servicio, el Geek Squad, es muestra de algunos de los mejores insights de marketing que podemos plantear.

Sabemos que el mejor marketing empieza, o debería, por contar con un producto o servicio verdaderamente destacado, innovador, útil, memorable. Extraordinario a ser posible.

El consumidor está cansado. Su dinero, cada vez más disputado. Vive en un mercado saturado de ruido, donde parte de cuanto reclama su atención no le ofrece diferencias que le seduzcan. Espera y merece que superen sus expectativas.

Así, en ocasiones, llega a conocer, valorar y confiar en la excelencia y la historia de marcas como el mencionado Geek Squad.

Por eso una marca que aspire a todo debe tener ese algo diferencial, capaz de representar su relato y promesa con garantías. Capaz de generar, por sí mismo, valor, prestigio, de atraer y retener talento en su desarrollo, y de generar una base de consumidores dispuestos a apoyar y otorgar su confianza y atención.

En algún momento, la marca podrá incorporar a agencias o equipos de comunicadores para desarrollar una estrategia que permita hacer llegar, con creatividad, su historia, su presencia, su oferta, su personalidad y estilo a más posibles usuarios o consumidores, o bien reforzar la confianza y estima de quienes ya lo son.

También es cierto que, como alegaba Stephens, la mediocridad existe en parte de la oferta del mercado,  y que suele provenir de un mala concepción en origen. Por ello, a veces, se invierte en hacer seductora e interesante esa mediocridad, para así conectar con un público que, de otro modo, podría no tener en cuenta a la marca, y no permitir que crezca o mejore.

Es una decisión muy importante, que puede causar muchas decepciones, y costar aún más a medio plazo, si sólo se busca el beneficio inmediato.

Robert Stephens, en su apuesta por crear algo único, y evitar lo negativo de lo que él concebía como “marketing”, ha acabado obteniendo una de las mejores promociones posibles, el word of mouth (positivo). Aquella que transmiten los propios clientes y trabajadores satisfechos, los proveedores bien tratados, los admiradores y la propia industria. La que genera valor añadido, que cuenta una historia sorprendente, pero que el consumidor ve que es cierta, que está respaldada por unos hechos, cultura, procesos, ideas y talento al servicio de un proyecto.

La mentalidad de marketing global ayuda a plantear productos y servicios extraordinarios, y el promocionarlos permite que más personas los descubran, los consideren y, tal vez, los prueben.

Aprender, un compromiso con uno mismo

Aprender, y aprender a aprender, conlleva tiempo. Y no poco.

Se calcula que unas 10.000 horas, o 10 años, son necesarios para dominar con maestría una materia.

Aprendemos mejor en la juventud, pero seguimos siendo muy capaces conforme llega la vejez.

Aprender requiere, dotes naturales aparte, esfuerzo, motivación, disponibilidad, convencimiento, necesidad, sacrificio e interés, y unas circunstancias que los favorezcan y fomenten. Y, además, la existencia de oportunidades para ir practicando, probando y contrastando lo asimilado.

Es algo que todos parecemos conocer, pero que, una vez toca aplicarnos la lección, tendemos a obviar, o bien poner como excusa (con o sin fundamento) para no dedicarnos a fondo, o ni siquiera empezar con ello.

El tiempo es limitado. Nuestra capacidad de atención y esfuerzo está bajo constante demanda. Y las ofertas y estímulos son incontables, siempre crecientes.

De ahí el atractivo que despiertan los múltiples productos o servicios que prometen rapidez de logro cómo su principal beneficio:

Rapidez en aprender un idioma, una técnica, una habilidad, un programa, en ser capaz de dominar una herramienta o un instrumento, o en aprender a cambiar la propia personalidad, rápidamente, mediante unas lecciones dadas, sea sobre comunicación, negociación, seducción, expresividad, etc.

Por ello, parece lícito y coherente situar en el mercado algo que sabemos que el consumidor está deseando, esperando, que incluso necesita, y que le será conveniente respecto a su coste y expectativas.

Y digo “parece” porque en numerosas ocasiones esas promesas de rapidez en el aprendizaje son el reclamo dirigido a una mayoría que desea escucharlo, aunque de antemano sabemos que será una minoría (más o menos amplia) la que alcanzará el objetivo planteado mediante el esfuerzo y compromiso consigo mismos, apoyándose en la plataforma que se les ofrezca (por un precio y condiciones acordadas, claro está).

Pero es que, haciendo una observación práctica, el nivel de implicación y aprendizaje que mucha gente está dispuesta a alcanzar no es, ni mucho menos, el de dominio o maestría. El deseo, necesidad o entusiasmo se llega a satisfacer, o a apagar, bastante antes de que el nivel obtenido permita a esa persona destacar y ejercer con verdadera solvencia. Esa será siempre una decisión muy personal.

Aún así, a quienes hayan vivido en propias carnes el esfuerzo y tiempo que conlleva la excelencia o dominio de una disciplina, o hayan indagado sobre el tema, o bien hayan disfrutado de la última y muy ilustrativa obra de Malcolm Gladwell, Outliers, no les será en absoluto ajeno lo expuesto en mis primeras frases.

Pero a quienes les venga de nuevo lo comentado, o pretendan entender mejor el esfuerzo del aprendizaje, recomiendo la lectura de estas buenas historias y ejemplos que Hector García, más conocido como Kirai (persona y blogger admirable y referente donde los haya), ofrecía hace poco al respecto. Creo que os resultarán muy interesantes.

Abrazar el fracaso para alcanzar el éxito

Hace poco conversaba con mi mejor amigo sobre el actual y adverso panorama que estamos afrontando profesionales y empresas.

Él es un emprendedor que, mientras sus compañeros de universidad aprendían lo que era una empresa, se aventuró a crear varías (un poco al estilo Tom Cruise en Risky Business, pero sin el glamour y el puterío).

Me contaba que una de ellas, una pequeña editorial con la que se arriesgó a editar en España títulos que normalmente no llegaban, o lo hacían a un precio mayor por importación desde Asia, no lograba funcionar bien. De un tiempo a esta parte cuanto obtenía en sus actividades lo estaba destinando a ir liquidándola de un modo digno.

Sin embargo, su discurso no se enfocaba al lamento o la derrota, algo en lo que suelen regodearse el sistema financiero y los amigos de la culpabilización frente al cambio y la innovación.

Quería a su empresa, y entendía la situación. Sus palabras, llenas de naturalidad, recogían las numerosas lecciones aprendidas que le ayudaban a mejorar la orientación de su trayectoria.

Con el tiempo, viajes, talento, honestidad, pasión, aciertos, errores, amistades, capital e iniciativas invertidas en el proyecto, había logrado obtener respeto, reputación, conocimiento, confianza, contactos y atención dentro de su sector. Y, gracias a ello, está asentándose en otro modelo de negocio, orientado a la promoción y crecimiento entre los consumidores de ese mismo mercado, que tan bien ha llegado a conocer.

No vivimos en una cultura primordialmente meritocrática como pueden ser la estadounidense o algunas asiáticas, y por ello no siempre tenemos presente que el riesgo, no en su forma temeraria o de arrogante codicia (que bien nos condujeron a la burbuja inmobiliaria o a esta crisis), sino en su vertiente de atrevimiento, desafío, creatividad e innovación, es un elementos de un enorme potencial para individuos y empresas.

Y aún así, en organizaciones y equipos, lo bloqueamos, recelamos o descartamos por su falta de seguridad, ya que no siempre es fácil de controlar o medir, o porque va contra la tradición, o nunca antes se ha probado, o porque “así se ha hecho siempre, y no vamos a cambiarlo“.

En ocasiones, afortunadamente, esos valedores del riesgo y el cambio logran emprender y crear sus empresas y proyectos.

Pero a nadie le pasa por alto que, antes o después, cuando uno arriesga, podrá fracasar. Es algo que tememos, que tememos terriblemente, pues solemos entender, y aceptar, que el fracaso comporta pérdida de confianza (bancaria, social, laboral…), pérdida de presencia o liderazgo, y pérdida de inversiones, valor o activos.

La falta de éxitos rápidos y de apoyos en esas aventuras pueden condenarnos a un destierro, real o simbólico, del mundo social, laboral o empresarial, dados el sistema y cultura aún predominantes.

Pero para quienes tienen ese espíritu de iniciativa, el éxito nunca enseña tanto como el fracaso. Los triunfos sólidos suelen provenir de una trayectoria agridulce.

Las lecciones, los contactos y los insights que se adquieren mientras se llega a ese fracaso hacen mucho más eficiente, resistente y experto al profesional, al emprendedor, a la empresa que los obtiene, y con ello puede encauzar mejor sus futuras acciones, innovaciones y atrevimientos, adelantándose a la competencia conservadora y menos dinámica.

Entre todos debemos considerar qué modelo de país, empresas y profesionales queremos:

  • O seguimos albergando, regulando, trabajando y educando en un legado cultural del recelo, del poder impositivo y jerarquizado, del inmovilismo al servicio de lo establecido, donde el fracaso que guía hacia al éxito, el riesgo eficaz y la creatividad innovadora aún son los enemigos a batir, las voces a callar, los elementos a relegar.

Esta crisis presenta un escenario imperativo para decidir sobre nuestro inmediato futuro.

Si actuamos en consecuencia y aprendemos del fracaso, los siguientes éxitos pueden ser nuestros.

Touchphilia

Scott Adams vuelve a dar en el clavo. Apuesto a que much@s de vosotr@s habéis llegado a similar estado.

No te metas con ellas, no te metas con Michelle

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Estuve un poco fuera de órbita el fin de semana, pero como bien me ha recordado James con este post, el pasado domingo 8 de marzo de 2009 fue el Día Internacional de la Mujer.

No hay duda de que ser mujer, el simple hecho de existir, es una actividad de alto riesgo en un excesivamente amplio número de países. Las condiciones sociales, laborales, afectivas, educativas, médicas, sexuales, políticas, legales, religiosas, morales y éticas no juegan precisamente en favor de una igualdad, o mejora, de derechos, obligaciones, oportunidades, libertades y consideración.

Pero también, bien lo sabemos, en muchos de los nuestros, los llamados países del 1er mundo, siguen sin lograrse avances pendientes. Desde los laborales, pasando por respeto, apoyo y protección social y personal (especialmente ante los abusos), hasta la consecución de libertades éticas y médicas aún recortadas por asuntos que bien poco tienen que ver con la ciencia y sus baremos, y mucho con el interés político y la religión.

Madres, hijas, esposas, amigas, amantes, compañeras, emprendedoras en la vida, en lo personal, lo familiar y lo social, valga mi muestra de aprecio hacia ellas, al reconocimiento de la labor de tantas y tantas mujeres, con este artículo de Bonnie Fuller en el Huffington Post. En él la periodista sale en defensa de Michelle Obama frente a las pobres y rancias críticas del columnista (republicano) del NY Times, David Brooks. Un episodio similar a los que aquí vivimos con Chacón o Sáenz de Santamaría.

No pretendo contribuir a la eufemística corrección política, algo muy habitual en USA, y cosa por la que no guardo excesivo aprecio. Se trata de dejar clara la estupidez de ciertos debates y posturas reaccionarias respecto a la presencia, libertad y actitud femeninas, que provienen de épocas pasadas, y que allí deberían quedarse.

La aparición en escena de la sólida, elegante, poderosa y serena esposa de Obama parece haber incomodado y puesto nerviosos a muchos, y muchas, de pensamiento retrógrado. Pero, afortunadamente, también inspira a muchos más con una actitud de progreso, igualdad, cambio y esperanza. Apoyo fundamental éste para el mensaje que promueve su marido (ya casi blasfemamente socialista) desde la presidencia de su país, y que, nos guste o no, afecta al resto Mundo.

Fortaleza, mental, emocional y física. Una cualidad sobrevalorada, y congratulada, en el perfil másculino, y tan necesaria, pero menospreciada y obviada, a la par que temida por muchos que aún pretenden “dominarlas”, en su vertiente femenina.

Queda camino por recorrer, pero será siempre importante afianzar y educar en cada paso adelante que logremos dar. Caminarlo entre todos, ellas y nosotros, abrazando y entendiendo nuestras diferencias y peculiaridades, comprendiendo los fallos y virtudes de cada uno, para alcanzar una sociedad más igualitaria y abierta, debe seguir siendo un proyecto político y social, pero especialmente, personal.