En el principio de los tiempos (o sea, hace cuatro días), antes del LibroCara, de los miles de twits por segundo, de LinkedIn, de los blogs, del iPhone 3GS, de Infojobs, o incluso de la imprescindible Red de Redes, la gente también buscaba oportunidades, empleo o negocios, y se tiraba de contactos a mansalva (el tan actual y supercool Networking).
La tribu, la familia, los vínculos personales directos, las personas con las que habíamos tratado, interactuado, a quienes habíamos ayudado, enriquecido, seducido o dejado buena impresión eran el principal camino que podía aportarnos una posible o rápida plataforma laboral o de negocios mediante sus propios lazos sociales.
Impactar a quienes pudieran ejercer (aunque no siempre accediesen) de apoyo para llegar a aquellos que quisiéramos que nos necesitasen (aunque aún no supiesen lo útiles que les seríamos).
Fuese para jugar a nuestro favor, fuese para jugar en ayuda de otros, ligar el momento, contexto, tempo y clima adecuados para ello era tan importante como las ideas, el talento o los proyectos que se pretendiesen destacar y relatar en ese mensaje.
Hoy día todo ello no ha dejado de ser esencial para lograr la atención de un contacto, pero con un entorno 2.0 muy implantado, ya casi no reparamos en la gran ventaja que el mundo digital ha aportado a esa vertiente de personal branding: la capacidad de mostrarnos y aumentar los puntos de contacto a gran velocidad y de modo exponencial (aún a riesgo de perder algo de significado en según qué ocasiones) si alineamos empeño, interés, constancia, autenticidad y creatividad en ello.
Además, lo que la tecnología no ha cambiado (aún) un ápice es la esencia humana. Por ello, para que nuestro mensaje condense los conceptos necesarios que nos beneficien, que faciliten que se nos recuerde y posicione donde y como queremos, sigue siendo fundamental saber contar la propia historia (y hacerlo sin miedo).
Un relato (honesto o no, es decisión personal) atractivo y que transmita, con personalidad propia, quiénes somos, qué sabemos, qué aportamos, cuáles son nuestras circunstancias, motivaciones, proyectos y metas, y por qué alguien debería confiarnos su trabajo, su capital, su marca, sus bienes o sus ilusiones, esperando, obviamente, que los mejoremos, renovemos, difundamos, rentabilicemos, incrementemos o hagamos realidad.
Al auspicio de la crisis, de entre las últimas propuestas publicitarias que he visto nacer en blogs, redes sociales y demás, y que apela a ese networking, tanto digital como del Mundo Real™, quiero destacar la honestidad, estilo, tono y fondo con la que Jaime Barber (alias James Bernbach, creador del estupendo y amigo CSI) elige contarnos una historia en su nueva habitación digital.
Sufriendo en silencio no es sino un interesante, sincero, humilde a la vez que inspirador, elegante y directo ejemplo de lo que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, profesionales están viviendo hace bastante tiempo en su búsqueda, no sólo ya de un tan escaso puesto mileurista, sino de una oportunidad en la que desarrollar aquello para lo que mejor capacitados se sienten.
No se trata sólo de un ejemplo de ser “creativo” por serlo, sino de una iniciativa que demuestra la orientación a vender multimediamente una historia personal, y su talento añadido, como un producto memorable que algún publicitario o marketiniano avispado, su público principal, deseará conocer y adquirir, o incluso complementar, creando un nuevo proyecto colaborativo.
Bien sea por la imperante escasez de puestos, de empleadores, de financiación, de presupuestos, de clientes, de paciencia, de ideas innovadoras, de resultados, de ganas o de oídos receptivos, muchas personas están decidiendo o aprendiendo, de nuevo o por primera vez en sus carreras, los múltiples modos y la importancia de dejarse ver y saberse vender (así en la Tierra como en la Red).
Crearse las propias oportunidades no es en absoluto sencillo. No está exento de riesgos, desengaños y equivocaciones. Tal vez no surjan cuando lo necesitamos, tal vez sí. Tal vez estén donde no esperamos.
Pero sin intentarlo, sin buscarlas y fomentarlas, apoyados en una cierta piel de piedra para soportar los vaivenes, y sumando razón y emoción en un mismo plan, como nos demuestran el entusiasmo, ingenio, esperanza y perseverancia de Jaime, jamás conoceremos cuál puede ser el camino adecuado para lograrlas.
Si has leído esto y también necesitas contar tu historia, ya tienes un ejemplo donde inspirarte.
Llevo un tiempo escribiendo con notoria irregularidad, principalmente por motivos familiares y profesionales: la enfermedad terminal y consiguiente pérdida de una familiar cercana, la postergación de varios proyectos ahora no realizables, algunas impagables, orientativas y determinantes charlas sobre el momento actual con magníficos y generosos creativos y profesionales del marketing, y unos cambios horarios de constante machaque al biorritmo que no me permiten leer, hacer, escribir y comentar cuanto desearía.
Y no será por falta de temas interesantes, que procuraré recuperar en breve. (James, va por ti)
A la espera de que los tiempos mejoren, dado el contexto y las complicadas fechas, y ya que el aire, las ideas y las letras refrescan, avivan y enriquecen la mente, pero no llenan el estómago ni pagan las facturas, he hecho una pausa en mi devenir publicitario-marketiniano, y hace ya unas semanas, y por un período indefinido (sea esa indefinición breve o extensa), estoy trabajando en el sector de venta a consumidor final (o cliente, en este caso).
Existe una conocida y dominante cadena de gimnasios en el área de Barcelona. Y allí estoy yo, afincado en uno de lo perfiles comerciales y de atención al cliente de su centro “estrella”.
Vendo algo en lo que creo, lo que reduce los conflictos éticos, pues llevo años gozando de sus beneficios en muchos aspectos. El ejercicio siempre ha sido una motivación para superarme, conocerme y aprender, y sé que funciona para muy diversas metas, circunstancias y necesidades si uno pone de su parte (No pain, no gain).
Además, cualquier escenario con mucha interacción y visibilidad es un interesante escaparate humano para un entusiasta de la antropología social y del análisis del comportamiento. Tanto en lo relativo a los clientes, sus dinámicas y sus emociones, como al equipo que integro, en el que hay gentes de muy variada formación y estilo, pero entre lo que la cordialidad tiende a ser norma. Lo cual se agradece.
Eso sí, las condiciones laborales son mejorables, al igual que ciertas políticas (chocantes) de RRHH. Es algo que uno reconoce rápidamente si ya lleva suficientes años por el mundo, y varias empresas o proyectos a sus espaldas. No es ninguna novedad, pero sí algo preocupante crecientemente común hoy día, tiempos de sobreoferta de profesionales de toda condición y categoría. Y aquí dejo el tema, pues mi sentido de autocensura zumba en mi cabeza.
Sigo en mi tónica y continúo un periplo de trotamundos. Cada nueva etapa, por larga o breve que sea, aporta y enseña una lección estratégica, profesional y humana, mala o buena, pero siempre útil, que integrar dentro de las cualidades y soluciones que uno es capaz de ofrecer y desarrollar en la siguiente.
Procuraré ponerme las pilas blogueras, y volver a publicar con más constancia. Gracias a los que seguís pasándoos por aquí a “verme” (ya sabéis quiénes sois) esperando encontrar algo interesante, y aún más a los que enlazáis, pues es una estupenda motivación para continuar.
La próxima vez que no tengas para pagar la cuota de tu hipoteca, el alquiler de tu piso habitación, se te esté acabando el paro o necesites aplazar pagos, tengas dificultades para financiar tu proyecto de investigación o tecnología, o te denieguen renegociar las líneas de crédito que aún permiten sobrevivir a duras penas a tu empresa, te doy un consejo:
Dile a tu banco que necesitas el dinero para fichar a un mercenario del balón.
La banca ama la obscenidad y la sinvergonzonería tanto como aman ponerla en práctica nuestros próceres de la más alta clase empresarial.
Fichado por unos 96 milloncetes de euros (salario aparte, ojo, no escatimemos), que sumamos a los 60 y pico que Florentino ya le ingresó hace unos días al cachondo (en todos los sentidos) de Berlusconi por Kaká.
Como siempre, espectáculo no puede faltar y la competitividad de las plantillas es asunto de Estado.
Aunque la ética de semejante marketing sea más que discutible, la estrategia está clara y suele mostrarse efectiva. Es de rigor contar con fichajes para deslumbrar a la plebe (o sea, todos nosotros) y que olvidemos que pronto el panem escaseará en cada vez más casas.
Pero cuidado, todos contentos y felices comprando camisetas y abonos por un tubo (que la cosa ha de amortizárse rápidito), pagando el “pay-per-view” y aplaudiendo los toques de pelota de los apolíneos y aúreos chavalotes, faltaría más.
Y mientras, si no ganáis más de 3.500 € al mes es indicador de que no merecéis acceder a una vivienda, o si los proyectos que podrían salvar vidas, o crear nuevas plataformas tecnológicas, no cuentan con más aporte de capital, o directamente, ni siquiera logran inversión, es porque hay mejores cosas a que destinar los dineros.
¿Has imaginado alguna vez llevar melenica a lo paje, vestir de negro super cool, tocar como nadie, robar corazones y despertar emociones por doquier (de ellas y de ellos), escribir canciones míticas que perduren, se alaben y se disfruten por los tiempos de los tiempos, y ser el referente creativo para la posteridad? ¿Has soñado con que tu rostro y tu vida se conviertan en icono por excelencia de la música del s.XX?
Si así es, estás de enhorabuena. Si no… deberías soñar más a menudo (¡aún es gratis!).
Poder encarnar y tocar como un Beatle.
Eso es lo que nos propone el más reciente capítulo de la saga de videojuegos musicales interactivos “Rock Band” (a lo “Guitar Hero” pero en grupo – de hecho, son de la misma empresa, MTV Networks -). Como toda la gama, desarrollados para consolas (Xbox 360, PS3 y Wii).
Era previsible que alguien con buen gusto y dinero, obtenida la suficiente masa crítica de jugadores y notoriedad de marca, un día u otro sacase al mercado una edición centrada en los Beatles, posiblemente el mejor (o más reconocido) grupo musical de la historia.
Pero es especialmente destacable cómo ha realizado el trabajo la gente de Harmonix (los detalles del juego parecen sensacionales), cómo lo promocionan (buscando el máximo word of mouth posible) y cómo lo presentan (a sabiendas de que han creado algo remarcable).
The Beatles.com, el portal del propio grupo (es decir, llevado por Apple Records) está totalmente dedicado al juego (escenas, trailer, track listing…) ofreciendo el absoluto compromiso de la discográfica y de los componentes (los vivos, claro) con el proyecto ante el consumidor/usuario, cosa que dice en favor de su credibilidad y posible excelencia.
Y The Beatles Rock Band actúa como portal promocional de las noticias y avances sobre el título. Incluye foros, detalles técnicos sobre el juego (los instrumentos para jugar son impresionantes), información sobre eventos promocionales (en el E3), fecha de venta, posibilidad de reservar su compra, y los enlaces al trailer con escenas del juego y al impresionante opening cinemático.
Sugiero, especialmente, ver éste último. A algunos puede que os recuerde el estilo “Happy Factory” de Coca-Cola, o sea, creatividad, narrativa visual y animación de lo mejorcito que se puede disfrutar.
O lo que es lo mismo, “Phoenix meets the Brat Pack”.
Debo darle crédito, por enésima, merecida y agradecida vez, a James y su Cool Scene Investigation por mostrarme esta perla capaz de animar la semana más dura, o de inspirar un fin de semana de lo más memorable.
Genial mashup de clips de pelis del “Brat Pack” (fílmico, no el literario), donde destaca especialmente la mítica “El Club de los Cinco”, y de la excepcional canción de Phoenix “Lisztomania”. La autoría de semejante regalo es de esta chica, que demuestra humor, ingenio y talento en varios de sus otros videos. (¡Vivan los prosumers!)
Quien, o lo que, una vez nos emocionó siempre será más poderoso y vinculado a nuestro buen recuerdo que quien intente lograrlo en adelante, cuando más exigente y absorbente es el camino, y más duros, menos atentos y más saturados nos volvemos nosotros.
Es algo que bien saben y procuran explotar estratégicamente muchas y reputadas marcas (Danone, Coca-Cola, Converse o Casa Tarradellas serían buenos y exitosos ejemplos).
En fin, volviendo a lo fundamental, por un rato, que le den a la crisis. ¡A bailar!
Cuando la autencidad y la dedicación se apoyan en una creatividad a prueba de bomba, y se apunta con un excelente conocimiento del público objetivo, el disparo se presenta bastante certero:
Con este (segundo) teaser trailer empieza a calentar motores la campaña de REC 2, la nueva obra de Jaume Balagueró y Paco Plaza para Filmax. Pero no dudo de que en breve habrá muchos más movimientos interesantes en la Red, y que la Conversación tratará sobre ellos. Se ganaron nuestra atención con creces.
Seguiremos atentos, escopeta en mano (aunque prefiero tirar de Desert Eagle).
Siguiendo con lo planteado hace unos días por Santiago Niño Becerra, y ampliándolo, Ramón Muñoz escribe un reportaje para El País ofreciendo el más que posible retrato de nuestro inmediato futuro.
Es extenso, es áspero, es realista y de útil (aunque masoquista) lectura:
Como ya me advertía a principios de la década el filósofo, profesor y gran observador Javier Barraycoa: “Si usted no dispone, o gana por encima, de 700.000 ptas., olvídese de considerar que pertenece a la clase media”.
La próxima vez que os plateéis dónde estáis, recordad, Proletariado.
Esa palabra tan rojeras, y supuestamente anacrónica, que rara vez habréis pronunciado fuera de las aulas o de los debates ideológicos, y aún menos visto/escrito en los briefs que recibís, supervisáis o redactáis.
Tal vez debáis tenerla más en cuenta cuando describáis a ese público objetivo compuesto por una ingente masa de mileuristas de edad indefinida, de perspectivas poco claras, de habitaciones a falta de hogares y de bolsillos eternamente vacíos, pero hambrientos de estímulos, aventuras, sueños, horizontes e ilusiones.
En este periodo de crisis, en el que las reducciones de ventas, de presupuestos, de plantillas y de confianza son norma, y en el que la dificultad de financiación es el pan nuestro de cada día para muchos, sigue habiendo valientes, creativos, soñadores, hombres y mujeres con propósitos, espíritu de sacrificio y, especialmente, motivación por vivir su propio negocio, que, arriesgando capital, tiempo y esfuerzo siguen manteniendo vivo el tejido empresarial de pymes de nuestro mercado y generando oportunidades.
Crear, comunicar, enriquecer, difundir, aportar emoción, razonamientos, historias, ilusiones, vinculaciones y sentido a las marcas es algo que sólo alcanza su verdadero potencial y tiene sólido propósito cuando hay alguien que se apoya en una visión y comprensión de marketing, y que desmuestra la capacidad y voluntad de establecer una empresa, un servicio, un producto que sea remarcable y auténtico, no sólo un negocio más entre una multitud con fines irrelevantes.
Si el emprendedor/a, independientemente de la escala de su aventura, cree firmemente en su proyecto, innova, gestiona estratégica y honestamente, y es capaz de contagiar y entusiasmar a sus colaboradores con su motivación, generando confianza, objetivos y metas compartidas, es muy probable que juntos logren transmitir mucho mejor esas virtudes y la solidez de su propuesta al consumidor, y hacerle llegar un mensaje memorable y relevante.
Si la crisis no ha logrado desgastar del todo tu interés y tus ideas, si tienes un proyecto, has encontrado apoyos y has decidido lanzarte e iniciar tu empresa, te hago llegar mis más sinceros ánimos.
De ellos, por cuanto tan importante es lo que representa tu marca y las personas que comparten tu idea, destacaría:
En un proyecto lo más importante no es la idea sino el equipo que está detrás. Rodéate del mejor equipo del mundo y todo saldrá mejor. La mejor idea del mundo con un equipo mediocre no llega a ningún sitio, pero un equipo brillante puede hacer un gran negocio hasta de una idea mediocre.
Muchas pequeñas empresas y emprendedores pierden el sueño pensando “cómo va a reaccionar el mamut que tengo por competidor a mi entrada en su negocio” pero la realidad es que muchas grandes empresas no pueden hacer lo que hace un emprendedor porque tienen un distinto “perfil de riesgo”. Como emprendedor tú puedes equivocarte, hacer errores, arriesgar tu marca… Tú puedes fallar, ellos no. Ellos tienen más miedo a arriesgar su marca y su prestigio. Tu puedes hacer el ridículo, ellos no. Esa es tu ventaja.
En esta reciente entrevista en La Contra de La Vanguardia, el economista y catedrático de la Universitat Ramón Llull, Santiago Niño Becerra, plantea algunas cuestiones que, no por muy amargas, apocalípticas o pesimistas, dejan de conllevar realismo respecto a la coyuntura y el contexto, o de guardar sentido y credibilidad estratégica.
Muchas de sus propuestas y predicciones, aceptando que nos sitúan en (casi) lo peor, afectan y afectarán de manera directa a quienes nos/se dediquen a gestionar y comunicar marcas.
Nuevos retos en un entorno cada vez más hostil, y precario, pero que muy probablemente genere oportunidades para nuevos y especializados tipos de empresas, discursos y profesionales.
Algunas afirmaciones potentes (y nada alagüeñas) que ofrece el entrevistado:
“A mediados del 2010 es cuando verdaderamente empezará la crisis”
“La recuperación de la crisis estará basada en la productividad y en la eficiencia, lo que significa que sobra y sobrará sin remedio mano de obra”.
“El nivel de deuda es brutal, las entidades financieras tienen unos agujeros tremendos aunque no se quiera admitir, los recursos van a la baja y la capacidad de absorción de nuevos televisores, electrodomésticos, etcétera, se ha agotado”.
“En España, un país muy dependiente, la crisis será durísima por la estructura del PIB basado en el ladrillo, el turismo, el automóvil y en infraestructuras baratas ya insostenibles. O hay un cambio del modelo productivo capaz de absorber a toda esa población o vamos a una tasa de paro del 30%”.
“Con el 2010 vamos a entrar en un parón de la actividad económica. No creo que quiebre ningún banco, porque el Estado los sostendrá, pero la gente no podrá sacar su dinero libremente porque si se vacían los bancos el Estado no podrá sostenerlos”.
Todo lo argumentado por Niño me lleva a plantearme (así a bote pronto, no pretendo gran seriedad ideológica) que una posible reacción a medio-largo plazo por parte de diversos colectivos ideológicos, económicos y sociales podría fraguarse en una vuelta inspiracional a un Comunismo-Socialismo reformado, para el que todavía no tenemos ni nombre, ni definición, ni postulados claros.
¿Libre mercado? Dejar de contemplarlo como tal chocaría con gran parte de las necesidades e ilusiones actuales, que cuentan y dependen de él por igual. Reeducarnos a lo contrario llevará tiempo. Si no sabemos cómo serán ni la sociedad ni el mercado en una década, aún menos en mayor periodo. ¿Intervención y gestión estatal? Necesaria para llegar allí donde nadie tiene interés o poder para llegar. ¿Protección social? Conveniente, aunque su sustento es cuestión harto compleja. ¿Producción y consumo inteligentes, coligados y sostenibles? Mucho tenemos aún que avanzar y asentar en eso.
El tiempo y los votos dirán si necesitamos y queremos buscar, encontrar y elegir alternativas a un modelo de Capitalismo que se ha demostrado desequilibrado y canibal, y a un estilo de crecimiento económico no sostenible y poco prorrogable. Ambos sin una aparente visión e intención clara de rediseñarse y saber asimilar la (brutal) desaceleración.
Si aportáis más ideas seguro que sale una conversación interesante (fantástico-apocalíptica tal vez, pero interesante sin duda).
A inicios de esta década la corona de Rey del deporte en el salón (o la habitación) aún era ostentada por los variopintos cacharros que prometían, y prometen, lograr, en 5 minutos al día, cambiar lorzas por tabletas de chocolate, bustos decaídos por pectorales como rocas y glúteos blandengues por nalgas de acero, y que son vendidos, mayoritariamente, a través de la “teletienda” (algunos, en su día, nada más y nada menos que por nuestro querido Chuck Norris).
Con los avances y cambios de paradigma que las consolas, aún capitaneadas por la interactividad de Nintendo, han experimentado y ofrecido, una nueva tendencia se consolida. Junta ante la pantalla a pequeños, grandes y medianos, de todas las tallas, colores y condisiones físicas. Son legión aquellos que desean sumar su ocio digital y el ejercicio, divertirse jugando (cosa probable) y ponerse en forma (cosa más dudosa) al mismo tiempo, sin prescindir por ello del confort de sus hogares.
Las multimillonarias cifras (globales) que Nintendohizo públicas hace poco así parecen corroborarlo. Los tres títulos de Wii más vendidos (desde el inicio de su comercialización) suman el impresionante total de 86,8 millones de unidades: Wii Sports, Wii Play y Wii Fit.
La crisis no parece haber frenado notablemente la compra de este tipo de producto, y en ciertos casos, tal vez incluso la haya fomentado. El pastel sigue creciendo, y como a toda categoría económica y socialmente atractiva, se van apuntando, con mayor o menor fortuna, nuevos competidores.
Obra de la poderosa y experta Electronic Arts, el último en aparecer es EA Sports Active. Con su planteamiento y discurso de “Personal Trainer“, y unos programas y sensores (aparentemente) más completos, se intenta posicionar como más serio y especializado que Wii Fit, su principal rival.
(Actualización: Sega también lanzará, por ahora sólo en USA, un juego para Wii con finalidad de Personal Trainer, en este caso especializado en Pilates.)
Tal vez la compra de este tipo de productos, como muchos otros, enlace con nuestra natural predisposición a desear y creer en soluciones fáciles, rápidas, agradables y asequibles, a nuestros problemas, inseguridades o complejos. Y, por otro lado, cabe recordar que la falta de tiempo o capital, además de una no siempre constante voluntad y motivación, siguen alejando a muchos de los gimnasios o las pistas de deporte.
Creo que sería útil un análisis que mostrase si unos y otros, realmente, logran pasar de ser un mero divertimento temporal para toda la familia, y no acaban mayoritariamente olvidados en un cajón a los pocos meses “gracias” a una falta de resultados esperados. O, en el peor de los casos, si pueden llegar a provocar lesiones a aquellos usuarios que se compren estos juegos cuando en realidad sus metas o necesidades requerirían de guía y supervisión, y de un entorno más adecuado que sus salones.
Pero, pese a mis reticencias “técnicas”, hubiese sido un grave error estratégico menospreciar el potencial económico que resultaría de aportar a los consumidores la felicidad, motivación y alegría de compartir con la familia y los amigos, de carne y hueso o bien virtuales a través de la red, aquello que además de permitirnos jugar, reír, competir, compartir e interactuar, procura mejorar nuestro estado físico, y por extensión, nuestra salud. Es una promesa poderosa, y socialmente muy bien aceptada.
Nintendo apostó por ello, por ofrecer unos productos sólidos, simples (para todas las edades), divertidos y amigables con el usuario, y los resultados, tanto en ventas como en incremento de valor de marca y notoriedad, les dan la razón. Todo un acierto que permite a la empresa afrontar con mayor respaldo la igualmente dramática situación económica de Japón.
Según continúe avanzando y abaratándose la tecnología, especialmente la de captura de movimiento, parece claro que la tendencia no hará sino seguir creciendo y diversificándose hasta ámbitos aún insospechados.
Bien podría ser que en no demasiado tiempo andemos por casa de esta guisa: (…o no)
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