Siguiendo a la naturaleza de Twitter, en él compartiré ideas, propias y ajenas, de similar temática a las de este blog, pero en formato expresso.
Como siempre, estáis invitados a la charla.
Nota para insistentes (you know who you are!) : El tema LibroCara seguirá aparcado. So many great blogs, so little time. El día es finito, y elegir a qué dedicarlo supone saber prescindir. Siempre nos quedarán el teléfono y nuestro good ol’ e-mail.
Brillante en muchos sentidos, la pieza rebosa humor, ingenio, historia y personalidad de marca.
El video, además, está lleno de detalles divertidos y simbólicos que agradecen un segundo o tercer visionado, logrando así que regalemos, con gusto, nuestra atención a cambio de buen entretenimiento.
Y no sería justo olvidar que, como bien dice Vinny Warren, vende jerseys cosa fina.
¿Quién quiere un jersey pudiendo tener un Pringle of Scotland?!
La creatividad más afilada al servicio de una estrategia bien definida, la innovación respecto a las “reglas aceptadas” de un mercado, sigue siendo una de las mejores herramientas en las que una empresa valiente puede, y debería, centrarse para conectar con mayor relevancia, eficacia y empatía a su público, para dar lugar al tan deseado engagement.
Y ahora, a disfrutar:
Por cierto, ¿no os recuerda la animación al estilo de los míticos “Beavis and Butt-head“?
¿Original? No demasiado. Seguro que habremos visto algo parecido en (buenos) programas de cámara oculta.
Pero es más importante que resulta brillante, auténtico, sorprendente, alegre, bien intencionado, bien planteado, bien diseñado, bien ejecutado y muy compartible:
Coca-Cola sigue y seguirá siendo Coca-Cola, y con el muy fragmentado entorno actual (probablemente) no veremos existir otra marca como ella. Una marca que sea tanto para tantos.
Nunca se ha conformado o asentado en su tremenda e incontestable herencia y posición, sino que siempre busca, desea, exige innovar, ir ese paso más allá en sus propuestas, siempre fiel a simbolizar su conceptual “Alegría” generosa y multifacética, siempre auténtica en sus historias.
La originalidad es fundamental y necesaria para avanzar, sin duda, pero solemos sobrevalorarla en comunicación (no así en otros campos, ojo). Todo fue original en algún momento, pero el tiempo y las ideas vuelan cada día más rápido, alimentando un constante ciclo de recombinación cultural.
Es la autenticidad respecto a lo que uno representa y ofrece lo que genera y afianza el vínculo más sólido en las relaciones entre personas, y entre personas y marcas.
Convierte algo interesante, curioso o llamativo (viralidad) en algo significativo que merece la pena contar (propagación).
Vía Walter Naeslund, marketiniano digital sueco a quien vale tener presente en vuestros feeds.
Aunque la observación y captación de tendencias socio-culturales nos ha acompañado desde el principio de los tiempos, su vertiente más actual, comercial, oficial y abundantemente popularizada por los mismos consultores, no había sido tan reconocida, aceptada y difundida como en esta década.
La explosión de profesionales de muy diversos bagajes y estilos ha acabado convenciendo a muchas empresas, medios y otros profesionales de lo estratégico de usar sus servicios, siempre con la esperanza y el interés de contar con una posible ventaja competitiva. Y ello, como ocurre con todo florecimiento, ha llenado el mercado, físico y digital, de variadas metodologías, presentaciones, informes, artículos y listas de todo tipo y condición.
Sin duda muchos de nosotros habremos tenido oportunidad de leer algunos más relevantes, fiables o sólidos, que habrán resultado realmente útiles e inspiradores, pero en otras muchas ocasiones nos habrán colado goles a mansalva, y habremos pagado por ellos bien con nuestro capital, bien con nuestro tiempo y atención, bien con nuestra credibilidad profesional.
(No puedo embeber el video en WordPress.com, por lo que sugiero verlo mediante ese enlace).
Un colectivo, además, tan variado hoy día que cabe casi cualquiera que se autodenomine y promueva como “trend watcher”, “coolhunter”, “trend spotter”, “cazador de tendencias”, “consultor de tendencias”, y un largo etc. Cosa que provoca que sea una creciente, ardua y (en ocasiones) costosa labor filtrar a los cantamañanas y espabilaos de aquellos que de verdad aportan valor e insights con sus propuestas.
Aquí, como en casi todo juego adivinatorio/intuitivo, por más o menos análisis profundo y formal con el que contemos, se juega con tantos factores ambientales y percepciones sesgadas que en demasiadas ocasiones se acaba deseando ver trufas donde sólo había piedras.
Aún así, no niego que a menudo me resulta atractivo repasar las propuestas por sorprendentes u obvias que sean (y acaben resultando una enorme chorrada, o no) de ciertos “tendencieros” a quienes leo y que me despiertan confianza, ya que siempre provocan, como mínimo, que piense al respecto. Es lo que tiene la curiosidad humana.
O cómo la cada vez más extendida jerga estilo MBA (el mencionado “CEO speech“) nos lleva a discursos crípticos, que hacen flaco favor por la comprensión y la claridad del mensaje.
The weakness in our value chain with the customer was really in our core product.
Funny language from Domino’s CEO David Brandon (Translation: The company’s service and delivery were fine but the pizza sucked.)
En todo mundillo profesional creo que cualquiera habrá sido, en algún momento, culpable de pasarse de rosca con la jerga, ofuscando significados bajo capas de barniz semántico.
En ambientes en los que se comprenda probablemente sea lícito, hasta necesario para agilizar algunos procesos, o incluso se espere de uno para demostrar que “entiende de qué va esto”, pero por lo general, y como los mejores redactores saben, suele ser una estupidez.
Encontrar el equilibrio entre “Simplicidad y Comprensión” VS “Términos Imprescindibles” es el reto al que se enfrenta cualquiera que cuente con una vertiente comunicativa en su actividad.
Le guste o no, mucho de lo que inspire o logre de los demás se lo estará jugando ahí.
Aún más si lo que se busca, como aquí ocurría con Domino’s Pizza, es conectar con sus clientes, reconocer errores, y transmitir honestidad, capacidad de escucha y actitud de redención.
Eso sí, siendo un CEO, siempre puedes quedarte tan ancho y esperar que tu agencia le de la forma adecuada.
Pero, como la cosa viene de USA (país de peculiar y polarizada moral), y mediante Facebook (que se jugaría una avalancha de quejas alimentando un caso así), no, no creo que ni siquiera DDB, con sus habituales propuestas divertidas y arriesgadas para Bud Light, se atreviese. En casi todo juicio de marketing los potenciales inconvenientes superarían los beneficios.
Aún así, sigue pareciéndome, simple y llanamente, un hecho jodidamente divertido y tremendamente viral (vale, y controvertido). Causa-Efecto, Acción-Reacción.
Además, por encima de todo, creo que sirve de gran (y esperpéntica) lección práctica sobre cómo las generaciones más “naturalizadas” con la Red han perdido (o siguen perdiendo) muchas de las barrerras racionales y emocionales respecto a qué hacer y no hacer público de nosotros mismos (… o de nuestas hermanas), que los algo más viejunos sí solemos tener.
Vía: un gran amigo y creativo que se me va a las Américas, a recuperar el amor y probar fortuna como mercenario de los titulares con ingenio. (Un brindis por tu sabia decisión, Victor. ¡Muchísima suerte Monsieur!)
A nadie asombrará a estas alturas (y si así es, vuelvo a recomendar Outliers) que señale que una buena parte de la genialidad aparentemente “natural” que desarrollan las grandes figuras suele provenir de la combinación de un gran talento y, especialmente, de una cantidad acojonante de práctica (las ya famosas 10.000 horas).
Y nuestro admirado Steve Jobs, además de carisma, inteligencia y visión, lleva muchas batallas a sus espaldas, en las que ha ido configurando esa “natural” excepcionalidad que demuestra al presentar, con la que nos deja a todos aplaudiendo como críos entusiasmados.
Tiene más sentido que nunca el hablar de la información ubícua, del auge del consumidor crítico, analítico, receloso, racional e interconectado (gracias a la web social). Pero no es menos cierto, sino tal vez más, que las personas, los consumidores, siguen y seguirán necesitando que aquello que les hacemos llegar les interese, motive, emocione, implique, divierta, seduzca, sorprenda, incite a hablar de ello, que les haga soñar con cómo se sentirán, quiénes serán, qué obtendrán, y qué pensarán los demás una vez tengan aquello que les ofrecemos en sus manos.
Y hagámoslo con creatividad, con buenas historias. Nuestra atención clama por ellas, especialmente cuanto menos tiempos tenemos y más se acelera nuestro ritmo de vida.
Las crisis vienen y van, las exigencias se adaptan, los formatos cambian y las tecnologías evolucionan, pero, abranzando el contexto, no perdamos ni desterremos aún más aquello que mejor sabemos hacer.
No es la primera vez, ni muchos menos será la última, que se demuestra aquello de que en la Red son los usuarios (más avanzados) quienes acaban por encontrar formas de sacar provecho a las plataformas tecnológicas, incluso antes que sus creadores/desarrolladores.
En este caso es el Huffington Post quien parece tomar la avanzadilla en la carrera por convertir en $ la atención que genera Twitter introduciendo publicidad específica en sus feeds.
Como empresa 2.0 que es, innovadora y nativa del mundo digital, que comprende el valor y utilidad que para los usuarios tiene la red social del pajarito, pretende guiar a sus anunciantes para que no generen ruido ni distorsionen las conversaciones, sino que aporten información y valor añadido a los temas tratados en cada momento.
Este es el blog de Daniel Muro.
Un espacio abierto a la charla sobre marketing, publicidad, marcas, account planning, internet, inventiva, creatividad, innovación, comunicación, ciencia, pensamiento 2.0, diseño, política... y un sin fin más de las numerosas facetas del ingenio humano.
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